J. Sieyès planteó en 1789 varias cuestiones para el desarrollo de las ideas constitucionales presentes en la Revolución Francesa “¿qué es el estado llano? Todo, pero un todo trabado y oprimido ¿y qué sería sin el orden privilegiado? Todo, pero un todo libre y floreciente”.

En este sentido la cultura, trabada y oprimida, no puede ser una moda sostén de lujos y derroches de los privilegiados. Las modas de los privilegiados/as no pueden ser el metarrelato de la sociedad actual. Estas modas no pueden ser la base sobre las que se asienten las ideas que plantearán el futuro. Estas modas no son experimentales, sino cíclicas, efímeras y carentes de razón política y crítica para el beneficio común de las naciones. Se aferran al tiempo que duran como productos dinamizadores de la economía particular e interesada al servicio del mercado y sus medios de comunicación.

¿Y por qué digo esto? Porque últimamente se observa en muchos de los eventos culturales más mediáticos como se repite un mismo patrón, la participación de “muchachas/os popis” y progres, nuevos y viejos burgueses convertidos en Indianas Jones que buscan la razón humana perdida o ricas/os que estudian una carrera, que lo hacen porque “la cultura es una monada” y ellos/as se ven en la obligación moral de materializar el factor intelectual de las nuevas corrientes ideáticas acaparando todos los debates.

Estamos cayendo una vez más en graves errores bien estudiados y explicados por la ciencia histórica, el avance de la desigualdad social y el abandono, en manos de la clase oligárquica y sus intereses de mercado, de importantes parcelas de la democracia ¿por qué? porque la cultura lo es todo y no puede quedar en manos de unos cuantos/as mientras que el tercer estamento se enfrenta a la precariedad laboral y el descrédito de sus carreras y otros estudios. ¿Cuál será el fin de esta nueva situación? Que los estudios superiores y su ejercicio quedarán una vez más entre las élites sociales y, por tanto, también lo fundamental para el desarrollo de una sociedad crítica, sana y libre, la educación y sus valores.

En la actualidad a los/as integrantes del tercer estado que poseen unos estudios universitarios, el sistema no les aportará las mismas oportunidades de ejercicio profesional que a las clases sociales superiores, estableciendo desiguales niveles de beneficios socioeconómicos. Esto conlleva que el tercer estado continúe al servicio de la alta sociedad en límites casi feudales, como consecuencia de la dictadura del mercado y, lo que es aún más preocupante, el gobierno de los mediocres y sus modas, que acaparan los puestos directivos más importantes. Las clases sociales privilegiadas, convertidas en una masa política de usureros, son cada vez más improductivas recayendo sobre el pueblo los sacrificios nacionales.

Esta nueva situación de servidumbre neofeudal se vislumbra en el plano económico, jurídico y social. Económicamente los sueldos son cada vez más bajos a cambio de mucho más tiempo de trabajo, falta de conciliación familiar, la precariedad y desigualdad laboral, la culpabilidad del trabajador/a en la falta de rentabilidad productiva y sus consecuencias económico-laborales, supremacía del sector servicio frente a los demás sectores, deslocalización productiva y las necesidades de gran parte del tercer estado emprendedor autónomo, que toma los modos burgueses como una de las virtudes de la nueva sociedad liberal, mientras los medios de producción reales continúan en manos de las élites económicas.

Jurídicamente asistimos a la impunidad de las élites frente a acciones fraudulentas y cómo la separación de poderes se desvanece ante nosotros/as. Los poderes judiciales se han transformado en zombis por la dictadura de la ideología liberal y el auge de pertenencia al estamento en la cima de la sociedad piramidal. “¿Qué es una nación? un cuerpo de asociados que viven bajo una ley común y representados por la misma legislatura”.

Socialmente vemos el adormecimiento de la razón crítica, el desconocimiento total del sistema y el desinterés general por la igualdad ante la ley. El sistema acapara nuestro tiempo pero también nuestra razón, alineada por la psicología de la crisis perpetua del sistema que no nos permite disfrutar del único bien que posee cada ser humano, la vida. Vivimos en un sistema económico enfermo que nos absorbe todas nuestras fuerzas.

El pueblo “¿Qué ha sido hasta el presente en el orden político? Nada”. El tercer estado está secuestrado, su voz ha perdido toda la fuerza y su poder constituyente comienza a perder intensidad ¿qué es el pueblo? Todo. ¿Qué es la cultura? Todo.

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