Si ya lo dicen: “Dios los cría, ellos se juntan”. Nadie se da cuenta que las únicas víctimas son ellas. Incluso son atacadas por feministas, con argumentos de liberalización. Dicen: ¡Las tenemos que liberar! ¿Liberar de qué? ¿Acaso me ves presa? Incluso son capaces de afirmar que el feminismo islámico no existe. Puedo ser musulmana, feminista, llevar hiyab y ser anarquista. Los argumentos de esta parte del feminismo enajenado son falsos. Dejemos de banda los prejuicios de superioridad occidental. A mí nadie me impone mis ideologías. ¿Qué hay fanáticos que lo imponen?, no lo niego. Pero apenas saben ellos de la Religión como para implantarla. Si hay que nombrar que el fanatismo Islamoide impone sus ideologías, ¿por qué no se nombran a los islamófobos que reprimen mi libertad? ¿Quién habla de estos últimos? Al fin y al cabo todo se reduce a lo mismo: no somos dueñas de nuestros pensamientos, ya lo dicen “nos han lavado el cerebro”. Nos definen como cuerpos sin cabeza, sin capacidad racional.

En primer lugar encontramos a aquellos dispuestos a dar lecciones a las mujeres, como si ellas no tuvieran suficiente capacidad como para recapacitar de lo que creen que es adecuado y no. Ahí están… comparándolas con joyas, manzanas o caramelos… Para el fanatismo Islamoide, somos objetos. Dicen de proteger el honor de la mujer, pero con segundas intenciones: impedir su libertad. Para estos, no somos sujetos activos de participación. Cabe añadir, la mirada islamoide, aferrada a sus convicciones patriarcales (anti coránicas) convierte a las mujeres en el chivo expiatorio. Los derechos de las mujeres permanecen ocultos por la mayoría que no saben articular su saber e ignorantes que se pronuncian sin saber.

“Si los derechos de las mujeres son un problema para muchos hombres musulmanes de hoy, no es por causa del Corán ni del Profeta, ni de la tradición islámica, sino simplemente porque estos derechos entran en conflicto con los intereses de una élite masculina” Fatema El Mernissi.

Entonces encontramos a los otros fanáticos, que fijan todo su odio en ellas: los islamófobos. Y de estos señores, nadie habla. Apenas se nombran los casos de islamofobia de género.

Buscan su liberalización mediante la violencia. O se integra o la obligan a emigrar de su País. Incluso la nombran prostituta del ISIS. No son capaces de entender que la mayoría, escogemos ir cubiertas por voluntad propia. Mejor dicho, no quieren entenderlo. No les importa, no es su finalidad. No es signo de aprecio el hecho de que quieran “liberarnos”. ¿Integrarme? Tampoco acabo de entender tal concepto des de su punto de vista. Puedo vivir perfectamente en una sociedad europea siguiendo mi religión ya que esto no me impide asumir mis obligaciones cívicas, ni participar en diversas actividades sociales, políticas y culturales. Esto es integración. El respeto mutuo. Tanto hablar de ello nos hace olvidar de la Declaración universal de los Derechos Humanos, que reconoce la libertad religiosa y cultural. ¡Ah! Que me largue a mi País. Soy española, ¿Dónde emigro? Este es mi país y aquí es donde quiero construir una sociedad mejor, lejos de prejuicios. Deberían ampliar sus miras y hacer introspección antes de juzgar al prójimo sin ton ni son.  Nos denominan prostitutas del ISIS sin saber que son nuestros más grandes enemigos. Pero ¿para qué dar tantas explicaciones? Tampoco lo comprenderán. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo vamos a estar ignorando este grave problema del cual nadie habla?

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