Quiero acercaros a lo que he venido a llamar “El oscuro mundo de los tests”, principalmente por todo lo que desconocemos sobre cómo funcionan los tests, para qué sirven, cuándo deben usarse y por qué.

Aunque la moda está ya un poco más pasada, se siguen publicando en revistas y páginas webs multitud de tests que tienen como propósito decirte cuál es tu personalidad, cómo es tu pareja ideal, si eres una persona extravertida o introvertida,… sin mencionar la validez real de lo que te están presentando.

Y siento ser yo quien baje de la nube a alguno o alguna, pero los tests o cuestionarios no sirven para prácticamente nada fuera del ámbito para el que están diseñados, es decir, para la realización de una evaluación por parte de un profesional clínico o sanitario y ligado al mundo de la Psicología. Por supuesto, vengo a referirme a aquellos cuestionarios, tests o escalas que se encargan de evaluar la personalidad, la ansiedad o algún tipo de patología concreta.

Entonces, ¿por qué no es válido el test de personalidad que me presentan de forma gratuita en la web – llamémosla – “X”?

La mayoría de las pruebas que se presentan de forma gratuita en internet no se encuentran validadas por los profesionales que deben hacerlo. Para validar una prueba tiene que haber sido probada con una muestra de personas y haber pasado por estudios estadísticos que digan que la prueba es fiable y válida para la población general. Si esto no se ha llevado a cabo, los resultados que muestran estos tests gratuitos pueden no ser reales para ti, por lo que te estarán dando una visión distorsionada de cómo eres.

Sin embargo, cuando se pasa algún tipo de prueba en la consulta o como parte de una evaluación, normalmente se usan pruebas que se encuentran validadas o lo están siendo; además, los resultados no se obtienen de forma automática e idéntica para todos los que obtengan una puntuación, sino que es el profesional quien evalúa las puntuaciones que ofrece el test en cuestión y las otras pruebas que se hayan podido pasar. A todo ello se le suman los datos obtenidos de las entrevistas, que hacen que los resultados finales de las pruebas que se pasan sean totalmente individualizados.

Sería como cuando leemos el horóscopo, es decir, se supone que hoy todos los géminis tendrían la misma suerte; sin embargo, hay que tener en cuenta las circunstancias personales, sociales y, en general, todo lo que rodea a la persona para poder hacer una predicción de cómo será su comportamiento.

Por otra parte, que un test diga que hoy tengo una puntuación determinada no quiere decir que esa puntuación se mantenga de por vida. Vamos cambiando con el tiempo y con las circunstancias, moviéndonos en un continuo que va de “nada” a “todo” y, además, nos vemos influidos por algo que los psicólogos denominamos “efecto de recencia” y “efecto de primacía” que consiste en la tendencia que tenemos a recordar lo último que hemos visto (recencia) y/o lo primero (primacía) con mayor vividez. Si tenemos esto en cuenta, el mismo test no deberá ser realizado por la misma persona en un tiempo determinado, que suele rondar el año, ya que podría recordar lo que puso con anterioridad y los datos se verían sesgados, es decir, no serían reales.

De modo general, no debemos dejar que los resultados de los tests marquen nuestras vidas, sea cual sea el contexto en el que se hayan pasado. Esto ocurre, principalmente, en los cuestionarios que le pasan a los jóvenes a lo largo de su educación obligatoria para recomendarles qué hacer con sus vidas en un futuro. Realmente, se debe tomar como una mera orientación y no llevarla más allá. Los jóvenes están un proceso de cambio continuo, tienen que ser ellos quien tomen la decisión de qué va a ser de sus vidas más allá de lo que diga el orientador u orientadora de su colegio que, en muchos casos, ni siquiera estará licenciado en Psicología ni colegiado como psicólogo, no estando habilitado para pasar las pruebas ni firmar los informes que se dan a los jóvenes o sus familias.

Vale, ¿para qué sirven entonces?

Son elementos que los profesionales usamos para corroborar lo que los pacientes o usuarios nos dicen y, siempre, como algo orientativo, no como si presentaran una verdad absoluta y no modificable. Debemos usarlo como adición a una entrevista profunda con el paciente y, cuando sea necesario, con familiares o personas cercanas al mismo.

Son elementos que no van a guiar nuestra visión del paciente ni del tratamiento, que siempre estarán focalizadas al paciente en sí.

Es por todo esto que no recomiendo hacer cualquier test que encontremos ahí y que debemos saber explicar a los más jóvenes que los resultados que les muestran las test que hacen en revistas o páginas web no tienen ningún tipo de relevancia ni significación.

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