Sin lugar a dudas nuestro país vive hoy, un mes después de las elecciones generales, un escenario de cambio de ciclo y de tiempo marcado por la irrupción de nuevos partidos políticos en el panorama nacional y por ende, un necesario nuevo tipo de parlamentarismo real más cercano al sentido de este concepto que al modelo de estos cuatro años en donde el gobierno del PP hizo de la mayoría absoluta una perfecta apisonadora del necesario diálogo que siempre debe existir entre las diferentes fuerzas políticas.

Así y en un ámbito en donde la suma y la resta, el voto a favor o en contra y la abstención parecen los invitados a la mesa política del día a día no deja de sorprender el trampantojo valleincliano en el que las fuerzas políticas parecen haberse enclavado, todo ello con escenas esperpénticas como la de la comparecencia de un Pablo Iglesias en levitación constante para anunciar un gobierno y un deseo de pacto con el PSOE –para no pactar- o la actitud del PP y de su líder Mariano Rajoy que haciendo bueno los tópicos de su galleguismo ilustrado es capaz de hacer de la no inacción política una acción de estrategia en ese ni entro ni salgo ni sí ni sino que en todo caso no viene más que a dibujar un escenario complejo para el país. Y a todas estas el PSOE en la lógica de esta ilógica secuencia de actos intenta llevar a cabo su particular pasapalabra en el intento de zafarse de la estrategia de desgaste fruto de la pinza a la que PODEMOS y el PP parecen querer llevar al PSOE ante el probable escenario de nuevas elecciones generales en nuestro país. Es aquí en esta posición de enroque de las posiciones en donde la Casa Real asiste a su particular día de la marmota, iniciándose de nuevo esa repetición de reuniones en las que el jefe del estado Felipe VI asiste con asombro a la desestabilización de su propia institución por alguien supuestamente tan monárquico como el presidente en funciones Mariano Rajoy, que sabedor que ante un debate de investidura el voto en contra de todas las fuerzas políticas mayoritarias en el hemiciclo enterraría de una vez por todas su carrera política, algo que a estas alturas parece no apetecerle al actual inquilino de la Moncloa, aun cuando su interés particular vaya en contra del interés general y produzca un enturbiamiento aún mayor de la escena política en nuestro país afectando incluso a la figura del rey.

De esta forma, cada día que pasa parecen más claros los intereses de aquellos partidos políticos que hoy ocupan la escena pública, unos como el PP jugando en un escenario de posible adelantado electoral que sólo serviría para aumentar sus apoyos en detrimento de ciudadanos y otros como PODEMOS buscando ocupar el espacio electoral del PSOE con una estrategia de envolvimiento en dos ejes: El primero en un escenario de posible adelanto electoral, enviando el mensaje a la ciudadanía de nuestro país y en concreto al electorado socialista en donde se presentaría a un PSOE anacrónico que dominado por los “Barones” impide un gobierno de progreso en España y por lo tanto que ya no es una herramienta útil. El segundo, en un escenario de gobierno de cambio poniendo contra la pared a un PSOE que o bien debería ir al ritmo de lo marcado por los Podemitas o bien aparecer ante la escena público como un partido que es incapaz de llevar a cabo esa nueva hoja de ruta anunciada por el bien de la ciudadanía a bombo y platillo por los líderes de la formación morada.

En definitiva, es curioso asistir a como la confluencia de intereses del PP y PODEMOS por un lado y de PSOE y CIUDADANOS por otro, cara a enfrentar un posible adelanto de elecciones en nuestro país va a determinar en gran medida el juego estratégico que cada cual seguirán en los próximos días para aparecer lo mejor posible en esa foto fija de la celebración de unos nuevos comicios. Ah y de los problemas de la ciudadanía, de esos ya nos preocupamos en otro momento. Ahora no toca.

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