Soy feminista desde que tengo uso de razón, feminista de las de siempre, de las de diccionario, de las que defienden que “las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres” (definición número 1 de la RAE del término feminismo), sin más retorcidas vueltas. Sin embargo, en los últimos tiempos parece que se extiende como la pólvora un nuevo feminismo, superior, omnisciente e indiscutible, formado por mujeres (y exclusivamente mujeres, porque los hombres “no pueden” ser feministas, según esta nueva interpretación del término), tocadas por la varita de la sabiduría suprema. Son ellas las que determinan el bien y el mal, las que vienen a sembrar la luz en esta oscuridad en la que vivíamos algunas, ilusas, creyendo que éramos mujeres autosuficientes y libres capaces de decidir por nosotras mismas. Es este nuevo feminismo el que nos dice que no existe el instinto maternal, aunque muchas lo hayamos sentido con todas nuestras fuerzas; el que nos insulta si no seguimos sus propias reglas; el que nos humilla si queremos maquillarnos, someternos a una dieta, teñir nuestro pelo o ponernos tetas, y además, enseñarlas en una revista, o si optamos por dejar de trabajar fuera de casa para cuidar de nuestros hijos. Es el feminismo que crea mujeres de segunda o incluso tercera categoría, según se adapten o no a los criterios impuestos, ahora no por hombres, sino por otras mujeres. Es el feminismo en contra de la GESTACIÓN SUBROGADA.

Con respecto a este tema, han lanzado una campaña agresiva, basada en mentiras y desacreditación, en el insulto y la humillación, generando una oleada de odio hacia estas familias, hacia sus hijos, y hacia todas las personas que defendemos que la GESTACIÓN SUBROGADA debe ser legalizada en España YA, como una técnica de reproducción asistida más. Nos han convertido en monstruos, han difundido imágenes tan duras como bebés con etiquetas de precio, barrigas de embarazadas – siempre tan hermosas – con códigos de barras -, niños colgados en cuerdas de tender, otros expuestos en vitrinas de comercios… Han convertido a estos menores, nacidos de uno de los mayores actos de amor y solidaridad de los que somos capaces, en objeto de discriminación, llamándolos “productos” y diciéndole a sus padres y madres que los han comprado.

“Una campaña a favor de alquilar mujeres pobres para que gesten niños para personas adineradas, ha irrumpido en la agenda política (…)” (extracto con el que se presenta el acto contra la Gestación Subrogada del día 7 de octubre en Madrid). Ante afirmaciones de este tipo, personas no informadas sobre la realidad de la Gestación Subrogada, se llevan las manos a la cabeza y apoyan campañas de acoso y derribo contra aquéllos que defendemos esta técnica. El problema, que este extracto ES ABSOLUTAMENTE FALSO. Como feminista, como mujer DISPUESTA A GESTAR EL HIJO DE OTRAS PERSONAS DE FORMA LIBRE Y CONSCIENTE, es un insulto desde la primera hasta la última palabra. El trastorno obsesivo compulsivo geográfico que sufren las feministas de esta tendencia, para las que las fronteras del mundo empiezan y acaban en la India, unido a esa sordera genital (sólo están dispuestas a escuchar lo que les sale de los ovarios), que ignoran las voces de mujeres que ESTAMOS DISPUESTAS A GESTAR POR LOS QUE NO PUEDEN, SIN SER “POBRES” NI ESTAR “FORZADAS”, llevan a sacar conclusiones basadas en falacias y viles manipulaciones. No, señores y señoras, no queremos explotar a la mujer. No, no somos el pueblo inculto que necesita que le guíen y le digan cómo vivir su vida y qué hacer con ella. No, el FEMINISMO con mayúsculas no son este grupo de mujeres que han hecho suyo el lema de la segunda mitad del S.XVIII “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, transformándolo en “todo para las mujeres, pero sin las mujeres”. No necesitamos un feminismo ilustrado, gracias. Queremos ser libres para decidir, para elegir nuestras opciones de vida, para hacer con nuestro cuerpo lo que nos dé la gana, sin ser señaladas como mejores o peores mujeres por ello. Yo sé lo que quiero, dejen de guiarme por el buen camino de SU visión del feminismo.

No cabe duda de que existen “granjas de mujeres” y una abominable mafia que trafica con la capacidad de gestar de éstas, y que las personas que defendemos la Gestación Subrogada ESTAMOS TOTALMENTE EN CONTRA DE DICHA PRÁCTICA. Pero en esos mismos países, se obliga a casarse a las niñas cuando tienen su primera menstruación, o incluso antes, y sin embargo, todavía no he visto a ninguna “feminista” con pancartas delante de iglesias y juzgados españoles pidiendo la penalización del matrimonio y su total abolición, ni encabezando charlas y debates en contra de esta institución. El motivo: en España el matrimonio está regulado, y se acude a él voluntariamente. En resumen, prácticas de explotación de la mujer en países pobres pueden ser inocuas en estados desarrollados, donde una buena regulación de las mismas asegura los derechos de todas las partes. Y eso es lo que queremos con respecto a la Gestación Subrogada, que se convierta en una práctica perfectamente regulada, donde una mujer pueda decidir por sí misma, de forma libre y consciente, si está dispuesta a gestar el hijo de otras personas. Las leyes deberán garantizar que no exista razón económica, entre otras muchas cosas que tendrán que ser reguladas.

       LA GESTACIÓN SUBROGADA NO EXPLOTA A LAS MUJERES.

LAS MUJERES DISPUESTAS A GESTAR LOS HIJOS DE AQUELLAS PERSONAS QUE NO PUEDEN HACERLO POR SÍ MISMAS, EXISTIMOS, y cuanto más nos ignoren, cuanto más traten de hacernos invisibles con frases como “ninguna mujer estaría dispuesta a pasar por un embarazo y un parto si no hay una razón económica detrás”, más alto gritaremos que NADIE LES HA PEDIDO QUE HABLEN POR NOSOTRAS. Estamos aquí, y lo vamos a conseguir.

 

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