Los estudios indican que en las elecciones las mujeres son más abstencionistas que los hombres. Si contamos que la población electoral femenina es casi 2 puntos mayor que la masculina la pérdida de esos votos es mucho más importante de lo que se destaca. Y ciertamente no parece que los partidos se hallen preocupados por este desinterés del colectivo femenino hacia el procedimiento en que se determina el destino del país.

No pretendo que los dirigentes políticos sean feministas, ni siquiera que tengan sensibilidad y compasión humana por las desgracias femeninas, pero sí supongo que les importa aumentar el número de sus votantes, aunque sólo sean mujeres, ya que desde hace tiempo su voto vale igual que el de los hombres.  Pero tanto por el contenido de los programas de los partidos, como por mi propia experiencia, en mi relación con ellos, larga y cotidiana, constato que la mayoría de los dirigentes de los partidos no se interesan por atraer el voto femenino.

El PP cuenta con la masa de fieles que siguen la doctrina de la Iglesia y asume los planteamientos de la derecha tradicional. Con ello parece bastarle, puesto que los temas más importantes para la salud y la felicidad de las mujeres no están en su programa o por el contrario se insertan con propuestas que van en contra de la libertad y la igualdad. Pero en las últimas elecciones perdieron 4 millones de votos, sin que ningún responsable ni comentarista se preocupara de saber cuantos de ellos eran de mujeres. En los discursos públicos de sus dirigentes, la mayoría hombres por supuesto -pero tampoco ni Cospedal, Aguirre, Mato, Ana Pastor-, jamás hacen referencia a la violencia que bate al colectivo femenino, con sus manifestaciones de feminicidios, malos tratos, violaciones, acoso sexual en el trabajo, en la escuela, en la calle, ni a la igualdad salarial entre mujeres y hombres y la enorme brecha salarial que separa a las pensiones femeninas de las masculinas ni a la minúscula participación de aquellas en la política, la economía, la cultura. Temas todos estos que no contradicen su ideario, como sería el aborto. Sin embargo parece que nunca se han preocupado de averiguar si ese desdén que muestran por los “temas de mujeres” puede haber influido en su descenso de aceptación social.

Si observamos Ciudadanos, lo que menos le importa es que les voten las mujeres. Con sus declaraciones sobre las denuncias falsas de violencia, protagonizadas por el flamante diputado Toni Cantó; su propósito de modificar la Ley de Violencia de Género para beneficiar a los hombres, su programa de legalización de la prostitución y de los vientres de alquiler, y, por supuesto, su absoluto olvido de los temas económicos que las conciernen diríase que es un partido de la derecha musulmana.

El PSOE, inmerso en su drama shakesperiano de ser o no ser, desde hace años no hace mención alguna de sus propósitos respecto a mejorar la condición femenina. Ni los barones que protagonizan las polémicas públicas y notorias que se han producido en este convulso año ni la afamada baronesa Susana Díaz, que sólo gobierna para los andaluces, puesto que jamás menciona semejantes temas ni habla en femenino.

Pero sin duda la gran decepción la protagoniza Podemos, cuya indiferencia hacia el colectivo femenino es evidente. El análisis de los últimos comicios decía que las mujeres tampoco se decantaban por Podemos, a pesar de ser la formación política más reciente. Los estudios afirman que los jóvenes votan en mayor proporción a Unidos Podemos, pero las mujeres se muestran mucho más remisas. Es evidente que en ese partido no solamente apenas hay dirigentes mujeres con protagonismo real sino que el discurso feminista está ausente o pervertido.

Beatriz Gimeno, en un artículo muy confuso, según el estilo que caracteriza a esa formación, afirmaba recientemente que Podemos era feminista, pero también se quejaba de que no se notaba en la sociedad, sin que añadiera cuáles eran los propósitos y los objetivos a alcanzar para remediar semejante carencia.

Preguntada Carolina Bescansa hace unos días en la radio a qué atribuía que las mujeres no votaran a su partido, y Bescansa, que es profesora de Metodología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense y Secretaria de Análisis Político y Social de Podemos, fue incapaz de explicar cuáles eran las causas a qué atribuía el fenómeno, ni aún menos qué remedios pensaba aplicar. Lo que parecía bastante claro era que no le importaba gran cosa. La variante de género, como lo denominaba, tenía para ella la misma importancia que la de edad, pero mientras los jóvenes se decantan por su partido las mujeres lo ignoran.

Lo que no es de extrañar, cuando los temas que afectan fundamentalmente a las mujeres están ausentes de los discursos, de las entrevistas y de los debates que protagonizan los dirigentes de Podemos, tanto los hombres –siempre más- como las mujeres. A pesar de que en este momento, como el PSOE, se halla inmerso en un debate fundamental para su supervivencia. Pero sus protagonistas no confían en que sea el feminismo, precisamente, el que decante el futuro de la formación. Incluso en los tiempos iniciales Carolina Bescansa afirmó que el aborto no era un tema interesante porque no era determinante para ganar el poder político. No sé si hoy lo ratificaría, pero lo indudable es que la reivindicación fundamental de las mujeres del siglo XX, el derecho a disponer del propio cuerpo y de su capacidad reproductora, no le preocupa.

Del mismo modo que la única solución que ese partido tiene para la violencia machista es habitacional. Es decir que se les proporcione una vivienda a las víctimas, sin más, desconociendo las reformas imprescindibles para garantizar su seguridad: modificación de la Ley de Violencia, formación del personal de los cuerpos de seguridad del Estado y de la Administración de Justicia, protección judicial a las víctimas, subvenciones económicas, etc. Toda la lista de reivindicaciones que por el Partido Feminista y el Movimiento Feminista venimos planteando desde hace diez años. Aunque lo peor es la deriva antifeminista de ese partido cuando se manifiesta dispuesto a legalizar la prostitución y los vientres de alquiler.

El problema que nos acucia es que Izquierda Unida se ha coaligado con esa formación, y si bien su programa es auténticamente feminista, como así lo planteamos en las asambleas en que se aprobó antes de las elecciones, no sabemos en qué medida esa alianza va a hace tambalearse las convicciones feministas de los dirigentes o en todo caso, se van a ver presionados por el mayor peso de Podemos. Porque en las presentaciones públicas de los políticos de IU los temas que son fundamentales para las mujeres no tienen el protagonismo que se merecen. Como así tampoco se han preocupado de que las feministas tengan presencia en las instituciones.

Era profética la declaración del MF de los años 70 de que el “futuro será feminista o no será”. La prueba está en que como no hemos llegado a construir la sociedad feminista que necesitamos, este presente es la mierda que es.

 

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