Desde que rebrotó con inusitada virulencia el guadianesco asunto de Cataluña –Rajoy recordará ya para siempre aquella recogida de firmas contra la reforma del Estatut–, siempre se ha tomado como un problema y no como un nuevo horizonte esperanzador por explorar para los pueblos, tanto el español como el catalán en su conjunto. De ahí que hayamos llegado a esta fase berlanguiana donde el despropósito es ya de tinte nacional. Y ya aprovechando la producción cinematográfica del genio valenciano, no por acudir al “todos a la cárcel” se va a sepultar el asunto. Ni mucho menos. Es algo que todos sabemos en mayor o menor grado de asimilación interna y de cara a las respectivas huestes electorales.

La ley es la ley, sí, por supuesto; pero también claro que existe otra realidad por encima de ella: la de los que se la saltan de forma indiscriminada sin fin alguno y también la de los que quieren explorar nuevas posibilidades de entendimiento mutuo. Porque no olvidemos que sólo buscando vía diálogo permanente nuevos caminos los pueblos llegan a conseguir sus reclamaciones, y solo así la ley se vuelve a adaptar a los tiempos nuevos después de pasar por la mano más o menos torticera de la clase política en general y del poder ejecutivo de turno en cualquier Estado de Derecho.

El pueblo catalán en su conjunto y el resto de la ciudadanía española no se merecen este bochornoso espectáculo internacional tanto de las autoridades españolas como independentistas, empezando por el jefe del Estado con un discurso amenazador, trasnochado e intransigente que se recordará pase lo que pase, pasando por un gobierno enrocado y negado e ineficaz por completo en las artes del diálogo, una oposición política desnortada y sin recursos y un frente independentista empeñado en lograr su propósito máximo cueste lo que cueste, aunque para ello vuelen todos los resortes de la democracia.

Nadie está demostrando altura de miras cuando más necesidad tiene el pueblo español y catalán de caer en manos de representantes políticos responsables y cabales. Que se aparten, unos y otros, que dejen el camino libre a aquellos que traigan nuevos aires en busca de la mejor solución posible para todos, no del mal menor para la mayoría, como así parece que están buscando en Madrid y Barcelona tanto el ejecutivo de Rajoy como el de Puigdemont.

La sinrazón más sinrazón pide, y aún más sinrazón traerá si nada ni nadie lo remedia. Es el camino elegido por estos mediocres e incapaces políticos, pero no por el pueblo. Quizá ya solo quede encomendarse a un dios menor llamado sentido común, un dios menor que no parece de este mundo.

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3 Comentarios

  1. si ganan los separatistas cataluña se convertira en un pais mas del tercer mundo,sus politicos les han engañado diciendoles que españa les roba cuando resulta que es al reves cataluña es un niño mimado que da pataletas.
    y ademas ya era un niño mimado incluso en la epoca de franco cundo los planes de desarrollo donde mas dinero enviaban era cataluña ,no saben lo que estan haciendo ,es un suicidio social,tanto tiempo lavandoles el cerebro les ha comido las neuronas y el seny

    • Bon dia, señor anónimo.
      Como se nota que conoce bien la historia y finanzas de este pais. Como se nota que no ha entendido nada de nada de este artículo. ¿Quién tiene comido el coco? Sí lo que todos queremos es diálogo y entendimiento, lo que no queremos es que Vd. con su bola de cristal nos prediga el futuro a todos, españoles y catalanes. Olvide una nación única e indibisible y mire hacia el futuro. Muchas gracias y que tenga un buen día.

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