Las mujeres somos el ingrediente imprescindible que todo sistema patriarcal necesita para que sus platos sean un manjar en condiciones. Y como todo componente preciado se han de poner todos los empeños para que en su proceso de germinación y maduración no se rompa la cadena de linaje con su creador. Todo cuerpo de mujer queda debidamente certificado con su sello de garantía patriarcal. La impronta machista es el caldo que ahoga las libertades de las mujeres, marcando a lo largo de sus vidas los límites de lo que puede o no puede pensar, sentir y hacer.

Ahora le ha tocado a María, o mejor dicho, al escote de María… ¡Ay María! Valiente osadía la tuya saltarte las normas y decidir sobre tu cuerpo. Otra vez, el cuerpo de la mujer es el causante de la inverosímil incontinencia sexual de los varones, o al menos, de algunos. Tiempo le faltó al profesor para corregir públicamente a la alumna, y dejar clara su debilidad por los escotes. También su falta de autocontrol ante la carga sexual que le produce el cuerpo de una jovencita… Y sí, como cuenta la leyenda, el escote de María es el causante del mal. Debe ser castigado. ¿Y cómo se consigue? Con el apoyo de la moral de esta nuestra sociedad, que lejos de condenar sin titubeos, prefieren deleitarse con el escote de María, ese que salvo el profesor nadie parece haber visto. Esto es mucho pedir. Si hay algo de lo que nos gusta hablar en España es del cuerpo de las mujeres: Cristina Pedroche, Beyoncé, Ana Obregón… Y de sus escotes. ¿No me creen? Estos son los escotes de famosas que más han dado que hablar en 2015…

La tela es al cuerpo de las mujeres lo que el invernadero a las verduras, las protegen a la vez que las hacen más productivas para cumplir con los fines del sistema patriarcal-capitalista, que como sabiamente decía mi padre, “mismo perro, distinto collar”.

Y es que en asuntos de cuerpos y telas siempre hay que opinar. Al menos eso debió de pensar otro profesor al ver a Soraya, o mejor dicho, al velo de Soraya. No sabemos si quería ver el escote de la joven o no, lo que sí que sabemos es que aquella tela le estorbaba. Él, un varón con poder, profesor en Magisterio, se sintió con derecho a opinar y marcar con el sello machista su rechazo al libre ejercicio que toda mujer tiene para tomar decisiones sobre su cuerpo. Sobra decir que terceros aprovecharon la coyuntura para opinar sobre el cuerpo de una mujer, esta vez velada, y las decisiones tomadas sobre su cuerpo, y aprovechando la coyuntura, se aderezaron con esas ricas soflamas islamófobas que tan impunemente se suceden en esta, nuestra querida España.

No importa lo que hagas mujer… para nuestra sociedad, siempre será tu culpa. Si te violan es tu culpa. Si te maltratan es tu culpa. Si te acosan es tu culpa. Si te humillan es tu culpa. Si niegan tus derechos constitucionales es tu culpa. Si secuestran un avión “por amor” es tu culpa…

Traigo aquí las palabras de la pensadora Carme Cámara Fernández:“La IGUALDAD de derechos, se conseguirá el día que TODOS y TODAS estemos dispuestos a renunciar a nuestros privilegios. Y no solo unos cuantos a algunos privilegios. Ser hombre, blanco, occidental, es un cumulo de privilegios. Privilegio de partir de la presunción de “inocencia”. Privilegio de poder ofenderte si una minoría te señala y te cuestiona. Privilegio de saberte en la cúspide de un organigrama estructural social y económico. Privilegio de que tu libertad de expresión, la creas por encima de “otras libertades de expresión”.

¿Y ellos? Dando clase, gracias. Y así es como entre fogones se cocina esa España con denominación de origen patriarcal.

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