Cuando en 1914 Benito Mussolini abandona el Partido Socialista de Italia (PSI), donde había tenido un papel muy destacado, lo hace desde una concepción vitalista de la política que le llevará, al paso de unos años, a encabezar un movimiento que no duda en usar la violencia como principal táctica de conquista del poder hasta el punto de que la táctica ha pasado a la historia como el principal componente del fascismo, pero había más cosas.

En 1919 Mussolini funda los Fasci Italiani di Combattimento con un programa básico que a la postre se demostrará cambiante e intercambiable, y unos seguidores “camisas negras” dispuestos a seguirle fielmente. Lo único importante para él  es llegar al gobierno en el menor tiempo posible, aunque el punto de partida del fascismo es un socialismo fuertemente nacionalista que reivindica un papel preminente de Italia en la configuración de una Europa en ese momento renqueante.

Al margen de ese punto de partida, y de los debates académicos sobre la naturaleza doctrinal del fascismo,  lo cierto es que el fascismo de Mussolini, – en definitiva el realmente existente a lo largo de la historia – se nos presenta como un producto asombroso de adaptación a las circunstancias. “Donde dije digo,  digo Diego” si con eso se alcanza lo único importante: llegar a conquista el poder en un periodo de tiempo mínimo. Más o menos socialista, según el momento y también según el auditorio. Más o menos radical en los modos y las formas. Mussolini es ciertamente el maestro del giro estratégico, de la ambigüedad calculada y de la apelación a las emociones sin ofrecer un cuadro programático claro sobre lo que desde el lado de la política se quiere hacer con un país. Finalmente el producto político fascista es un populismo  intervencionista que pacta con las fuerzas de la derecha para contener al comunismo renunciando antes a sus pulsiones revolucionarias iniciales.

Eso es el fascismo que realmente existió en la historia, y lo demás son estereotipos o discusiones académicas. El fascismo es el abuelo irrenunciable de todos los populismos que ahora existen y circulan por el mundo, sea o no reconocido por sus protagonistas. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y a nadie mínimamente inteligente en la Europa democrática se le ocurre reivindicar ya la violencia como método de conquista el poder, como tampoco la dictadura del proletariado está ya en la agenda de ningún partido comunista.

Pablo Iglesias, que encaja bien en el concepto de lobo con piel de cordero, es un estudioso de las ideas políticas y creo que siente una cierta fascinación por los movimientos de masas del siglo pasado. Siguiendo a Ernesto Laclau ha reconocido que el comunismo no gana elecciones y ha buscado nuevas referencias, recursos y abrigos emocionales.

Iglesias como Benito Mussolini, se ha convertido en un maestro del oportunismo y, por tanto, del giro estratégico; ha comprendido perfectamente bien el componente mayoritariamente emocional que mueve a los votantes; ha renunciado a los programas máximos en materia social, a favor de un vago intervencionismo estatal adaptable a las exigencias del momento; incluso, cada vez son más frecuentes su apelaciones a  la patria y al patriotismo como elemento de encuadre de sus simpatizantes, algo que nadie se había atrevido hacer en nuestro país durante los últimos cuarenta años. “Nosotros recuperaremos la bandera de la patria”, dice, aunque no dude en buscar alianzas con movimientos independentistas. Realmente asombroso. Todo esto podría tener algún nombre. No lo llamo fascismo, lo llamo izquierda fascistizada.

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6 Comentarios

  1. Para tener en cuenta tu respuesta, al menos dinos por qué te parece vomitivo el artículo.

    Llevo mucho tiempo definiendo a Podemos y a su líder, como muy próximos al fascismo. Y cada vez que hablan, más me reafirmo en ello. A cada momento, dan un argumento a favor de ello.

  2. Si todo movimiento popular de izquierda te parece fascista es porque el fascismo imitó el lenguaje y estética de los movimientos populares de izquierdas.Solo hay que leer la contestación de Mussolini a la carta que le mandó J.A. Primo De Rivera pidiendo consejo.
    Que a veces pareces tonto.

  3. Magnífico y acertado artículo. Pablo Iglesias oportunista que cabalga a lomos de la partidocracia, ha controlado la disidencia civil del 15M y ahora, a la manera fascista, trabaja para integrar a las masas en el Estado. Esto sucede porque nuestro régimen, una monarquía de los partidos, no permite la representación política. Así, los votantes se identifican con las facciones del Estado, que buscan su inquebrantable adhesión, y confunden eso con estar representados. La representación política no es un sentimiento, es un hecho jurídico que en España simplemente no existe. España jamás ha conocido la democracia como forma de gobierno porque jamás ha tenido la separación plena de los poderes. No la tuvo tampoco ninguna de los dos repúblicas que hemos tenido.

    Hoy, como durante la dictadura de Franco, existe una división de funciones que no es en absoluto, lo mismo que la separación de los poderes mediante elecciones separadas para el legislativo y el ejecutivo.

  4. Esta interpretación del fascismo, identificándolo con posiciones populistas, reconoce posiciones historicistas de derecha. A Mussolini e iglesias los identifica la egolatría, el empirismo y poco más. Los catedráticos de la Complutense asesoraron a Chávez y otros gobiernos de la región, atraídos por las buenas pagas. Una vez colaborando, fueron influenciados por estos sistemas populistas y reformadores, de centro izquierda.
    Mis tomos en papel y kindle sobre Perón y sus primeros gobiernos en Argentina, me permitieron explorar a fondo los matices combinados del populismo latinoamericano. Este brillante militar fue un democratizador social y un tirano político a la vez. Yo viví allí esos años. Lula, y en parte Chávez, prescindieron de la fórmula tiránica medio siglo después, desarrollando medidas sociales de importancia, hasta que las commodities se hundieron, arrastrando al pozo ciego de la Historia las bases materiales de esos procesos, mechados de cierta corrupción, inevitable causa de aparato en tales experiencias. Al carecer de la misma base y con una historia patria negra, Sýriza fracasó. Los votantes españoles no lo pasaron por alto. Tampoco los argentinos y brasileños, validando en una forma u otra retrocesos neoliberales bajo patrocinio USA-FMI-Banco Mundial. Hoy el 15M es una efeméride para Unidos Podemos, pero el populismo maniobrero de sus capitostes no es fascista. En realidad carecen de rigor, y en parte de principios, pero reclaman medidas sociales necesarias y admiten a España como una nación de naciones, cosa que el centralismo fascista eludió expresamente, envolviendo a los italianos en La Patria y sus símbolos como solución forzosa, sentimental y militarizada.
    La confusión conceptual del autor de la nota no es casual. El pasado nos persigue implacable de no superarlo. Javier López proviene de medios que la extrema derecha española pondera, y en consecuencia los emplea según le guía su instinto político y social de clase, ilustrando a la suya con los rudimentos correspondientes.

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