En estos tiempos turbulentos que está viviendo el Partido Socialista gracias a la nefasta gestión de su secretario general nos encontramos con un fenómeno que ya está rozando, cuando menos, lo absurdo. Tal vez la cosa sea mucho más grave y estemos hablando de sectarismo en su sentido más absoluto. El «pedrismo» está llegando a unos niveles que le acercan peligrosamente a los adoradores de Krishna o a los tronados de la Cienciología. Se crean grupos de apoyo a Pedro Sánchez en redes sociales. Incluso se han llegado a organizar manifestaciones en las que no más de dos docenas de militantes socialistas han sacado pancartas en defensa de Sánchez. Todo muy ridículo, muy absurdo, todo muy berlanguiano. ¿Acaso el actual secretario general del PSOE está siendo víctima de algo que no sea de su propia inoperancia?

Se crean grupos de apoyo a Pedro Sánchez en redes sociales

Hasta ahora siempre he pensado que la actitud de los «pedristas» estaba provocada por la buena fe de quien piensa que la lealtad se basa en el apoyo incondicional al líder. Sin embargo, a medida que pasan los días estoy más convencido de que hay algo más peligroso en este comportamiento fanático y es el sectarismo que están demostrando. Cada comentario crítico que se haga es respondido con una defensa sin más argumentos que los lemas lanzados por Ferraz y por la Ejecutiva, algo similar a lo que hicieron los ministros, los dirigentes o los militantes del Partido Popular cuando defendían los recortes usando las palabras del argumentario creado desde el departamento de comunicación de Génova.

Para entender al sector «pedrista» de la militancia del PSOE hay que hacer verdaderas piruetas mentales. La realidad es que son el verdadero reflejo de a quien siguen y defienden. En estos meses que han pasado desde las elecciones del 20D, los comicios de los «resultados históricos» en los que el Partido Socialista obtuvo unos históricos 90 escaños y en los que en la circunscripción en la que Pedro Sánchez encabezaba la papeleta quedó cuarta fuerza política los «pedristas» apoyaron y defendieron como verdaderos fanáticos que el PSOE prefiriera pactar con las «Nuevas Generaciones del PP» (tal y como denominó Sánchez a Ciudadanos) antes de explorar la vía propuesta por Podemos. Tras un nuevo fracaso de Sánchez y la convocatoria de nuevas elecciones se convirtieron en altavoz de la «matraca» de Ferraz culpando a Pablo Manuel Iglesias de que no hubiera sido posible la formación de gobierno en el mes de marzo olvidándose que lo que proponían Sánchez y Rivera era que Podemos se aliara sin condiciones con ellos, cosa que de forma coherente los del partido morado se negaron a aceptar. Es cierto que Iglesias también tuvo su responsabilidad al dar por hecho cosas que ni siquiera se habían negociado o con su actitud obstruccionista. Pero no tuvo toda la culpa y el «pacto de la vergüenza» fue el principal responsable de la repetición electoral. Tras el 26J, cuando el secretario general y candidato socialista volvió a superarse a sí mismo con la magnitud de su fracaso al romper un nuevo suelo electoral, lo único que alegaron los «pedristas» fue que al menos no se había producido el «sorpasso». Lo ocurrido hasta el día de hoy ya lo conocemos con su defensa a ultranza del NO a la investidura de Rajoy.

lo único que alegaron los «pedristas» fue que al menos no se había producido el «sorpasso»

En realidad, el «pedrismo» es una consecuencia del autoritarismo y del personalismo impuesto por Pedro Sánchez y su Ejecutiva en el PSOE. La historia nos demuestra que el culto a la personalidad suele derivar en la creación de grupos fanáticos que defenderán al líder haga lo que haga. En los dos años que lleva Sánchez como secretario general los «pedristas» han criticado una cosa y defendido lo contrario al mismo ritmo con que el líder caía en la incoherencia. Hemos visto cómo defendían la democracia interna y el respeto de la voz de la militancia pero aplaudieron cuando desde Ferraz se intervinieron de forma autoritaria federaciones y agrupaciones porque los resultados de las primarias, cuando los socialistas decidieron no apoyar a quien querían desde la Ejecutiva. Los «pedristas» criticaron a Ciudadanos y tildaron a la formación naranja de heredera de la Falange y meses después defendieron el «pacto de la vergüenza» que Sánchez firmó con Rivera para ser investido presidente «por responsabilidad». Los «pedristas» han adoptado como enemigo número uno a Podemos pero aplaudieron a Pablo Manuel Iglesias cuando apoyó a gobiernos autonómicos y municipales. Son tantas las incoherencias del «pedrismo» que se podría escribir un libro, pero la mayor es la que viene a continuación. En realidad, el «pedrismo» es un reflejo del líder al que adoran.

Como decimos, la mayor incoherencia la tenemos en la actualidad con su defensa a ultranza del «NO es NO». Es cierto que defender la actitud de Pedro Sánchez de no apoyar a Rajoy en su investidura es lo más lógico del mundo y que el PSOE no se abstenga o vote a favor del candidato conservador es lo más lógico. Sin embargo, lo que no es lógico es el modo en que lo están defendiendo o la estrategia de negación sin argumentos que han seguido desde Ferraz. Por tanto, los «pedristas» han seguido sin plantearse nada la estrategia marcada por su líder y atacan sin piedad a quien sí que lo hace, sea dirigente socialista, sea militante o sea votante. Realmente, lo que están planteando es el NO por respuesta sin pensar en las consecuencias: Pedro Sánchez y los «pedristas» dicen NO al PP, lo que es lógico, dicen NO a Podemos y a pactar con los nacionalistas/independentistas, dicen NO a las terceras elecciones. Algo falla en ese planteamiento, del mismo modo en que todo falla en el PSOE desde que Sánchez es secretario general. Decir NO a todo lleva irremediablemente a unas terceras elecciones. El «pedrismo» afirma que si hay que llegar a una tercera convocatoria electoral se llega porque piensan que de ese modo su líder logrará unos mejores resultados cuando, en realidad, el votante socialista culpará a Sánchez de tener que ir a votar en diciembre. Los «pedristas» insultan sin piedad a quienes han planteado diferentes estrategias en las que el PSOE tomara la iniciativa. Han insultado a quienes han defendido la abstención sin nada a cambio por responsabilidad de Estado. Quien les escribe tampoco está de acuerdo con esta opción pero no ha llegado al insulto. También han atacado de manera inmisericorde a quienes han planteado la presentación de una serie de condiciones basadas en el Programa Electoral socialista para poder abstenerse, condiciones que el PP rechazaría de plano y que dejarían la responsabilidad del voto negativo en el tejado de Rajoy y de este modo hacer responsable al PP de una más que posible convocatoria electoral. Por otro lado, los «pedristas» aceptan el hecho de que la estrategia de Sánchez no es otra que la de mantenerse al frente del PSOE a costa de que sea sin cuestionarse nada, sin cuestionarse que está vulnerando los tiempos orgánicos y que está yendo en contra de los Estatutos.

los «pedristas» dicen NO al PP, lo que es lógico, dicen NO a Podemos y a pactar con los nacionalistas/independentistas, dicen NO a las terceras elecciones

Otro aspecto del NO de los «pedristas» es el apoyo a que no se respeten las decisiones del Comité Federal. Ya les comenté en otro artículo lo que me comentó uno de ellos cuando me confirmó que si había que pactar con los independentistas o con la izquierda abertzale para que Sánchez fuera presidente se hacía y se convocaba un referéndum para validar ese acuerdo para desautorizar al Comité. Si en la reunión en la que Rajoy presentará a Pedro Sánchez su acuerdo con Ciudadanos el secretario general socialista anunciara la abstención del PSOE porque le parece bien el pacto entre el PP y C’s no tengan ninguna duda de que el «pedrismo» saldrá para defender esta decisión a pesar de que llevan apoyando el «NO es NO» desde el 27 de junio.

Los «pedristas» piensan que ellos son la voz de la militancia cuando en realidad no son más que una escisión, un cisma, dentro de los socialistas. Como cualquier régimen autoritario basa su poder en la división de sus seguidores y en las medidas coercitivas. Es tal su fanatismo que en ocasiones llegan al ridículo afirmando lo que sea con tal de defender a Pedro Sánchez. El fanatismo suele llevar al sectarismo y el socialismo no es eso.

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