Nunca ha existido feeling entre los socialistas catalanes y el todopoderoso PSOE de Andalucía, nunca. Ambas federaciones de un mismo proyecto en común llegan a este 2016 exhaustas de fuerzas y sobre todo de ideas, con un órdago independentista de por medio y una nueva corriente política surgida de la indignación ciudadana de mayo de 2011. Y, paralelamente, ambas son fundamentales para dirimir quién se llevará finalmente el gato al agua en la pugna por la elección del nuevo secretario o secretaria general del PSOE. Eso será en el momento en que finalmente la gestora se decida a convocar el congreso extraordinario que abra un proceso de primarias.

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero logró, en 2008, una aplastante mayoría parlamentaria de 169 diputados, el empuje del PSC fue decisivo en la victoria. Los socialistas catalanes aportaron, con Carme Chacón a la cabeza, nada más y nada menos que 25 diputados. Ahora, las cosas han cambiado drásticamente.

Aquel voto urbano y joven que aportaba el PSC se ha diluido o virado directamente al proyecto de Podemos –u otras fuerzas asociadas a la formación morada–, que aboga por una consulta ciudadana sobre la independencia de Cataluña. Ese punto ha dejado al actual PSC de Miquel Iceta sin saber qué decir ante este órdago. Sin embargo, no es esta indecisión lo fundamental, sino los exiguos siete diputados que lo representan actualmente en el Congreso, los mismos que han votado no a la investidura de Rajoy mientras la amplia mayoría de sus compañeros se abstenía en una decisión histórica para el PSOE y el curso del país.

No obstante, y aunque sus 20 diputados superan con mucho los 7 del PSC, tras el 26J Susana Díaz tampoco queda en disposición de alardes. No solo por haber perdido nada menos que 77.651 votantes: Después de las últimas elecciones, el PSOE andaluz perdió la primera posición en Andalucía, a favor de un PP fortalecido.

 

Romper puentes

Lo anterior significa que el PSOE de Pedro Sánchez ha perdido de una tacada todo el peso que las agrupaciones de Cataluña y Euskadi mantenían, aunque la sangría de votos de los socialistas en los últimos años no ha entendido de territorios. El deterioro ha sido una constante en todo el país. Tampoco Susana Díaz ha podido frenar esta caída en picado de respaldos ciudadanos, y también Andalucía ha dejado de ser ese fortín inexpugnable del felipismo.

Los socialistas andaluces han abogado ya abiertamente –y sobre todo después del desacato de sus compañeros catalanes al mandato del último comité federal por la abstención– por dejar caer al PSC. Su peso en el actual panorama político, como se ha explicado, es cada vez más irrelevante, tanto en la carrera de San Jerónimo como en el Parlament catalán. Así, el PSOE de Susana Díaz mataría dos pájaros de un tiro: dejar a Pedro Sánchez sin el apoyo con el que cuenta en Cataluña y, de paso, dejar sin efecto cualquier puente de entendimiento con el fenómeno independentista resurgido prácticamente con la crisis económica más brutal de la historia reciente de este país.

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1 Comentario

  1. Es interesante que el PSOE en su momento de mayor debilidad y despues de perder cinco o seis millones de votos solo piense en echar a más gente, en lugar de atraer a los que se han ido.

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