Hamed Sinno (cantante del grupo libanés Mashrou3 Leila) contaba en CNN la semana pasada que no “podía” llorar la matanza de Orlando por ser “moreno y queer”: “esto es lo que significa ser terrorista y maricón”.  Por otro lado, la bloggera neoyorkina Eman Abdelhadi, presente en la manifestación de protesta que tuvo lugar en Nueva York criticaba: “me da igual cuando Cuomo (Fiscal General de Nueva York que legalizó el matrimonio gay) me humaniza como queer que soy, sólo para luego criminalizarme como Palestina”. Después de tanto defender desde Europa y Norteamérica a las minorías de género en el Medio Oriente resulta que la principal crítica nos viene de las propias minorías.

Para analizar esta crítica, lo primero que tenemos que hacer es rechazar la pregunta de si la cultura musulmana es contraria o no a los homosexuales y sus derechos, porque eso sería caer en la misma trampa del discurso: la generalización que no tiene en cuenta las millones de acepciones y particularidades dentro de ese mundo llamado árabe/musulmán (conceptos equívocamente unidos con demasiada frecuencia).  Además, esa generalización ofende bastante porque demuestra una gran falta de miras. Tenemos ejemplos en la historia, la sociedad y la cultura de los diferentes países musulmanes que lo contradice: como la historia del Sultán Mahmud de Ghazni y sus esclavo Malik Ayaz , el hecho de que Irán sea el país con más operaciones de cambio de sexo después de Tailandia, los mukhannathum (afeminados) en el Corán, la revista My.Kali en Jodania, las Diwaneya (noches sólo para hombres) en Kuwait, el Oasis de Siwa en Egipto … Todo eso sin contrarrestarlo con los casos de homofobia que hay en países no musulmanes, en especial en nuestro país.

Al rechazar dicha pregunta debemos hacernos otra más importante: ¿por qué los medios occidentales hacen tanto hincapié en la lucha LGTBQi+ en el mundo árabe o musulmán? Y es aquí donde encontramos el motivo del cabreo de los musulmanes queer: forma parte del imaginario del Nosotros contra Ellos en el que todos los musulmanes/árabes son bárbaros que no respetan los derechos frente a nosotros los occidentales que somos la cuna de los Derechos Humanos. En ese discurso de Occidente contra Oriente tenemos una idea evolucionista de la sociedad y por tanto demasiado lineal y ficticia, en el que Nosotros somos el punto culmen de la evolución. Un gran ejemplo es la típica frase de turistas en el mundo árabe que tanto rechazo me produce: “Jordania (o país X) está como España hace cincuenta años”.

El problema no es que este concepto lo encontremos en discursos xenófobos simplistas, a los cuales se les puede responder con muchos argumentos; el problema está cuando existe una parte de la izquierda que cae en el mismo discurso. Y es que el modelo europeo de “liberalización” que se basó en los movimientos sociales y de izquierda del siglo XX no sirve en el mundo musulmán y además produce rechazo.

Las críticas a este movimiento liberalizador nos llegan por todos lados. Por un lado existe una corriente en términos post-colonialistas que critican “el hombre blanco gay (y normalmente pudiente)” que viene a liberar al pobre árabe; además, esta corriente alega que la mayoría de las leyes en países árabes contra los homosexuales fueron copiadas del código civil británico durante la colonización. El Imperio Otomano descriminalizó  la homosexualidad en 1858. Otros critican que al focalizarnos en la liberalización del queer-musulmán lo que hacemos es contribuir con la discriminación hacia el mundo musulmán (en el que vive y al que pertenece) al que consideramos atrasado y bárbaro; y el más claro ejemplo es cómo estos mismos queer musulmanes siguen teniendo problemas en todos los aeropuertos europeos y norteamericanos.  Los palestinos, con Al Qaws a la cabeza nos critican que al focalizarnos en la falta de derechos de los palestinos LGTBQi+ dejamos de lado la falta de derechos ocasionadas por la ocupación israelí que además utiliza el Día del Orgullo en Tel Aviv como un lavado “rosa” de cara (el pinkwashing).

Todas estas críticas tienen un patrón común, los occidentales no nos damos cuenta de que incluso los más feministas ayudamos a construir ese discurso de la hiper masculindad árabe (con todas las connotaciones sexuales que eso tiene para los occidentales).

Pero sin duda alguna, la crítica que más me apasiona viene de varios miembros de dicho colectivo aquí en Jordania y Líbano: si seguimos tratando la hiper masculinidad árabe desde esta dicotomía entre Oriente y Occidente, el colectivo LGTBQi+ corre el riesgo de perder ciertas señas de identidad culturales que pueden ser muy provechosas para esta misma “salida del armario” colectiva, como son las muestras de cariño en público entre personas del mismo sexo, la reinterpretación del género desde los mismos textos del Quran y los hadiths, o la misma lucha contra el fanatismo usando recursos culturales locales.

Está bastante claro que todavía hay mucho que trabajar en el mundo queer en países árabes y que no es una cuestión del Islam (o al menos no sólo del Islam, ya que las razias en Líbano contra saunas gays eran organizadas por miembros cristianos maronitas del ejército y de la policía). Pero ese trabajo tienen que hacerlo los árabes desde los parámetros que ellos elijan. En 2014 un juez en Líbano consideró que la ley 534 que penaba el acto sexual contra natura, no era aplicable contra la homosexualidad porque ésta no era anti natural. En cinco países musulmanes no existe legalidad en contra de la homosexualidad: Mali, Turquía, Jordania, Indonesia y Albania. La directora de Al Qaws me explicaba hace años que trabajando con las padres desde esquemas culturales locales, como son el valor de la familia y la protección de los hijos, habían conseguido ayudar a muchos palestinos a salir del armario. En ACNUR existen varios jordanos trabajando por la protección del colectivo queer sirio refugiado. Existen imams que son abiertamente gays como Ludovic-Mohamed Zahed, Daayiee Abdullah y Muhsin Hendricks.

Rula Jebreal, colaboradora del Daily Beast, criticó a Bill Maher (presentador americano de televisión) que estaba contribuyendo al mismo discurso del ISIS, y dio en el clavo. Pensar que “el Islam” es contrario a la homosexualidad refuerza el discurso de ISIS de que ellos respetan ese verdadero “Islam anti homosexuales” a la vez que continúa con la dicotomía del Nosotros contra Ellos. Así que por favor dejemos de hacerle el juego a ISIS y busquemos fórmulas alternativas al hetero-patriarcado tanto para los queer musulmanes como para aquellos musulmanes que respetan los derechos humanos (es decir, todos y todas).

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