Hay tanto de lo que hablar sobre esta obra maestra absoluta que hace de lo mínimo lo máximo que cualquier acumulación de palabras puede parecer superflua ante tanta genialidad. Es preferible el silencio y decir que Me llamo Lucy Barton (Duomo Ediciones) es una obra maestra sin parecerlo, un libro que te susurra al oído cosas maravillosas sin pretenderlo, que emociona sin buscarlo, que hace que nos sintamos privilegiados de poder amar la literatura con novelas como esta de Elizabeth Strout, que con esta quinta novela se sienta ya sin discusión entre los grandes absolutos de la literatura anglosajona, si no lo ha hecho antes ya después de obtener en 2009 el Pulitzer por Olive Kitteridge.

¿Y por qué es tan admirable? Pues sencillamente porque nos enseña el valor de poder decir “Mami” sin esperar un guiño como respuesta ni tampoco por supuesto un “te quiero” complice. Porque poder gritar “¡Mami!”a secas conlleva todo el misterio, los misterios, que una madre y una hija guardan entre sí. En ese terreno insondable que esconde cualquier relación maternofilial halla esta estremecedora novela su piedra filosofal. Porque este vínculo misterioso, intangible, inexplicable muchas veces, que se cuenta en Me llamo Lucy Barton es mucho más que un sentido y visceral homenaje al siempre difícil vínculo entre madre e hija.

Strout ha hecho magia con esta novela porque ha sabido susurrar cosas muy importantes para los lazos familiares apenas sobrevolando sobre ellos, susurrándolos a los lectores,        que con muchos silencios y situaciones cotidianas entreveradas transmite autenticidad y cercanía.

Cuando gritar “¡Mami!” es mucho más que decirle “te quiero” y un silencio añadido significa “te quiero” sin ni siquiera tener que gritarle “¡Mami!”. He aquí el misterio de Me llamo Lucy Barton, una obra maestra absoluta.


Me llamo Lucy Barton

Elizabeth Strout

Duomo Ediciones

224 páginas

16,80 €

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