Rajoy-Rivera-Patriotas
Rajoy-Rivera-Patriotas

A Rajoy se le ha llenado la boca diciendo que por el bien de España y de los españoles no se podían convocar nuevas elecciones generales y que, para evitarlas, lo que debían hacer las demás fuerzas políticas era respaldar por activa o por pasiva su investidura presidencial. Algo que él no hizo cuando Pedro Sánchez recibió el legítimo encargo regio de intentar formar gobierno tras la espantada del propio presidente en funciones, sin tener entonces el comportamiento ‘patriótico’ que después ha exigido a los demás.

Y, por su parte, Rivera también ha proclamado de forma insistente que su apoyo a la investidura de Rajoy se basaba en la misma actitud de servicio a los españoles. Pero claro está que pensando en unos españoles distintos a los que poco antes había intentado servir de forma contraria, procurando la investidura del socialista Sánchez, porque como es obvio todos ellos no tienen las mismas preferencias políticas…

No importa. Ambos -Rajoy y Rivera- pueden decir misa y alardear de ser los únicos o los más patriotas del país. Se comportan así con la petulante soberbia del girasol, que en permanente mirada hacia el sol, centro del sistema planetario, ignora todo lo que se sitúa a sus lados y su espalda, en los 359 grados restantes de su alrededor.

Patriota es, simplemente, quien ama a su patria y, por ello, procura su bien. Pero a partir de esa sencilla caracterización, cualquier intento de identificar el sentimiento patriótico (y las conductas derivadas) con posiciones políticas concretas, exclusivas o excluyentes, está realmente fuera de lugar.

Más allá de la disposición mental que vincula a un ser humano con su tierra natal o adoptiva, a la que se siente ligado por unos determinados valores, afectos, cultura e historia, que es la base del patriotismo, los excesos injustificados de esa actitud se convierten de hecho en patrioterismo (o en ‘chovinismo’ al decir de los franceses) y hasta en nacionalismo exaltado o imperialismo puro y duro. Cuidado, pues, con aquellos partidos políticos que se proclaman súper patriotas, y más todavía si lo hacen reservándose el copyright nacional.

Porque, ¿quiénes son Mariano Rajoy y Albert Rivera para repartir títulos de patriotismo sólo a los que comulguen con sus intereses políticos de coyuntura…? ¿Y por qué han de descalificar como ‘antipatriotas’ -o de forma implícita contrarios al servir a España- al 53,6% del electorado que el 26-J optó por votar otras opciones distintas a las suyas, siendo tan libres y demócratas como el que más para hacerlo o no hacerlo…?

Allá cada cual con la fácil proclama del ‘conmigo o contra mí’. Pero de eso a acusar de falta de patriotismo a quienes no han querido apoyar la investidura presidencial de Rajoy, va mucho trecho. ¿Y es que acaso el propio Rivera traicionó a la patria cuando tras el 20-D apoyó a Pedro Sánchez en su misma aspiración de alcanzar también la presidencia del Gobierno…?

Pero ahí no queda la cosa. En el juego electoral del PP y Ciudadanos y en sus posteriores maniobras para forzar la investidura presidencial de Rajoy, estas formaciones políticas ‘patrioteras’ también acuñaron el término ‘enemigos de España’ en contra de los partidos que siempre hemos llamado ‘nacionalistas’. Es más, ambas se erigieron de la noche a la mañana en fuerzas ‘constitucionalistas’ señalando así al resto como ‘inconstitucionales’.

Sea como fuere, por esa vía descalificadora del adversario político Rajoy y Rivera no andan por buen camino: de hecho han sido vapuleados en el debate de investidura por los nueve partidos restantes que, al margen de CC, les acaban de cerrar su patriótica bocaza a base de escaños y votos. Eso sí, quedando retratados ambos en el viejo estilo de ‘las dos Españas’ advertidas por Antonio Machado que tanto daño nos ha hecho, e impidiendo que progrese la ‘Tercera España’ del entendimiento y la concordia, añorada por gente como Madariaga, Ortega y Gasset, Sánchez Albornoz…, que es la que cualquier demócrata y patriota de verdad debería procurar.

Hay veces que uno se tiene que tragar sus propias palabras por mucha acidez de estómago que produzcan; pero eso puede engrandecer a quien tengan la humildad de hacerlo, porque errar es de humanos y rectificar las equivocaciones cosa de hombres sabios. ¿Recuerdan aquel ‘lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir’ del rey Juan Carlos…? ¿Es que no le reconcilió con la gran mayoría de quienes entonces le criticaban…?

Rajoy y Rivera: ¡Vaya par de ‘patriotas’! Habría que verlos defendiendo a España en la primera línea de fuego de un campo de batalla, y a cuántos o quiénes tenían detrás de ellos.

Ambos deberían ser más cuidadosos con esas falsas atribuciones de servicio a España (puro patrioterismo), porque ofenden a todos los españoles que, distanciados legítimamente de su política, sienten verdadero amor por su patria y la sirven con fidelidad. Hiriendo sobre todo la memoria de quienes, con otras creencias políticas, dieron su vida por defenderla.

El respeto a los héroes de la patria, que son sus mejores hijos, debe hacer más comedidos a los políticos lenguaraces siempre capaces de vender a su madre por un puñado de votos. La historia nos enseña que ellos suelen ser los más cobardes y traidores.

En las próximas elecciones veremos si Rajoy y Rivera vuelven al colmo de apropiarse del sentimiento patriótico y de acusar de ‘enemigos de España’ a los nacionalistas vascos y catalanes, sólo para robar los votos de la gente más ingenua y bien intencionada que de verdad cree en él. De momento, se han quedado a las puertas de La Moncloa, marcados ante el electorado por un lenguaje mentiroso, de políticos mercachifles incapaces de comprender y arreglar los auténticos problemas del país; y eso que el joven Rivera va por la vida -ahí es nada- de chico limpio y adalid de la ‘nueva política’.

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