No es Pedro Sánchez quien lo ha dicho públicamente porque guarda absoluto mutismo respecto a posibles pactos postelectorales, pero sí su coordinador económico, Jordi Sevilla, que ha vuelto a insistir una vez más en la idea de dejar gobernar a la formación política que logre más apoyos parlamentarios tras la cita del próximo 26-J, que no quiere decir forzosamente que tenga que ser la más votada, aunque en estos momentos la única posibilidad pasaría por la abstención socialista si Ciudadanos apoya un gobierno del Partido Popular en caso de ser este el partido más votado.

Esta vez vía Twitter, Sevilla apunta que “para evitar terceras elecciones, si no hay mayorías, debería dejarse gobernar al candidato que consiga mayor apoyo parlamentario”. Con esta estrategia, Ferraz pretende facilitar con la abstención del PSOE un gobierno del Partido Popular con Ciudadanos, en caso de que el partido de Albert Rivera acceda a investir presidente a Mariano Rajoy, circunstancia esta a la que sigue negándose en redondo públicamente. Sevilla, sin decirlo explícitamente, también abre la posibilidad de que el PSOE pueda apoyar a Unidos Podemos en caso de certificarse el ‘sorpasso’ que avanzan las encuestas, ya que esta suma daría más escaños previsiblemente que la de PP más Ciudadanos.

Poco después de subir esta afirmación a la conocida red social, el director económico socialista añade en otro tuit: “Me preocupan aquellos que critican dejar gobernar al candidato más votado en el parlamento. ¿Qué quieren? ¿Que gobierne el que obtenga menos votos?” Esta afirmación contrasta con el intento de Pedro Sánchez de intentar formar gobierno en la anterior legislatura pese a no haber sido el partido más votado y aun sabiendo que no contaba con los apoyos necesarios para ser investido presidente, algo que se certificó finalmente con el no de populares y Podemos, entre otras formaciones parlamentarias.

Lo que sí queda meridianamente claro con esta estrategia de posibles pactos postelectorales del PSOE es que Ferraz contempla el escenario menos doloroso para sus intereses partidistas en caso de revés electoral, ya que de este modo descargan cualquier posibilidad de intentar formar gobierno como sí hizo Sánchez tras el 20-D y trasladan la responsabilidad directamente a Mariano Rajoy, que ya se echó a un lado tras las consultas del jefe del Estado pese a ser el candidato más votado, aunque sin apoyos suficientes en el parlamento.

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