Hace doce años decidimos realizar una inversión en bolsas de papel con asas en las que imprimimos por ambas caras la marca y el logotipo de nuestros juegos educativos, que se vendían en las estanterías de las grandes superficies y tiendas especializadas. Preferimos hacer esa publicidad, casi estática porque solo se movía cuando alguien iba andando con la bolsa en las manos, en lugar de estrategias basadas en palabras envolventes acompañadas de imágenes y una melodía pegadiza que, a base de repetirla en toda clase de pantallas, hubiera conseguido emocionar de manera quizás engañosa a nuestros usuarios finales, siempre menores de edad.

Ayer utilicé varias de esas bolsas para trasladar algunas cosas hasta llenar con ellas el maletero del coche, apoyándolas en vertical unas contra otras para que no se cayeran durante el viaje. El caso es que, tras cerrar el portón trasero, pude ver por el retrovisor que una de las asas sobresalía, atrapada entre la bandeja y la ventana y quedando a la vista de una manera tan ostentosa que me pareció atrevida, casi amenazante. Lo intenté dos veces más y no hubo manera. Como impulsada por un resorte maldito, se negaba a mi disciplina.

De repente comprendí que no era la bolsa, sino mi subconsciente. El avance de la intolerancia acababa de derrotarme otra vez y estaba perdiendo una nueva batalla de las muchas libradas a lo largo de la vida para conservar algún gramo de aquella inocencia infantil que nos llevaba, por ejemplo, a elegir números o colores favoritos. Él mío de entonces era el mismo que el de la bolsa con asas rebeldes que no quiere respetar mis miedos de ahora.

La por groga

Fa dotze anys decidírem realitzar una inversió en borses de paper amb nanses, en què imprimírem per ambdues cares la marca i el logotip dels nostres jocs educatius, que es venien a les prestatgeries de les grans superfícies i botigues especialitzades. Varem preferir fer aquesta publicitat, gairebé estàtica perquè només es movia quan algú anava caminant amb la borsa a les mans, en comptes de les estratègies basades en paraules envoltants acompanyades d’imatges i una melodia enganxosa que, a base de repetir-se a tota mena de pantalles, hagués aconseguit emocionar de manera potser enganyosa els nostres usuaris finals, sempre menors d’edat.

Ahir vaig utilitzar algunes d’aquestes borses per traslladar diverses coses, fins omplir amb elles el maleter del cotxe, tot recolzant-les verticals unes al costat d’unes altres perquè no caiguessin durant el viatge. El cas és que, després de tancar la porta del darrera, vaig poder veure pel retrovisor que una de les nanses sobresortia, atrapada entre la safata i la finestra i quedant a la vista d’una manera tan ostentosa que em va semblar atrevida, gairebé amenaçadora. Ho vaig intentar dues vegades més i no hi va haver manera. Com impulsada per un ressort maleït, es negava a la meva disciplina.

De sobte vaig comprendre que no era la borsa, sinó el meu subconscient. L’avanç de la intolerància acabava de derrotar-me una altra vegada i estava perdent una nova batalla de les moltes lliurades al llarg de la vida per conservar algun gram d’aquella innocència infantil que ens portava, per exemple, a triar números o colors favorits. El meu de llavors era el mateix que el de les borses de nanses rebels que es negaven a reconèixer les meves pors d’ara.

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Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y dos nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015, con unos 170 artículos publicados, sin ningún compromiso, en diversos medios.

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