Por todos es conocida la metáfora de “vaso medio lleno – vaso medio vacío”. Hablamos de personas negativas o pesimistas al referirnos a aquellas que, al ser preguntadas, responden que lo ven “medio vacío”; y de personas positivas u optimistas cuando refieren que lo ven “medio lleno”. Este fenómeno, en Psicología, tiene su propio nombre: Sesgo cognitivo.

Recibimos millones de estímulos que el cerebro tiene que procesar y dar sentido. Pero nuestro cerebro no puede procesar toda esa información, por lo que va “rellenando” los huecos con información que ya tiene almacenada y que sirve para dar sentido a todo el conjunto. De esta manera, podemos decir que la información que nos llega se encuentra sesgada.

Cuando hablamos de SESGO vamos a referirnos, por definición, a un “efecto psicológico que produce una desviación en el procesamiento de lo percibido” que provoca distorsiones o errores en lo que interpretamos, ya que no se dispone de toda la información. Este efecto, como se ha dicho con anterioridad, tiene la finalidad de hacer razonable o creíble el conjunto de lo percibido.

El único objetivo de estos sesgos es ayudar a la persona a que se adapte de forma más fácil a un entorno tan cambiante como es en el que nos desarrollamos, ya que si procesáramos toda la información que nos llega acabaríamos paralizados.

Hay numerosos sesgos que nos ayudan a ser seres adaptados, pero no todos son adaptativos y nos ayudan a estar bien. De hecho, los sesgos son la principal fuente de malestar emocional.

En la imagen que os dejo a continuación, podéis ver cómo al personaje le llegan más informaciones positivas (“¡Eres fantástico!”, “¡Brillante!”, “Eres un tío estupendo”,…) que negativas; sin embargo, al final del día acaba recordando sólo “En ocasiones puedes ser un capullo”.

En numerosas ocasiones habremos llegado a sentirnos como el personaje de la viñeta de Deathbulge. Hay veces que le damos una especial importancia a una parte minúscula de todas esas informaciones que nos llegan, siendo esa parte la que nos acompaña y nos hace formarnos una opinión de nosotros mismos.

Este es el sesgo de la atención selectiva.

Dicho sesgo se va a ver influido por multitud de factores, como la autoestima. Así, las personas con una autoestima baja (como el personaje de la viñeta) van a tender a fijarse principalmente en los aspectos negativos, aun cuando haya un mayor número de aspectos positivos. Por el contrario, las personas con una autoestima alta, atienden más a los aspectos positivos.

En las personas que padecen depresión o ansiedad este sesgo juega un papel fundamental y contribuye a que los síntomas se vayan agravando, ya que la atención se centra casi únicamente en los aspectos negativos.

Pero el sesgo de la atención selectiva va más allá. Cuando queremos algo, por ejemplo, un móvil de última generación, comenzamos a ver el modelo que queremos en todas partes, vemos más anuncios, más gente que lo tiene, etc… Con toda probabilidad todo eso que ahora percibimos ya estaba ahí, ya era así antes; lo que cambia ahora es que atendemos más a esos estímulos y somos capaces de identificarlos con más precisión cuando aparecen.

Igual ocurre cuando se está planeando una boda, una comunión, nos compramos un coche,…

Con ello, lo que conseguimos es un mayor sentimiento de adaptación. Vemos que seguimos la norma y que pertenecemos a un conjunto. Y es que no hay que olvidar que el ser humano es un ser social.

Es prácticamente imposible desechar estos sesgos, ya que funcionan de manera inconsciente. Sin embargo, podemos usar autoverbalizaciones positivas, es decir, ser nosotros mismos quienes nos digamos lo bueno que hemos hecho y lo buenos que somos. Ello, de forma paulatina, nos irá ayudando a reforzar nuestra autoestima y cambiar la forma en la que nos vemos.

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1 Comentario

  1. En otro artículo podría hablar de eso de las “autoverbalizaciones positivas”, por dar alguna idea y porque creo que muy claro no ha quedado.

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