Luego de los bruscos movimientos que generó el rechazo plebiscitario al Acuerdo de Paz, su posterior reformulación y aprobación parlamentaria, llegó el momento de poner en práctica lo acordado entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP).

Hasta ahora, ya se avanzó en la desmovilización de la guerrilla y se logró mantener el alto el fuego firmado, lo cual es una gran noticia. El año anterior, en el país, disminuyeron drásticamente debido al cese de hostilidades entre el ejército y la guerrilla, que durante más de 51 de años engrosaron las estadísticas de muertos y heridos en combate. Sin embargo, uno de los grandes temores durante la negociación, es el accionar que podían seguir sectores disidentes de la cúpula guerrillera en la negociación del Acuerdo de Paz.

Pero el paso que comenzó a darse estos días es uno de los más importantes junto al alto el fuego, puesto que significa la desmovilización efectiva del movimiento, y se trata de la entrega de las armas con que contaba la guerrilla, y así ha sido efectivamente. Tal como estaba establecido en el Acuerdo, 90 días después de ser refrendado el acuerdo de paz, que ocurrió a fines de noviembre del año pasado, las FARC-EP iniciaron la entrega del 30% de sus armas el pasado primero de marzo. En 30 días deberán entregar otro 30% y en 90, el restante 40%. Este resultado es imperioso debido al considerable arsenal guerrillero constituido por fusiles, armas cortas, material explosivo e inclusive, armas de corto alcance con objetivos de impactar la fuerza aérea colombiana.

Todo ello, a pesar del incumplimiento por parte del Estado colombiano de dotar de infraestructura básica y logística tales como carreteras y alojamiento a las 23 zonas de concentración habilitadas para la reincorporación de la guerrilla a la sociedad civil lo cual ha dejado entrever la poca organización y baja preparación posconflicto que implica dicha movilidad y la aceptación y verificación de los acuerdos internacionales con la visita del Presidente francés François Hollande meses pasados.

Como ocurriera con la firma inicial del primer Acuerdo, se ha seguido una línea de mucha atención a la cuestión simbólica y así 6 meses después de la aprobación parlamentaria del Acuerdo, las Naciones Unidas, que son quienes están recibiendo las armas entregadas por los guerrilleros, extraerá las armas de las bodegas para empezar la elaboración de tres monumentos a la paz.

En la misma línea se debe remarcar que la entrega de armas se inició con las de los 322 miembros de las FARC-EP que forman parte del Mecanismo de Monitoreo y Verificación junto con el Gobierno y las Naciones Unidas, y continuará con las de los 60 guerrilleros que saldrán próximamente de los campamentos para efectuar labores de ‘pedagogía por la paz’ en diversas regiones del país. Porque esta es otra de las cuestiones centrales del proceso de paz, la reconciliación.

Los resultados del plebiscito que rechazó el Acuerdo inicial pone de manifiesto que la reconciliación es un tema que llevará tiempo y no será de fácil solución puesto que el país se encuentra virtualmente divido y más ad portas de las elecciones presidenciales y legislativas del 2018. En aquella elección en 20 de los 33 departamentos colombianos triunfó el sí, la mayoría de ellos ubicados en los límites del país, pero las regiones centrales, más populosas, inclinaron la balanza en favor del no, y con la particularidad que quienes más apoyaron el Acuerdo fueron quienes más sufrieron las consecuencias de los 52 años de guerra entre las FARC-EP y el gobierno colombiano.

Los pasos se están dando de acuerdo a lo que se había acordado. La guerrilla ya se desmovilizó y comenzó a entregar su armamento. El gobierno colombiano aún está en deuda. Los pasos siguientes serán claves para que no haya vuelta atrás. La certificación de Naciones Unidas sobre la recolección de armas y el inicio de la aplicación de la Jurisdicción Especial para la Paz serán los que siguen.

Se espera que los pasos pisados por el gobierno colombiano y las FARC-EP, sean óbice de seguimiento del otro grupo armado que sigue con vida en el país: el ELN. El mundo lo espera, los colombianos lo merecen. El futuro es esperanzador.

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