“Casi como por defecto de alguna ley natural, en cada siglo parece surgir una país con el poderío, la voluntad y el ímpetu intelectual y moral necesarios para modificar todo el sistema internacional, de acuerdo con sus propios valores”, escribió Henry Kissinger en 1994 (La diplomacia, FCE); hace no mucho, en realidad, pero cuyo postulado quedó relegado por el pasado cercanísimo y el presente en marcha.

El inmenso poderío del que habló el principal Halcón gringo, hace referencia a la supremacía estadounidense durante el siglo que concluía y la victoria reciente que sobre la URSS, habían obtenido; el calculo era, sostener, la nueva unipolaridad durante la centuria que vivimos.

Sin embargo, tres acontecimientos de este siglo se han atravesado: la decidida y duradera tenacidad de remontar el viejo poder ruso por parte de Vladímir Putin; las casi dos décadas de crecimiento económico sin precedentes de China; y, tres, el inminente declive de los Estados Unidos, reflejado, incluso, en su presidente.

De la Europa en abierto proceso de balcanización, mejor ni hablamos. Será cosa de un par de años para que el ideal europeísta concluya. Francia se suma (este año puede suceder) a Gran Bretaña con lo que Alemania pierde su expansión financiera a costa del resto de la unión, teniendo, además, que ocuparse de múltiples saneamientos en el sur y el este de Europa, mientras Rusia consolida sus posiciones euroasiáticas y Trump les interrumpe el sueño con la desintegración de la OTAN.

En fin, a Europa no la veremos jugar en el mapa real por un buen tiempo. Mientras, concluye el breve periodo de los Estados Unidos como único referente global, con menos de veinte años en el trono.

Es así como la izquierda y la derecha tradicional de los Estados Unidos están ante un problema mayúsculo, que como he planteado en este espacio, ellos mismos hicieron germinar. Ahora su reto es grande, y seguramente, rebasará a las clases política tradicionales.

Donald Trump está en camino de convertirse en el detonante de los dos polos: ya hizo despertar al ala más radical de la derecha, y en apenas veinte días en el cargo, está consiguiendo que esa izquierda dormida por el capitalismo más salvaje, no sólo despierte, sino que se organice y manifieste en su contra.

Los valores referidos por Kissinger, son los que hoy muestran su cara verdadera en el ejercicio del poder, la mano suave y encubierta de la CIA será usada a todas luces y sin recelo en una política exterior que vista de cuerpo entero la escuela diplomática que siempre han ejecutado, sólo que ahora, sin buenas formas.

Abrirse a la verdadera e imperiosa forma de conducirse frente al mundo, pero en particular, frente a su propios compatriotas, permitirá el choque frontal de las dos visiones de entender los valores norteamericanos.

Hay mucha tela de donde cortar cuando se habla de los valores libertarios en aquel país, cuando se habla de organizaciones que trabajan por las minorías raciales que hoy son atacadas, cuando se piensa en la historia de la formación y conformación de sus grupos poblacionales, aún de aquellos que son blancos. Cuando se mide el alcance público de varios de los medios de comunicación más prestigiosos de los Estados Unidos, cuyos trabajos periodísticos, alguna vez, ya tumbaron a un presidente.

Las universidades, a pesar de guardar un gen sumamente capitalista en su funcionamiento, representan mucho de la cultura e inteligencia del occidente que conocemos hasta ahora; sitios que han acogido a lo mejor del mundo en algún momento, y han formado a otro tanto, los últimos cincuenta años.

De tal manera que la aberración del presidente en turno, además de señalar al “trumpismo” como una categoría que agrupa a los pensamientos más reaccionarios de la derecha, terminará por elevar las conciencias sobre los valores fundamentales que nacieron con la declaración de Filadelfia agrupándolas también, en la urgente necesidad de salvar a un país, de sí mismos.

Ya que el peligro más preocupante para los Estados Unidos no está afuera, no lo representan (a pesar del gran riesgo que implican) Rusia ni mucho menos China. El peligro es ese gran germen llamado “trumpismo”, que incluso, no desaparecerá cuando su cara más visible, deje, de alguna manera, la Casa Blanca.

El siguiente lustro será controvertido para ese pueblo, sin embargo, pienso que han incubado a un virus tan maligno, que si consiguen sobrevivir a él, habrán generado un anticuerpo cuyos valores universales, sí puedan convertirse en un referente global en el presente siglo, con lo cual, lo de memos, será la tripolaridad o multipolaridad mundial.

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Conferencista, participante y delegado en múltiples eventos internacionales en Azerbaiyán, Francia, Argentina, Cuba, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Perú y Brasil. Escribo en Milenio Diario y asesoré a los secretarios de gobierno de Puebla y de la Ciudad de México. Soy el único mexicano que ha presidido la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, en su apartado juvenil (COPPPAL-Juvenil). Egresé de la Facultad de Derecho de la UNAM y me he especializado en derecho electoral. A los 27 años competí por una diputación local en Puebla. Actualmente estoy convencido de la regeneración nacional en MORENA, y trabajo para ello, en Huauchinango, Puebla, donde nací.

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