Sin lugar a dudas vivimos el  tiempo de la vergüenza, esa que nace en el corazón de una Europa deshumanizada e incapaz de dar respuesta al dolor ajeno de miles de refugiados/as que hoy se arremolinan en campos de concentración nevados y entre alambres de espino esperando la oportunidad de vivir en paz y alejados del horror de una Guerra que en las fronteras del Mare Nostrum desangra día tras día a Siria en una espiral de dolor permanente.

Vive así Europa su particular “Deja Vu” , ese que la enfrenta a lo peor de su historia y la reencuentra con los fantasmas de la insolidaridad que sembró de sinrazón y odio un tiempo no tan lejano en donde millones de personas murieron como consecuencia de la represión, el exilio y la indiferencia de aquellos que entonces miraron hacía otro lado mientras la muerte avanzaba entre los más débiles.

Hoy de nuevo Europa se enfrenta al desafío de estar a la altura con su presente y con su futuro, con lo que es el proyecto europeo y lo que quiere llegar a ser, es este el camino que se bifurca hoy entre quienes conforman el poder en los dorados salones de Bruselas, en donde se toman las decisiones que hoy condenan a la esperanza o a la ignominia a quienes en un éxodo permanente no encuentran muros que frenen sus deseos de vivir en paz y libertad.

Y frente a este deseo humano, lógico e irrefrenable, a la vida, al doloroso exilio y al asilo justo no caben fronteras ni límites en una Europa construida desde los valores de la defensa de los derechos humanos y las libertades , no por menos es en este marco en el que se asientan los pilares del proyecto Europeo y a los cuales la Unión en su conjunto no puede renunciar, pues de hacerlo se estaría traicionando al propio espíritu que sirvió para la construcción de la Europa que hoy conocemos.

De esta forma, vivir hoy en silencio ante el drama y el dolor ajeno es ser culpable de los crímenes que hoy se presentan de manera diaria ante nosotros. Es por lo tanto así un valor irrenunciable de la ciudadanía alzar la voz frente a quienes desde el poder institucional traicionan el marco de convivencia democrática plural del que los europeos y europeas nos hemos dotado, traición que hoy se lleva a cabo con la omisión y la acción de las instituciones europeas, por omisión, permitiendo  la vulneración constante y permanente de los derechos humanos en forma de violaciones, torturas, represión o muerte y por acción, con todas aquellas  medidas que violan normas tan fundamentales como la carta de derechos de la Unión Europa en donde se garantiza el derecho de asilo dentro del respeto a las normas de la Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 y del Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados y de conformidad con el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea.

Hoy Europa esta secuestrada, raptada por la indiferencia y la insolidaridad de quienes dicen representarnos en cámaras que sólo sirven al poder económico en cualquiera de sus formas, no vale igual como antaño la vida del débil que la del poderoso, la del ciudadano francés asesinado vilmente por el terrorismo yihadista que la de los niños sirios muertos en la costa griega. No valen  igual las violaciones de las decenas de mujeres alemanas que las de miles de mujeres sirias desesperadas por poder vivir y huir del terror. En definitiva, no vale lo mismo nacer libre que querer serlo.

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