Cuando un expectante hemiciclo esperaba a un nuevo y remozado Mariano Rajoy, el candidato a la presidencia del Gobierno no ha querido dejar de ser durante los 48 minutos de su intervención el Mariano Rajoy de siempre. Eso sí, algo más conciliador, pero el mismo Rajoy plano, previsible, robotizado y henchido de sí mismo. Para qué cambiar después de casi un año de interinidad política, dirá, si le va bien así.

En diez frases, no para la historia, se puede resumir su discurso, repleto de lugares comunes ya consabidos.

  1. Nadie puede presumir de infalibilidad (sobre la corrupción).
  1. Nadie puede privar al pueblo español de su derecho exclusivo a decidir sobre su futuro y sobre su territorio.
  1. Estoy dispuesto a negociar cuando sea necesario todas las decisiones.
  1. En España no existe impunidad para la corrupción.
  1. El empleo ha sido siempre mi primera preocupación y mi máxima prioridad.
  1. España necesita un Gobierno, pero no cualquier Gobierno.
  1. La política se ha convertido en el mayor riesgo para la economía.
  1. En España quedan muchos problemas que atender.
  1. Hoy, cada pensionista se ve compensado por seis nuevos cotizantes a esas pensiones.
  1. En España tenemos que acostumbrarnos a entender que algunas medidas que algunos tachan de indeseables son las que más benefician a los españoles.

 

Y mientras tanto, en la bancada socialista, 84 diputados socialistas aún seguían en su laberinto.

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