Lleva una semana “hablando sin parar con medios de comunicación” y está cansado de repetir siempre lo mismo. Hace 40 años que no le mataron. El 24 de enero de 1977 le pegaron cinco tiros. Un boli que paró la bala y el cuerpo de su amigo Enrique Valdevira, cadáver sobre él, impidieron que el remate subiera de las piernas. De la matanza de Atocha, Alejandro Ruiz-Huerta es el último que queda vivo. El martes se cumplen 40 años. Ruiz-Huerta está cansado de repetir, y sin embargo: El 24 de enero de 1977 tres jóvenes de extrema derecha entraron en el 55 de la calle Atocha de Madrid y dispararon a los abogados laboralistas que, pasadas las 22.30h, quedaban dentro. Cinco murieron. Los nombres de los asesinos: José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. Ruiz-Huerta, hoy profesor de Derecho Constitucional, todavía recuerda el silencio avasallador en el entierro. Y todavía tiene miedo.

 

Tras 40 años, hay quien piensa que han cambiado poco las cosas.

Creo que han cambiado más cosas de las que parece. Otra cosa distinta es que lo de Atocha se recuerde como una memoria incómoda para todos, algo que ya la vamos poniendo en nuestro pasado y por tanto en nuestro futuro. Porque hasta ahora, nos ha hecho caso gente muy puntual. Pero creo que las cosas han cambiado un poco más de lo que parece.

 

En Alicante, a petición del PP, un juez manda reponer las placas del callejero franquista. ¿Se imagina a un señor en 2017 colocando una a José Antonio?

Pues no me lo imagino, no. Sería un escándalo tremendo, aparte de ser ilegal. Realmente no entiendo qué está pasando. Ya sé que está pasando algo. En Casasimarro sucede tres cuartos de los mismo. Un alcalde se ha negado a poner una placa a Angel Rodríguez [uno de los asesinados nacido en dicha localidad conquense] en el parque del pueblo.

Una de las claves de la Transición está en el entierro de Atocha

 

¿Qué permanece del tiempo de la Transición?

Aparte de tics franquistas y prácticamente fascistas, por nuestra parte una voluntad manifiesta de extender la memoria de Atocha. Lo llevamos haciendo desde hace más de 20 años. A base de escribir, de juntar a la gente, de hablar, de trabajar en Comisiones Obreras por la memoria, y también en muchos colegios e institutos de España donde yo voy todos los años a trabajar, tanto por la Constitución como por la historia de Atocha, que es también la historia de la Transición. Una de las claves de la Transición está en el entierro de Atocha, el 26 de enero, donde en un silencio total se pretendió romper con el bucle de la violencia. Yo creo que permanece la voluntad de que entre todos sigamos construyendo una democracia, a pesar de que esto está muy mal. La democracia de mínimos que tenemos necesita cambios

 

¿Democracia de mínimos?

Democracia de mínimos quiere decir que esta es una democracia electoralmente descompuesta, desde mi punto de vista y desde siempre, y ya va siendo hora de que se cambie. Y políticamente, una democracia muy anclada en unas instituciones que deben funcionar de otra manera. Esto ya no lo digo solo como sobreviviente de Atocha, sino también como profesor de Derecho Constitucional desde hace muchos años. Desde esos dos puntos de vista, para mí esta es una democracia de mínimos. Por otro lado, porque tenemos una historia política como la que tenemos, con una dispersión de las alternativas de izquierda, con un partido extraño como el PP, que viene de Alianza Popular, y por tanto franquista, que es capaz de aglutinar a una extrema derecha que está dentro del partido. Esa relación de fuerzas hace que las cosas no cambien mucho.

Las elecciones no tienen nada que ver con las responsabilidades civiles, políticas y penales

 

Dice que el PP es “un partido extraño”. ¿Permitimos que transmita una herencia?

Claro, pero ¿qué quieres que te diga? Que transmita una herencia, que se le vote, que le vote la gente. O que la gente corrupta se sienta contenta cuando electoralmente se le apoya, lo cual significa hacer el ridículo con las elecciones. Las elecciones no tienen nada que ver con las responsabilidades civiles, políticas y penales. Pero claro, mientras sigamos votando como vota este país nuestro por una fuerza política desfasada y por unos líderes políticos que son muy extraños, seguiremos así, no podremos avanzar.

 

Ustedes empezaron una lucha que yo, viniendo de la siguiente generación, tengo la sensación de que quedó interrumpida. ¿Qué echa de menos porque no sucedió?

Hay dos cosas, desde el punto de vista político, que se echan de menos. Para empezar, la ruptura. Creo que entonces no se pudo hacer, y con la relación de fuerzas que ha ido evolucionando, sigo echándola de menos. Y eso a pesar de que creo en la Constitución, y trabajo todos los años con 200 alumnos de Derecho, creo en los valores de la Constitución, en sus contenidos, a pesar de que la tengan bloqueada desde ciertos puntos de vista. Aparte, echo de menos muchísimo, y trabajo por ello, la unidad de la izquierda. Creo que sigue siendo un reto imprescindible. A lo mejor es un sueño que somos incapaces de hacer realidad. He trabajado en Izquierda Unida, he trabajado en los últimos años en Ahora en Común, alternativas más abiertas que las izquierdas tradicionales de este país, y parece que es muy complicado. Creo que hay un exceso de populismo, en el mal sentido de la palabra. El populismo es bueno en el sentido de que pretende encontrar a los ciudadanos y ciudadanas de este país para trabajar conjuntamente, pero la verdad es que hay un populismo negativo que supone, entre otras cosas, la conversión de las realidades en un tuiteo absurdo.

echo de menos muchísimo la unidad de la izquierda

 

Entiendo que habla de Podemos.

Sí, por supuesto estoy hablando de Podemos, pero también de mucha gente de Ahora en Común y de otras alternativas políticas que se quedan muy cortas. Están encerradas en un planteamiento que no va a ningún lado. Por mucho que Podemos pueda crecer, tiene toda la maleza de los problemas entre la gente… Hay algunos planteamientos en la izquierda que yo no entiendo.

 

¿En esa izquierda que no entiende incluye al PSOE?

Sí, claro. Creo que hoy por hoy sigue siendo un partido transcendental en el encuentro de la izquierda.

 

¿Habría pensado que Manuela Carmena ocuparía, por ejemplo una alcaldía?

Es que me haces la pregunta de una manera que parece que das por supuesto que no. Me preguntas “¿habría pensado que…?”, como si no lo hubiera hecho, o dándolo por sentado. Por supuesto que sí. Manuela Carmena es una mujer con las ideas muy bien puestas en su cabeza. La Fundación Abogados de Atocha, que lleva a cabo, desarrolla y organiza Comisiones Obreras, trata de extender la memoria de Atocha. Por ejemplo, Manuela no está en el patronato de la Fundación. Pero por supuesto que siempre contemplé la posibilidad de que estuviese donde está.

Manuela Carmena es una mujer con las ideas muy bien puestas

 

Recuerdo que Esperanza Aguirre, al referirse a Carmena, declaró que venía de los abogados de Atocha como quien habla de algo malo.

Esos son los tics fascistas a los que me refería. Sucede a menudo. Pero ¿qué haces? ¿Dejar de ser alcaldesa de Madrid? ¿Dejar de hablar sobre la memoria de Atocha? Por eso insistimos, pero también reconozco que llegamos a unas minorías. Hoy he estado en Salamanca y me he puesto a hablar con jóvenes, hijos de sindicalistas de allí que tienen muy poco conocimiento, por desgracia, de lo de Atocha. Cuesta mucho llegar a las personas y a la juventud. Te lo digo yo que hablo de Atocha por lo menos con 500 personas todos los años, y ya no en plan de charla universitaria, sino también de otras maneras, haciéndonos preguntas.

 

¿Qué les dice?

Depende. Procuro acercarme lo más posible a ellos. Procuro siempre hablar de lo que significa Atocha en la historia. Tengo una doble personalidad. Por un lado, hablo de Atocha, porque sigo viviendo aquellos recuerdos como si hubiera sucedido hoy, cada vez que hay una violencia en el mundo lo vivo en mis propias carnes. Y a la vez necesito estar en la realidad actual y contactar con los jóvenes desde ese punto de vista. Hace 40 años, en este país, no nos dejaban ni siquiera pensar, ni reunirnos, y mucha gente nos jugamos la vida por la libertad, por la democracia, aunque fuese una cosa pequeña. Soy responsable. Noto que la gente ya no solo en Podemos, sino en muchos otros ámbitos, cuestiona esta democracia. He oído un discurso totalmente apocalíptico sobre esta democracia, hablando de “el régimen del 78”, para establecer una relación con el régimen de Franco. Es el discurso de Podemos, estoy harto de discutir con ellos al respecto, y tengo buenos amigos dentro. Procuro hablar desde los dos lados de nuestro mundo. La gente necesita saber datos sobre lo qué pasó la noche del 24 de enero hace 40 años. Se lo cuento lo mejor que sé. Quiero transmitir de verdad mi malestar, mi conmoción por lo de Atocha, y mi conmoción por lo que está pasando ahora, pero seguir adelante a pesar de todo.

Hace 40 años mucha gente nos jugamos la vida por la libertad, por la democracia

 

Es importante no dejar de contarlo.

Yo me he metido en esa opción desde hace bastantes años. De los cuatro sobrevivientes, a ninguno le apetecía hablar de Atocha. Siempre me han dejado a mí la palabra. Soy profesor y me cuesta menos hablar con la gente. A medida que ha pasado el tiempo, de los sobrevivientes he quedado yo. Repetir la misma historia una y otra vez es duro, sobre todo cuando hay medios que, en 40 años, nunca habían aparecido. Me cuesta trabajo repetir lo mismo, porque me parece absurdo. Además, porque, sobre todo en estos 2 últimos años, queremos saber más de la vida de los de Atocha, contarle a la gente cómo era la vida delos de Atocha.

 

¿Cómo era?

Era una vida con entusiasmo, con ilusión por las cosas. Contra el Franquismo y contra la falsa democracia que se pretendía establecer en este país antes del puñetero consenso, que también es un truco a lo mejor. Me cansa muchísimo repetir lo mismo. Pero luego parece que pasa rapidísimo el aniversario de Atocha. Hacemos concursos de narrativa para gente joven, para que se preocupen ya no de la historia de Atocha en sí, sino de los valores, una cosa tan poco de moda, que salen de ahí. Y nos vamos ilusionando porque empieza a haber gente joven muy interesada. Este año hemos tenido más de 40 textos de jóvenes que hablan de Atocha, del hambre, de los emigrantes buscando comida en los contenedores de basura…

 

¿Sigue teniendo miedo?

Sigo teniendo miedo, Sí.

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