El sábado estuve en el Casar de Cáceres. Como cada año homenajeábamos a los represaliados por el franquismo en la localidad. El acto sirvió para hacerlo extensivo al resto de desaparecidos físicamente, pero no en nuestra memoria. Frente a los que reclaman el silencio, nos van a seguir teniendo muy presentes.

Ante el ruido que algunos quieren hacer con la simbología del funesto régimen, es el momento de perder los complejos. De no distraernos. De reclamar, no sólo que se cumpla la Ley, sino que no sea malinterpretarda para distraer la atención. La norma señala claramente que hay que eliminar todos aquellos vestigios que exalten la Dictadura. Pues eso.

Ahora bien, la izquierda y los socialistas, por la responsabilidad que nos corresponde, no podemos evitar priorizar otros elementos, a mi juicio, mucho más destacados: por un lado, impulsar una campaña para que no quede ni una persona más en una fosa común, oculta en una cuneta, vertida en un barranco, sumida en una mina.

Tenemos que eliminar la imagen, de no hace tanto tiempo, de aquellas señoras mayores, que se reunían en las afueras de muchos de nuestros pueblos, a rezar, a charlar o a poner flores a sus muertos. Cuando algunos se preguntaban qué hacían allí, en medio del campo, la razón era evidente: sabían que allí reposaban los restos de sus padres, sus hermanos, sus maridos, sus novios,… Pero no podían decirlo en público. Vivían en la época, como diría el poeta Fermín Herrero, de la denominada “cáscara amarga”. Sí, esa gran desconocida.

En segundo lugar, otro de los pilares en los que tenemos que centrar nuestra atención los defensores de la Memoria es en la educación. No es banal ver recurrentemente reportajes en televisión donde se entrevista a adolescentes (muchos ya en etapas universitarias), que muestran su desconocimiento sobre nuestra Historia más reciente. Esa es la razón, por la que tenemos que conseguir que los currículos educativos refuercen la presencia de temas donde se aluda a valores como la Democracia, el pluripartidismo, la importancia de la presencia de la mujer en la vida pública, la tolerancia,… todos ellos denostados por la figura del sangriento Dictador.

Así pues, y retomando el comienzo del artículo, queda bien claro que el pasado le está reclamando algo al presente.

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