“La sátira es el arma más eficaz contra el poder. El poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos”. Sin duda ésta es una de las frases más célebres del dramaturgo Darío Fo, ese irreverente, impertinente e incómodo bufón, que aguijoneó con su sardónica forma de expresión a todos los poderes establecidos. Desgraciadamente la frase del dramaturgo italiano vuelve a servirnos para denunciar los abusos del poder frente a la libertad de expresión en las redes sociales y del uso del humor como forma de crítica política y social.

Me refiero, claro está, a lo que le ha pasado a una chica murciana, usuaria de Twitter, que tras publicar varios tuits jocosos sobre el asesinato de Carrero Blanco, el fiscal le pide dos años y seis meses de cárcel, más otros tres años de libertad vigilada. Puede parecer cachondeo, pero no, es la pura verdad. La verdad es que no sabemos qué produce más risa, si los mensajes de la chavala en Twitter o lo que pide la fiscalía. Y es que en la Audiencia Nacional parece que también son propensos a esto del humor.

Sea como fuere, tras estas denuncias de ciertas bromas en las redes sociales, como la del concejal de Ahora Madrid, Zapata, que por cierto fue archivada, existen unas intenciones que a las claras tratan de poner veto a la libertad de expresión, además de que cuestan una pasta gansa al bolsillo de los españoles y tienen a los funcionarios de justicia trabajando en estos asuntos, mientras otros casos de mucho más calado se alargan en el tiempo.

¿Sabéis que alargar en el tiempo la causa de los tuits “humorísticos” (a mí no me hicieron especial gracia, la verdad) del concejal Zapata nos costó a los españoles más de 100.000 euros? La valoración del coste del caso Zapata fue contabilizada por fuentes de la propia Audiencia Nacional, después de analizar el número de horas de trabajo ordinarias y extraordinarias del juez instructor. Lo dicho, un despropósito, pero un despropósito con un propósito claro e intencionado: meternos miedo, amordazar el pensamiento y secuestrar la crítica.

No veo otro motivo a este disparate. Chistes se han hecho siempre. El uso de la sátira ha sido una de las tónicas generales de muchas publicaciones a lo largo de la historia de nuestro país. Con Carrero Blanco se ha metido todo Dios. Leía en un diario digital un chiste de Tip y Coll del año 1983 que decía: “Carrero Blanco: De todos mis ascensos, el último fue el más rápido”. Seguro que éste es sólo un ejemplo de entre cientos de chistes que se han hecho de muchos políticos en nuestro país. Tip y Coll podrían haber ido a la cárcel, pero claro, antes no existía Twitter, ni gobernaba este Partido Popular que en estos asuntos y en muchos otros nos retrotrae al franquismo más oscuro y dictatorial.

Desgraciadamente en esto de la libertad de expresión hemos retrocedido décadas. Hacer un chiste sobre Carrero Blanco no es hacer apología de nada, seamos serios. Sin embargo pedir dos años de cárcel por poner una broma en redes sociales es síntoma de una soberana estupidez.

A esto hemos llegado. A que los políticos se rían de nosotros, robándonos, recortando nuestros derechos y nuestras libertades y sin embargo, nosotros, no podamos reírnos de ellos públicamente. Sería muy triste que nuestra sociedad perdiera ese último refugio de la crítica que es el humor. Llevo diciendo hace mucho tiempo que el verdadero periodismo de protesta y denuncia lo hacen los humoristas gráficos, los guionistas de los programas de sátira política, porque a través de la ironía y del chiste reflejan perfectamente esta realidad esperpéntica que rodea al panorama político en nuestro país.

En definitiva, como decía Chaplin, otro grande de la sátira y el humor, “a fin de cuentas, todo es un chiste”.

Manuel Tirado Guevara

@manologandi

 

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