Como todos saben, el ombligo nos recuerda de dónde venimos. Indagando acerca del origen de la frase “mirarse el ombligo”, encontré lo siguiente: Uno de los monjes hesicastas de la Iglesia griega ortodoxa, San Juan Clímac, sostenía que un hesicasta es aquel que lucha por mantener dentro de su cuerpo las cosas incorpóreas como la mente. Usando una técnica de rezos integrada con la respiración, los monjes acostumbraban a dejar caer la cabeza durante la meditación y, por ello, se les conocía “comoomphalopsy choi” u “observadores del ombligo”. Representación bastante ajustada del político profesional. Los ciudadanos nos preguntamos a menudo en dónde tienen la mente.

Nuestros políticos, salvo excepciones muy escasas, han consumado el arte de solemnizar el ritual por encima del fin original de las cosas. Les importa mucho más ciertas formas, que los fines para los cuales fueron pensadas, parlamento incluido. Se solazan en el narcisista ejercicio de observar su ombligo. Desde ya, no creo que la mayoría tenga idea de la técnica monacal. Tampoco, de darse cuenta aún del propósito de la propia existencia del parlamento: la resolución de las deficiencias del sistema, en lo que tiene que ver con las necesidades del ciudadano.

Volviendo al ombligo. Hace unos meses, desde China, tuvimos una noticia que se viralizó en Weibo, su Twitter. La cuestión se centró en una singular competencia denominada «belly button challenge»: el desafío del ombligo. La prueba consistió en tomarse una fotografía tipo selfie, rodeando con el brazo la cintura y tocándose el ombligo con la mano. Las adolescentes chinas de esta manera particular atestiguaban su delgadez. Tan delgada como nuestros políticos van convirtiendo a nuestra democracia en esta etapa de formar gobierno. Dado el disparate que esto representó, varios especialistas en salud indicaron que este concurso podría derivar en conductas poco saludables por parte de los adolescentes. Las conductas saludables son imprescindibles en esta democracia tan postfranquista como poco evolucionada que nos hemos dado. El sistema se está forzando de tal modo, que parece que el desafío que pretende alguno de nuestros políticos es torcer la voluntad del electorado… hasta tocarse el ombligo.

Las conductas saludables son imprescindibles en esta democracia tan postfranquista como poco evolucionada que nos hemos dado

Retornando al caso que me sugirió esta columna, algunos expertos afirmaron que lo que se promovía a través de estos concursos era la búsqueda de una figura muy delgada y de un concepto muy distorsionado de la belleza. ¿Qué se proponen nuestros líderes políticos en el transcurso de este proceso de investidura? ¿Producir un concepto muy distorsionado de la democracia? Crear dilemas ideológicos en donde antes cada uno parecía reconocerse en “su sitio”. Pues, al parecer, nos están diciendo que debemos aceptar que la derecha y la izquierda tienen el mismo modelo. Que basta con que se retire Rajoy, para que el Partido Popular se convierta en el medio para recuperar la igualdad, y el progreso haga su reaparición en España. Eso parece, ¿no?

Algunos expertos en comunicación, durante aquel desafío, dijeron que las poses y fotos podían ser divertidas al mirarlas, pero también podrían expresar inseguridad y generar competencia en busca de una imagen distorsionada de la belleza. ¿Estamos siendo objeto de una campaña mediática que nos lleve al desaliento con el fin de aceptar cualquier solución, por disparatada que esta sea? Se está expandiendo un halo de inseguridad en dónde debería haber cumplimiento del mandato de las urnas. Las hemerotecas se están exhibiendo en las redes sociales. Lo hacen, como respuesta y demostración a las contradicciones en las que incurren nuestros políticos y los portavoces del “nuevo relato”. Es para pensar en que lo que intentan es regresar a las cotas de abstención que dieron la mayoría absoluta al casi olvidable y “non grato” señor Rajoy.

Las hemerotecas se están exhibiendo en las redes sociales

En tanto, el coro mediático, en el que cada periodista o similar ya dispone de su propio medio digital, es decir su ombligo particular, está trabajando a full en el empeño de difundir “el nuevo relato”. Hay mucho en juego y se están librando los fondos para tales menesteres. Sólo así, todos ellos se tocarán el ombligo, adelgazarán de modo drástico nuestra actual democracia, y regresaremos al punto de partida.

Los padres del modelo así lo desean. Usted, ¿qué desea? Porque, que no los engañen, aún tiene el poder de cambiar las cosas. Créalo.

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