Érase una vez una pareja de enamorados que con sus comportamientos, inevitablemente mediocres, quizá también execrables, intentaron engañar al amor.

El sol  iba abrasando sus cuerpos inocentes, ingenuos hasta el punto de seguir creyendo en su fraudulento amor.

Los cuerpos se quemaban, pero las almas tiritaban, heladas de frío, ellas veían crecer la muerte, la muerte del mutuo amor.
Los ángeles dormían.., el ángel de la guarda de ella, el ángel de la guarda de él.

Todo lo alado dormía: las gaviotas y los pelícanos del Caribe, también.

… todos dormían durante la tormenta.

Los sentimientos eran plomo
las quemaduras, hiel.
Los trovadores querían escapar..,
Los emperadores se quedaban a mirar…
Los dioses exclaman ¡ay, pobre cerebro orangután!

Una niña cantaba,
Un hombre soñaba.

¿Qué hacia la mar?
¿Ella? …, batir sus olas,
cuyo movimiento
la tormenta seguía con ojos de faisán.
Maderas en la orilla…,
Cuánto temor en mis pies…,
Los ángeles dormían… el ángel de la guarda de ella, el ángel de la guarda de él.

Anoche la luna no estaba llena, pero sentí tu cuerpo,
se llegaba a ver la oscuridad de las almas,
esperé.
Ave
Tinieblas
Luz en la ventana
Besar el miedo
y la traición también.

La luna esa noche…. no estaba llena.

El joven enamorado sufría
y soñaba,
destrozado corazón…

Pena
Cuánto me duele tu ausencia,
te siento… te quiero…, te amo
a pesar de la distancia.

Se puede vencer
la distancia,
a la distancia.
Vencer.
Las estrellas están junto a mí,
tú estás junto a mí.

Una constelación es tu cara
me sonríe.
Laten las estrellas al mismo ritmo
que nuestros corazones.
El viento lleva recados
entre nuestras dos almas.
Te amaré eternamente, loquita.
Aún en la distancia.

Siente que soy tuyo
No esperes a que llegue la noche,
El tiempo es eterno sin tu rostro ante mis ojos
… si yo fuera  tu música
mis dedos bailando en tu cuerpo de guitarra.

Soledad, hermosa anoche…,
te he tocado y te he sentido
mi mano,
tu mano.

Como  sangre o como nube errante,
por mi casa, de puntillas: oscuridad que sube,
oscuridad que baja,
corriste, centelleaste.

Corriste por mi casa de madera,
abriste sus ventanas
y sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llamada, no existiera.

Añoro tus infinitos mensajes,
tus deseos de buenos días al verme despertar,
tu buen humor,
tu mal humor.
Todo,
todo lo echo de menos.

No debo permitir que el miedo
llene el espacio
que llenabas tú.

Tú música,
la música que eras tú.
Sólo el mar, ahora, vence al silencio.

En el mar te escucho a ti.
En el mar está tu voz.
Gracias por permitir que pueda seguir escuchándote
por haberte convertido, para siempre,
en la música de mi corazón.

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