El capital social se ha destruido en España a tasas superiores al 20% anual en los años de crisis

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En la noche del lunes pasado, en el curso del debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, uno de los asuntos más tratados fue el relativo al deterioro de las condiciones sociales de los españoles a causa de los recortes.

Según un estudio reciente de la Fundación BBVA y el Ivie, uno de los efectos más dañinos derivados de la crisis económica en España es que, al quebrar las expectativas de muchos agentes de prosperar, se ha reducido su disposición a cooperar y destruido buena parte del capital de confianza que ello representa”. Este capital social, -continúan los autores-, de acuerdo con el indicador sintético elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), se ha destruido a tasas superiores al 20% anual en los años de crisis en España, el país de la OCDE donde más intensamente se ha reducido. Por tanto, el efecto dinamizador de las relaciones sociales y económicas es ahora sustancialmente más escaso que en los años de bonanza.

En consecuencia, el logro de resultados positivos en ámbitos económicos, políticos e institucionales es más complicado, pues los individuos son ahora más reticentes a la colaboración, priorizando los resultados particulares o egoístas que los colectivos, según recoge el informe Crisis económica, confianza y capital social, de la Fundación BBVA y el Ivie.

Las principales conclusiones del trabajo confirman que los resultados económicos influyen en las dimensiones de capital social más relacionadas con el nivel de actividad -como el empleo o el crédito-, pero también en la reputación de las instituciones públicas, que se ha resentido en estos años en los que la disposición a cooperar se reducía. En cambio, la confianza interpersonal, la participación cívica o la densidad de las redes sociales de los individuos no han reaccionado de igual manera y han resistido mejor el impacto de la crisis.

Respeto a los valores compartidos

El capital social es un activo intangible que facilita los logros de resultados personales y de grupo, tanto económicos como sociales, gracias a que genera externalidades positivas y beneficios potenciales para los miembros de un grupo si estos cooperan entre sí. Estos beneficios se derivan de la confianza y el respeto a las normas y valores compartidos, que tienen efectos favorables sobre las expectativas y los comportamientos de los miembros del grupo, haciendo más fácil su interacción en las densas y complejas redes sociales que conforman las sociedades actuales.

Crisis económica y capital social

La crisis económica ha supuesto un punto de inflexión en las trayectorias de mejora de muchos individuos, en especial en los países que han sufrido en estos años importantes pérdidas económicas. En todos los países de la OCDE incluidos en el estudio el capital social se redujo en los años de crisis salvo en Alemania, Turquía, Corea del Sur, Austria y Polonia (gráfico 1). España es el país en el que este capital más se deterioró, cayendo a una tasa media anual superior al 20%, junto a países como Irlanda o Grecia.

Gráfico 1: Tasa de variación anual del capital social en los países de la OCDE, 2007-2011 (porcentaje)Tasa Variacion anualFuente: FBBVA-Ivie.

La relación existente entre los resultados económicos y la evolución de la confianza es clara y los países que sufrieron más la dureza de los primeros años de crisis han visto cómo se reducía en mayor medida el capital social. Las dificultades económicas a las que se han enfrentado los individuos, el crecimiento del desempleo, la reducción del crédito y el aumento en la desigualdad han reducido la propensión a cooperar y a confiar en la sociedad.

Reducción generalizada en toda España

Por CCAA

En España, la reducción del capital social ha sido significativa en todas las comunidades autónomas (gráfico 2). La menor contracción se observa en Ceuta y Melilla, el País Vasco y el Principado de Asturias, pero incluso en esos territorios las caídas han sido del 11,6%, 15,2% y 15,6% anual, respectivamente. En el extremo opuesto están Canarias, Región de Murcia, Castilla-La Mancha, Rioja y Comunidad Valenciana, con caídas superiores al 25% anual.

Gráfico 2. Tasa de variación anual del capital social en las comunidades autónomas españolas, 2007-2012 (porcentaje)Tasa variacion anual 2Fuente: FBBVA-Ivie.

Por provincias, las mayores reducciones del capital social se registran en Castellón, las Palmas de Gran Canaria, Guadalajara, Lleida, Ávila y Albacete, con tasas superiores al 28%. En Valladolid, Asturias, Bizkaia, Salamanca y Ceuta y Melilla la reducción fue menor, situándose en valores entre el -11 y el -16% (cuadro 1). El efecto acumulado de tasas de caída del capital social tan elevadas es que sus niveles actuales son mucho más bajos.

“Se trata de una cuestión de indudable relevancia porque la pérdida de capital social supone un lastre adicional para retornar a la senda de crecimiento. Por tanto, la capacidad para recuperar el capital social perdido es clave para la velocidad de salida de la crisis y la fuerza de la recuperación”, destacan.

  Capital social PIB real Tasa de paro
  Tasa de variación media anual (%) Variación (puntos porcentuales)
Castelló/Castellón -32,93 -2,48 21,18
Las Palmas de Gran Canaria -29,66 -1,52 23,34
Guadalajara -28,79 -3,22 18,02
Lleida -28,52 -1,20 14,57
Ávila -28,09 0,08 17,65
Albacete -28,02 -1,32 22,58
Tarragona -27,93 -1,88 17,05
Almería -27,64 -2,20 24,95
Málaga -27,62 -2,31 23,51
Pontevedra -27,47 -0,65 16,51
Ourense -27,26 0,18 15,46
Ciudad Real -26,85 -1,82 21,93
Murcia -25,94 -2,23 20,33
La Rioja -25,71 -1,10 14,80
Cáceres -25,54 -0,96 20,87
Sta. Cruz De Tenerife -25,00 -1,74 21,80
València/Valencia -24,96 -1,78 18,93
Girona -24,81 -1,82 16,46
Toledo -24,40 -2,79 21,56
Granada -24,04 -1,52 23,61
Barcelona -23,51 -0,80 16,04
Cuenca -23,33 -1,93 16,99
Jaén -23,32 -1,14 23,26
Huelva -23,23 -1,43 20,78
León -22,96 0,05 13,97
Zaragoza -22,81 -1,74 14,14
Córdoba -22,18 -1,43 20,82
España -22,08 -1,31 10,35
Cádiz -22,01 -1,85 21,98
Illes Balears -21,60 -1,68 16,24
Alacant/Alicante -21,35 -2,56 18,06
Navarra -21,33 -0,95 11,45
Huesca -20,68 -0,47 10,81
Segovia -20,21 -0,83 13,75
Zamora -20,14 0,39 14,84
Teruel -19,81 -0,18 11,41
Lugo -19,57 -0,24 10,65
Madrid -19,46 -1,37 12,69
Sevilla -19,24 -1,92 18,54
Araba/Álava -18,75 -0,31 10,58
Badajoz -18,62 -0,83 19,42
Palencia -18,19 0,07 12,87
Cantabria -17,92 -1,08 11,82
Burgos -17,44 0,31 11,01
A Coruña -16,73 -0,42 10,25
Gipuzkoa -16,28 -0,81 7,30
Soria -16,05 -0,34 9,75
Valladolid -15,87 -0,88 11,55
Asturias -15,59 -1,06 13,28
Bizkaia -13,59 0,03 9,06
Salamanca -12,07 -0,08 10,82

Fuente: INE y FBBVA-Ivie.

Pérdida de confianza en los políticos

La mala situación económica ha sido fundamental para la erosión del capital social, aunque su evolución no ha sido la misma en todas sus dimensiones. Los niveles de confianza y de participación cívica en España eran antes de la crisis relativamente similares a los de la media de los 24 países europeos considerados. Sin embargo, en el último año disponible de la European Social Survey se percibe claramente que las dimensiones del capital social más afectadas en España han sido la confianza en los representantes políticos, con una reducción del 44%, en el parlamento (-30%) y en el sistema legal (-16%). Mientras tanto, la confianza en la gente en general o en las instituciones de orden público (la policía) se ha mantenido. Asimismo, se ha incrementado el trabajo voluntario en organizaciones (26%), y la participación cívica -como la firma de peticiones (24%)-.

“Lo que se ha puesto en duda es la solidez de determinados mecanismos socioeconómicos en los que se apoya la cooperación en las sociedades avanzadas actuales. Las expectativas favorables sobre las oportunidades que la sociedad ofrece -que sostuvieron la cooperación en el pasado- se han truncado y la confianza en las instituciones se ha reducido, especialmente en aspectos ligados a las transacciones económicas y la confianza en los políticos, el parlamento o el sistema legal”, señalan los autores.

La pérdida de confianza en las instituciones políticas se deriva, a su juicio, de la constatación de que los gobiernos no estaban en condiciones de cumplir promesas y compromisos –tácitos o explícitos- adquiridos con los ciudadanos. “Al defraudar las expectativas de buena parte de la población, la reputación de las instituciones se ha resentido y en algunos casos se ha desplomado. Esto último se ha acentuado cuando, en circunstancias adversas, se han confirmado casos de mala gestión o corrupción”. En estas circunstancias la disposición a cooperar, colaborar y participar de los individuos -especialmente en ámbitos económicos o políticos- se ha desvanecido y prima más la persecución de los objetivos particulares.

“En España, la población pone en cuestión actualmente si puede confiar en participar en las oportunidades de la sociedad. La tasa de paro es muy elevada y la mitad de los jóvenes resultan excluidos de una actividad laboral que les aporte ingresos, al no encontrar empleo”, señalan los autores. El acceso al crédito para muchas familias también se ha complicado. Asimismo, a su juicio, se plantean dudas en relación con la confianza en las instituciones públicas y en quienes las gobiernan o aspiran a hacerlo derivadas de la dureza de la crisis económica. “La confianza es quebradiza y los ciudadanos son ahora más sensibles a los compromisos de los políticos en cuanto se refiere al estado de bienestar esperado y a su sostenibilidad en el tiempo”, subrayan.

La recuperación de una trayectoria de progreso se verá dificultada mientras el país siga atrapado en el círculo vicioso de la desconfianza. Sin confiar en las oportunidades derivadas del buen funcionamiento de la economía, o en las instituciones, es más difícil esperar disposición a cooperar de los individuos. “Es difícil porque las soluciones exigen con frecuencia asumir costes a corto plazo para abordar reformas que pueden ayudar a lograr beneficios futuros. Pero dado que estos beneficios no son seguros, para asumir los costes se requiere confiar en terceros acerca de que los cambios pueden tener éxito, algo más difícil de aceptar cuando el capital social escasea”, señalan los autores.

 

 

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