De lo que decidan este domingo los miembros del comité federal del PSOE no sólo va a depender el futuro político de este país, sino también del propio partido. Hay que levantar, de nuevo, ese edificio que se derrumbó completamente hace tres semanas. Y la tarea no es fácil. Los últimos sondeos señalan que, si ahora mismo se celebrasen elecciones, perdería 7 puntos de porcentaje de votos, y el Partido Popular ganaría 4 puntos. Con ese panorama, la gestora se plantea ganar tiempo para reconstruir la organización. Abstenerse en la investidura de Rajoy para que gobierne y, de esa manera, empezar un proceso de “refundación” que pasaría, primero, por un congreso en el cual se trataría todo: desde los programas mínimo y máximo, hasta la estrategia política a corto y medio plazo, y unas elecciones primarias para elegir al nuevo líder.

La primera pregunta que se va a hacer a los miembros del máximo órgano entre congresos es si hay que cambiar la estrategia del “no es no” aprobada inicialmente. Sólo si se decide cambiar esta estrategia se pasará a discutir la postura que se mantendrá en una hipotética investidura de Rajoy. Y si se opta por la abstención de qué manera se llevará a cabo.

De entrada, hay un problema. Los socialistas catalanes ya han anticipado que, por encima de toda decisión, ellos mantienen el no. Y sus representantes lo van a decir en el comité federal. Y ese puede ser el principio del fin de una reunión que se pretende que sea más pacífica que la anterior. Nada de espectáculos, pero Miquel Iceta, contemporizador donde los haya, no se compromete a ello. De ahí puede surgir otra gran brecha: la ruptura del PSOE y el PSC. Si ello ocurre se plantearía un panorama radicalmente distinto que el mantenido hasta ahora en Catalunya. Una ruptura del PSC podría provocar una escisión en el seno de la organización catalana, un nuevo PSOE en el Principado que haría la competencia a la actual organización. El desastre tendría incalculables consecuencias.

Javier Fernández va a hacer todo lo posible para que esto no ocurra. Por lo tanto, los siete diputados socialistas catalanes podrán votar, finalmente, no a cambio de una multa y poco más. Eso sí, la herida queda abierta.

También quedan abiertas las heridas provocadas por los partidarios del dimitido secretario general Pedro Sánchez. De entrada, tres diputados que se podría decir que son afines a sus tesis ya han dicho que votarán que no. A estos es probable que sí se les aplique medidas mucho más contundentes, incluso la advertencia del comité federal de que si rompen la disciplina de voto podrían ser expulsados del grupo parlamentario. Sólo a Margarita Robles se le permitiría “libertad de voto” por su condición de independiente, señala una fuente de Ferraz.

Pero la idea es que el resto de diputados vote en bloque. Nada de libertad de voto. No se quiere dar la penosa imagen de un diputado diciendo “abstención” y su compañero de escaño “no”. Eso sería firmar la muerte del PSOE ya anunciada por otra parte.

Y es que el Partido se juega mucho en este envite. Los actuales dirigentes son conscientes de que la abstención en la investidura de Rajoy, primera vez que ocurre en la historia del Partido Socialista, supondrá un gran número de bajas de militantes, y, por supuesto una pérdida de votos. Pero, a partir de ese momento, hay tiempo para preparar bien las cosas. Para decidir qué modelo de partido se quiere y para recuperar ese poder perdido.

 

La primera pregunta que se va a hacer a los miembros del máximo órgano entre congresos es si hay que cambiar la estrategia del “no es no”

De ahí puede surgir otra gran brecha: la ruptura del PSOE y el PSC. El desastre tendría incalculables consecuencias.

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