Un joven oficial, en funciones de capitán de cuartel el 23F de 1981 en la Unidad de Helicópteros de El Copero en Sevilla, llegaría años más tarde a Teniente General y Comandante General del Cuerpo del Ejército Europeo. Aquella tarde del 23F, el capitán Pedro Pitarch, fue señalado – “fichado”– por llamar “marrano” al golpista Antonio Tejero ante el televisor de su unidad cuando éste zarandeaba al General Gutiérrez Mellado. Hoy, en la reserva y muy activo con sus opiniones y reflexiones en la red, hemos querido contextualizar y completar con su ayuda el 23F de 1981 en la guarnición de Sevilla y,  dada su trayectoria profesional, pedirle valoraciones personales sobre hitos puntuales de aquel drama invernal de la noche más oscura de la transición española, con unos hechos que sucedieron sólo un lustro después de la muerte del dictador. Fueron, no obstante, los últimos estertores del Régimen del 18 de Julio, el principio del fin de la dictadura.

Pedro Pitarch es actualmente Teniente General (retirado) del Ejército de Tierra. Diplomado de Estado Mayor (nº 1 de su promoción). Máster en Relaciones Internacionales (I.U. Ortega y Gasset/ Univ. Complutense). Diplomado por el NATO Defence College (Roma). Cursos de Altos Estudios Militares en España, EE UU, Italia, Bélgica y Reino Unido. Asesor de Defensa y Seguridad del Presidente del Gobierno (1990-1994). Jefe del Regimiento de Infantería “La Reina” (Córdoba)(1996-1998). Jefe de la División de Estrategia y Cooperación Militar del Estado Mayor de la Defensa (1999-2002). Jefe de la División de Logística del Mando Supremo de la OTAN (SHAPE, Mons, Bélgica) (2002-2004). Director General de Política de Defensa (2004-2006). Jefe de la Fuerza Terrestre de España (Sevilla) (2006-2007). Comandante General del Cuerpo de Ejército Europeo (Estrasburgo, Francia) (2007-2009).

Pitarch mantiene desde hace años una interesante y concurrida tribuna en Internet ( El blog de Pedro Pitarch ) y desde la creación de Confidencial Andaluz, en noviembre de 2015, es columnista semanal de este digital.

Su testimonio es el objetivo de nuestras preguntas sobre la joven historia colectiva más reciente, la de hace solo 35 años, cuando el General Pitarch lucía en sus hombreras solo tres estrellas de cinco puntas. Hoy, con el paso de los años, sus estrellas se han convertido  en tres “luceros” de cuatro, cruzados por un sable (fuerza) y un bastón (mando), bajo la corona que acredita el grado de general. Su prestigio profesional y personal le conducen muy a menudo a participar en conferencias, coloquios, seminarios, mesas redondas en Tv, radio etc. Hoy su testimonio es para todos ustedes.

Pedro Pitarch, de uniforme, con la máxima graduación que en España puede alcanzar un profesional de la milicia, el empleo de Teniente General.

General, en estos días de aniversario, cuando Ud escucha o lee cosas sobre lo sucedido el 23 de febrero de 1981, ¿cuál es la primera idea o imagen que se le viene a la cabeza?

Una sensación de malestar por unos hechos que nunca debieron haber sido ni planeados  ni ejecutados.

¿En qué lugar y  qué funciones profesionales tenía Ud el 23F?

Estaba destinado en la Unidad de Helicópteros IV del ET (UHEL IV), ubicada en la Base de “El Copero” (Dos Hermanas, Sevilla). Ese día precisamente estaba de servicio como “capitán de cuartel”.

En algún momento de las horas de ocupación del Congreso, ¿creyó Ud que se acababa la incipiente democracia en España de forma traumática?

Sí pensé en esa posibilidad, hasta oír el mensaje del Rey por televisión. Entendí entonces que el golpe no prosperaría.

¿Como recuerda Ud el ambiente en la II Región Militar (Sevilla) el día de autos y qué informaciones le llegaban de lo sucedido en Capitanía aquella tarde noche?

Yo estaba en lo mío: alertando a todo el personal para que se reincorporara a la Unidad y comprobando que todo estaba en orden en el acuartelamiento del que era responsable como capitán de cuartel. Fueron llegando paulatinamente otros cuadros y mi jefe de unidad, quien lógicamente a su llegada asumió la plena responsabilidad de la misma. Lo que pasaba en Capitanía General de Sevilla era algo ignorado en ese momento por nosotros. Por otra parte, mi Unidad no dependía de la Capitanía General, sino de la Jefatura de las FAMET (Fuerzas Aeromóviles del ET) ubicada en Madrid.

En mi Unidad nos enteramos del intento de golpe a la entrada de Tejero en el hemiciclo del congreso

En qué momento cree Ud que los profesionales de la milicia perciben que algo anormal, atípico, está sucediendo en el ámbito castrense?

Por lo que respecta a la UHEL IV, pienso que fue una sorpresa para todos. Era una unidad relativamente nueva (5 años de existencia), y sus oficiales y suboficiales éramos relativamente jóvenes, muchos procedentes de otras guarniciones distintas a la de Sevilla,  y  dedicados a una función muy especializada que requería mucha atención y dedicación al trabajo. En definitiva, creo que todos nos enteramos del intento de golpe a la entrada de Tejero en el hemiciclo del congreso de los diputados.

Soflamas para antes de un golpe


En Sevilla, según he oído, días antes del 23F hubo desplazamientos de jefes y oficiales desde Madrid a la Capitanía General. ¿Con quién y de qué hablaron?

Sí lo hubo. Vinieron algunas semanas antes del 23F a la Capitanía General y a algunas unidades. Por lo menos a la mía, vino un coronel desplazado desde Madrid y acompañado por tres jefes más. Uno de éstos era un comandante destinado en el Estado Mayor de Capitanía (todavía creo que vive). Nos habían reunido a todos los cuadros en un local de la unidad y dicho coronel nos dio una conferencia sobre la situación de España y la obligación del Ejército  de ponerle “remedio”. En el coloquio subsiguiente a la soflama,  yo me levanté (mientras un compañero y buen amigo me tiraba de la solapa del bolsillo del pantalón para que me sentase; todavía nos reímos juntos cuando recordamos la anécdota), y manifesté mi desacuerdo sobre aquello que nos acababan de decir porque era anticonstitucional. 

¿Y qué pasó entonces? ¿Que se supone que pretendían?

Se organizó un pequeño revuelo. Se interrumpió el coloquio y el conferenciante y su “escolta” de Capitanía recogieron sus papeles y se fueron. En mi opinión era un ciclo de conferencias planeado entre Madrid y algunas Capitanías Generales, o algunas unidades ubicadas en los respectivos territorios, para ir preparando a la gente sobre lo que “habría de venir”.

Me “ficharon”. La primera muestra de ello, la percibí el 24F por la tarde cuando un comandante amigo mío, destinado en el Estado Mayor de Capitanía, para mi sorpresa me advirtió  que me iban a arrestar por “insulto a superior”. ( Se refería al golpista Tejero)

¿Tuvo consecuencias para usted esa apuesta pública a favor de la Constitución?

Sí, me “ficharon”. La primera muestra de ello, la percibí el 24F por la tarde cuando un comandante amigo mío, destinado en el Estado Mayor de Capitanía, para mi sorpresa me advirtió  que me iban a arrestar por “insulto a superior”. Me explicó que en Capitanía se habían enterado de que en la tarde-noche del 23F, en el bar de oficiales, donde los de mi Unidad y los del Batallón de Zapadores (ubicado también en El Copero) veíamos repetidamente en la pantalla del televisor las imágenes de la entrada de Tejero en el hemiciclo del Congreso, yo había llamado  “marrano”, en público,  al teniente coronel Tejero. Y el hecho era verdad; estaban bien informados en Capitanía. Porque a la tercera o cuarta vez que veía a Tejero zarandeando al Teniente General Gutiérrez Mellado, vicepresidente del gobierno, me salió del alma un: “qué marrano; está pegando a un viejo”. Le comenté a mi informador, no obstante, que no tendrían “huevos” de arrestarme por ese motivo. Y así fue.

Desde entonces, algunos superiores y compañeros me han hecho sentir mi “ culpa” por aquel “pecado” que cometí con mi actitud contraria al 23F. En todo caso, ni me arrepiento de ello ni quiero quejarme de las consecuencias: he tenido la suerte  de alcanzar los más altos niveles y los más preciados destinos que la profesión  militar puede ofrecer. El tiempo suele poner cada cosa en su sitio.

Resulta increíble que cuatro capitanes generales (Valencia, Zaragoza, Sevilla y Valladolid) y un almirante acudiesen sin avisar a Zarzuela con exigencias al Rey y que, éste, tras regresar urgentemente de una montería en Jaén les pusiera enfrente al propio Adolfo Suarez al que, cuenta Pilar Urbano y Jesús Palacios en sus respectivos libros, dejó solo ante el peligro. ¿Le cuadra esta visita intempestiva de los generales de entonces y que el Jefe del estado dejase a su Presidente democráticamente desahuciado y a los pies de los caballos de Pavía?

Es buena su pregunta. No sé si así sucedió, pero, en su caso, no le faltaría lógica.

Pedro Pitarch al frente del Ejército Europeo, rodeado de Jefes militares de distintas naciones de la Unión
Pedro Pitarch al frente del Ejército Europeo, rodeado de Jefes militares de distintas naciones de la Unión.

El General Merry, el alcohol y Milans

Me contó en persona el Capitán General Pedro Merry, pocos días después del  intento de golpe, que él desde el primer momento se opuso a secundar lo que le proponía por teléfono Jaime Miláns desde Valencia. Lo que no tuve claro de su explicacion es determinar que le molestó más al General Merry. Si el aviso de Miláns una hora antes de entrar Tejero en el Congreso o que alguien que estaba por detrás suyo en el escalafón del generalato estaba liderando una operación de aquella envergadura y “en nombre del Rey”. ¿Ud que cree? 

Más que hacer un ejercicio de fe, me remito  a lo dicho anteriormente con respecto a la conferencia que nos dieron en El Copero.  Porque lo que no me cuadra es que tal “evento” se programara y desarrollara, avalado por el Estado Mayor de la Capitanía General, sin que lo supiera el Capitán General, Merry Gordon (en cuya silla yo me sentaría muchos años después).

Era un lugar común en Sevilla hablar sobre la afición del general Merry al whisky (y lo digo con respeto y sin ánimo alguno de molestar a nadie)

Hablando del General Merry. Su sucesor en Capitanía, Manuel Saavedra, solía mostrar a sus invitados civiles, además de las dependencias privadas del Capitán General, el rincón donde, supuestamente, “echaba Perico las vomitonas la noche del 23F”.  Hay versiones que aseguran que esa noche el militar de origen jerezano estuvo fuera de juego. La pregunta es muy sencilla. ¿Quién mantuvo la posición constitucional en la Capitanía de Sevilla, el jefe de estado Mayor, Gustavo Urrutia o el gobernador militar de la plaza Manuel Esquivias? ¿O lo hicieron entre ambos? (Uno de los dos, por cierto, llegó a encargar a la Auditoría de Guerra que redactasen el “parte de guerra” por si hacía falta).

Era un lugar común en Sevilla hablar sobre la afición del general Merry al whisky (y lo digo con respeto y sin ánimo alguno de molestar a nadie). Sí puedo certificar que, como en varias ocasiones le transporté (yo como piloto) en helicóptero, su ayudante llevaba siempre una “petaquita” que, al destaparse,  enseguida aromatizaba la cabina. Eso, naturalmente, no significa necesariamente que en la tarde del 23F estuviera “fuera de juego”. Si así fuera, me inclino a pensar que sería el general Urrutia, Jefe de Estado Mayor de Capitanía General, quien afrontó la situación. 

Pese a lo anterior, ¿cree Ud que existió esa tarde noche algún momento de peligro para los sevillanos y andaluces en general y especialmente los militantes o simpatizantes de la izquierda?

No más que en otros sitios si el golpe hubiera triunfado.

Los carros de la División Guzmán El Bueno en Alcalá de Guadaira fueron repostados y municionados, a la espera de una orden del general Jefe Saavedra que nunca les llegó. ¿Fueron esos movimientos en Las Canteras propios de la alerta generada por la ‘Operación Diana’ o pudieron tener otra motivación no confesada?

El general Saavedra Palmeiro, Jefe de la División de Sevilla, estuvo ilocalizable hasta para la persona que siempre le tenía que tener localizado. Según me relató directamente tal persona, cuando apareció el general en el cuartel general de la División, después del mensaje del Rey, le dijo que “había estado en el cine”.

En efecto, esa fue la versión del General Saavedra. A mí incluso  me dió el título de la película que estuvo visionando en compañía de una conocida dama de la sociedad sevillana: ‘Casablanca´. General Pitarch, del 23F hay muchas incógnitas pendientes. A mi juicio una de las principales es explicar por qué generales considerados monárquicos, Armada y Milans en concreto, intentaron un golpe contra el Rey y la Corona tal y como se nos vendió oficialmente.

Yo dudo mucho que con el golpe, tanto uno como el otro, quisieran dañar al Rey y la Corona.

Hay una versión muy extendida en la abundante literatura que ha generado el 23F que menciona al CESID de entonces – CNI de hoy- como el diseñador de la versión española de la “Operación De Gaulle” que era lo que se pretendía en Madrid el 23F. ¿Qué cree que hay de verdad en esta tesis?

No lo puedo afirmar, pero no lo descarto.

Pedro Pitarch con el rey Juan Carlos en unas maniobras celebradas en 2007, siendo Jefe de la Fuerza Terrestre del ET.

El rey, los políticos y el 23F

Ud es de los que piensa que el Rey Juan Carlos, el hombre mejor informado del país, desconocía lo que se tramaba en las conspiraciones castrenses del invierno del 1979/80 o, por el contrario, que junto a otros dirigentes políticos del momento – todos menos Adolfo Suárez que era el gran objetivo a batir- estaba al corriente de los preparativos que acabaron en asonada y con tiros en el Congreso.

Me pide un juicio sobre algo bastante etéreo. Relaté anteriormente mi propia experiencia sobre los preparativos “didácticos” que se hicieron semanas antes del 23F. Inicialmente, estando en mis cosas, no lo valoré como algo grave. Cuando Tejero entró en el hemiciclo, entonces se estableció en mi cabeza la conexión entre los dos hechos (conferencia y 23f). Si, como usted afirma, el Rey era la persona mejor informada supongo que algo sabría o al menos podría imaginarse.

El almuerzo en Lérida: Yo no le daría mayor importancia. En mi opinión, entra en lo probable que ese almuerzo respondería a un interés mutuo

Se ha hablado mucho del famoso almuerzo en Lérida, antes del 23F, del General Armada con políticos socialistas como Antoni Siurana, Enrique Múgica y Joan Reventós. Y se ha especulado bastante porque no era normal en esa época que un gobernador militar invitase a comer a políticos, especialmente de la izquierda y en una dependencia del Ejército. ¿Le parece digno de análisis ese singular almuerzo o por el contrario fue algo institucional, rutinario, casual y sin mayor trascendencia?

Yo no le daría mayor importancia. En mi opinión, entra en lo probable que ese almuerzo respondería a un interés mutuo. De los políticos por conocer cómo respiraba el Ejército, a través de las opiniones de un general muy cualificado como era el general Armada. Y en éste, mirando al futuro, como medio de mejor relación  con políticos de primera fila.

El Ejército, en general, ha aparecido durante 35 años como principal responsable de aquella intentona. Sin embargo nunca se profundizó en la investigación de la denominada “trama civil” del golpe que solo alcanzó al sindicalista Juan García Carrés. ¿Por qué cree que no se investigó esa parte de la trama? ¿Hubo interés en cubrir el expediente montando una vista oral de puro trámite en Campamento?

El alcance de la llamada trama civil ha quedado, al menos de momento, en el limbo. Aunque me figuro que iría más allá del señor García Carrés, porque no sería razonable pensar que los militares planearan una operación de la envergadura de un golpe de estado, sin contar con apoyos civiles. Por otra parte, efectivamente, no se investigó demasiado, pero no solo en el plano civil sino tampoco en el militar. En éste se limitaron a juzgar a una treintena de oficiales (lo que usted llama vista oral de Campamento), cuya implicación era tan manifiesta que resultó inevitable procesarles. Si hubiera habido interés o fortaleza política suficientes para llegar al fondo de la cuestión, con el Código de Justicia Militar en la mano hubieran sido muchos los cientos que se habrían sentado en el banquillo.

No sé si tiene Ud alguna explicación lógica y convincente, dada su experiencia y trayectoria profesional, del motivo por el que, 35 años después, sigue “clasificada” abundante información sobre lo sucedido  alrededor del 23F.

Entiendo que se trata de evitar reabrir heridas. Fíjese que la guerra civil terminó hace 77 años y todavía sus consecuencias —vía Ley de la Memoria Histórica, por ejemplo— están muy presentes en la vida política española.

¿Cree que la información reservada existente, que ni socialistas ni populares han querido desclasificar desde el gobierno, podría aportar novedades trascendentales que nos hicieran cambiar la versión oficial del 23F?

Lo desconozco.

El General Pitarch en la Place Kleber de Estrasburgo como Comandante General del Cuerpo de Ejército Europeo, presidiendo un acto institucional. A su derecha el Alcalde de Estrasburgo y a su izquierda el Prefecto de la Región.

El golpe ‘vacunó’ a los militares

El llamado “tejerazo”, además de generar inestabilidad en la joven democracia española, sirvió para deteriorar la imagen de España en aquellos momentos ante un perplejo mundo exterior. ¿Cree que el 23F nos perjudicó también en el proceso de integración de España en la OTAN? ¿En qué aspectos?

Lo que usted llama “tejerazo” estaba llamado a ser el iniciador de un proceso que luego afortunadamente  abortó. Era el pistoletazo de salida para los que estaban comprometidos con el golpe. En mi opinión, no tuvo efectos negativos por lo que de entrada en la OTAN se refiere. Por el contrario fue un acicate para que los gobiernos aceleraran y promocionaran la entrada de España en la Alianza Atlántica. Recuerde que, en diciembre de 1981, el Gobierno de Calvo Sotelo comunicó a la OTAN su intención de adherirse al Tratado de Washington. Inmediatamente la Alianza envió la invitación a Madrid y, el 30 de mayo de 1982, España pasó a ser miembro de la OTAN. A final de ese mismo año, un nuevo gobierno, presidido por Felipe González, congeló la integración. Luego, se convocó el referéndum de 1986 en el que el gobierno, enterrando su chip “OTAN de entrada no”, se volcó en un Sí que significaba la permanencia y descongelación de la integración. En resumen, el fracaso del 23 F no solo no fue obstáculo, sino un facilitador de la entrada de España en la OTAN. Estoy convencido de que si el golpe hubiera prosperado, la entrada en la OTAN no se habría producido cuando realmente sucedió.  

Ud, que era Capitán en febrero de 1980, con el paso de los años acabó ascendido al empleo de Teniente General y con grandes responsabilidades en el Ejercito español y europeo. También fue entre 2006 y 2007 el titular en la Capitanía General de Sevilla. Le pregunto por cómo los profesionales jóvenes de aquellos ejércitos de los 80, Ud mismo, fueron capaces de superar un desgarro como el que supuso la intentona de Tejero, diseñada por los generales más monárquicos y prestigiosos dentro de la milicia española.

A pesar de lo profundamente antidemocrático que supone un golpe de estado, su fracaso tuvo una consecuencia clara: “vacunar” a los militares (al margen de hechos anecdóticos puntuales), especialmente a los más jóvenes, frente a nuevas intentonas golpistas. 

Precisamente, en un reciente artículo, “Política sin red”, publicado en “Confidencial Andaluz”,  decía que hoy los cuadros de mando están totalmente  imbuidos de los valores democráticos, cuyo más evidente rasgo es el pleno respeto a la Constitución y las leyes

Los militares de otros países de nuestro entorno, con los que Ud ha tenido oportunidad de trabajar en estos años ¿como cree que analizaron lo que había pasado en España, algo por otra parte impensable en sus respectivos países y guarniciones?

Los ejércitos, en general, son conservadores, entendiendo como tal a que tienen una función constitucional o legal de “conservar” el orden democrático, o el que rija en cada país. Nada había más conservador, por ejemplo, que el ejército soviético en tiempos de la URSS. No obstante, todos deben tener muy claro que las Fuerzas Armadas, en cualquier país democrático, no pueden ir por libre. Están subordinadas al respectivo gobierno de la nación.

Tres décadas largas después de todo aquello para la inmensa mayoría de españoles les resulta impensable que pudiese repetirse hoy algo similar a lo sucedido el 23F. No obstante tenemos sobre la mesa, mucho más agravado que entonces, el problema secesionista y que amenaza algo tan sagrado como es la unidad territorial de España. ¿Cree que el debate militar sobre este asunto, actualmente, no saldrá de los Cuartos de Banderas? 

Creo que no. Precisamente, en un reciente artículo, “Política sin red”, publicado en “Confidencial Andaluz”,  decía que hoy los cuadros de mando están totalmente  imbuidos de los valores democráticos, cuyo más evidente rasgo es el pleno respeto a la Constitución y las leyes, así como la subordinación al poder constituido. Pero, como consecuencia de lo anterior, también trataba de lanzar un mensaje omnidireccional, con especial acento en los políticos, sobre esos riesgos que usted menciona, afirmando que hay que llevar mucho cuidado con los experimentos, porque ahora lo que se haga en el trapecio político, se ejecuta sin red. Tal cual.       

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