El premio más importante en lengua castellana ha reconocido la trayectoria literaria del escritor barcelonés Eduardo Mendoza, que tras el galardón concedido el pasado año al mexicano Fernando del Paso se esperaba recayese en esta ocasión en un escritor español, en esa ley nunca escrita y que prácticamente siempre se cumple de la alternancia de galardonados a ambos lados del Atlántico. Esa norma de facto nunca se cumple en la alternancia de géneros, con abrumadora mayoría de galardonados hombres sobre mujeres (37 a 4).

Desde su creación en 1975 por el Ministerio de Cultura de España, y considerado el Nobel de Literatura de las letras castellanas, solo cuatro mujeres lo han ganado en más de cuatro décadas de historia. Cuando lo recogió en 2014 la mexicana Elena Poniatowska dijo: “Soy la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes. Los hombres son treinta y cinco”. Las otras tres escritores que la acompañan en este elenco son: María Zambrano (1988), Dulce María Loynaz (1992) y Ana María Matute (2010).

Mendoza es el autor de algunas de las obras más destacadas de la literatura española durante las últimas cuatro décadas, como su primera novela La verdad sobre el caso Savolta (1975), Sin noticias de Gurb, El año del diluvio, El laberinto de las aceitunas o El misterio de la cripta embrujada. Mendoza ha hecho del humor y la sátira dos de sus señas de identidad, que ni siquiera abandona en las novelas de tinte más político como su emblemática primera novela, La verdad sobre el caso Savolta.

El Cervantes está dotado con 125.000 euros, y el fallo ha sido hecho público por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo. Hasta este momento, la trayectoria literaria de este barcelonés nacido en 1943 se eleva a 15 novelas, dos libros de relatos, dos obras de teatro y cuatro ensayos.

El jurado reconoce en el acta del premio que “con la publicación en 1975 de La verdad sobre el caso Savolta, inaugura una nueva etapa de la narrativa española en la que se devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera como novelista”. El jurado reconoce en Mendoza que “en la estela de la mejor tradición cervantina, posee una lengua literaria llena de sutilezas e ironía, algo que el gran público y la crítica siempre supieron reconocer, además de su extraordinaria proyección internacional”.

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