Flickr by Mario Fornasari.

Vivimos tiempos de olvido , de reseteo permanente de la memoria que desde los medios de comunicación permiten a la ciudadanía europea vivir con el opiáceo sentimiento de la ignorancia al dolor ajeno, a ese dolor que se desgrana por los campos de refugiados de Libia, Irak, Turquía o Grecia donde millones de personas sobreviven a la compañía de la muerte que espera ansiosa pasa seguir cargando de almas su barca. Sueños, esperanzas y miedo ante la oscuridad del incierto futuro son los sentimientos mezclados en los campos de refugiados y en los mares, hoy convertidos en tumbas eternas para miles de hombres, mujeres y niños que sólo pedían el auxilio , la ayuda de una Europa que traicionando su propio convenio europeo de derechos humanos prefirió levantar muros, serpentinas de hierro y espinas a tender puentes a quienes huyen de la locura de una guerra provocada por los interés internacionales de potencias ajenas a un pueblo sirio que ha visto como su mundo se ha colapsado entre bombas y sangre.

Y es que, nuestra generación asiste hoy al mayor éxodo vivido por una población civil desde la segunda guerra mundial, una diáspora que supone el exilio del 25% de la población de Siria, casi cinco millones de almas, de familias , de personas que claman por el derecho más fundamental de todo ser humano, el derecho a la vida.

Hoy, cuando las televisiones han dejado de hablar de este drama de nuestro siglo , cuando el share ya no logra resultados óptimos enfocando la miseria ajena, el olvido se abre paso y el día a día del devenir de la vieja Europa entierra a forma de olvido el dolor de quienes sufren la mayor crisis humanitaria a la que Europa se ha enfrentado desde el Siglo XX.

Y mientras todo esto pasa, los lobos de la noche , esos que se alimentan de la desgracia ajena se abren paso y hacen su agosto en forma de enriquecimiento por la búsqueda de pasos entre alambres de espino fronterizos, cobrando sus servicios en dinero o en especie que adquiere forma de violaciones a las mujeres sirias que con asaltadas por quienes piden como pago al paso de fronteras la venta de su cuerpo. Tragedias, dramas y miserias humanas que como corolario se acompañan de la explotación infantil, el secuestro de menores o de las propias epidemias, desnutriciones o hambre que sufren quienes llegan a la protección de una tienda de campaña de plástico como única muralla frente a la desesperación.

El olvido es así la muerte el vida de quienes se condenan con nuestra mirada hacía otro lado, ese es el que el sentimiento de ajenidad al dolor nos permite avanzar centrándonos en nuestras propias miserias diarias como si fueran de mayor importancia que quienes mueren en las fronteras de la vieja Europa, hoy traicionada en sus pilares más fundamentales por quienes nos gobiernan y por quienes permitimos con nuestra inacción que todo siga igual, que nada cambie y que la muerte oscura se siga abriendo paso entre el olvidado Idomeni.

 

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