Puesto que se trata en todo caso de calmar los apetitos, bien maridan los placeres de la cama con los de la mesa. Un ejemplo inmejorable de esto nos lo brinda la película Barbara Broadcast (dirigida por Radley Metzger, bajo el seudónimo de Henry Paris, en 1977), sabrosísimo exponente de la edad de oro del porno. La primera parte del filme transcurre en un peculiar restaurante de Manhattan, que a primera vista parece uno más de estos sitios que los publicitarios sin escrúpulos califican como “exclusivos”: valses de Strauss en el hilo musical, paredes con revestimientos de mármol, clientela selecta y un eficaz servicio que atiende a todas las reglas del protocolo. Pero no tardamos mucho en descubrir que no es un local como los demás. Sin perder en ningún momento la compostura y manteniendo siempre una respetuosa actitud de distanciamiento, camareros y camareras prestan a los comensales los distintos servicios sexuales que aparecen en la carta. No en balde, la película se distribuyó en España bajo el título de Restaurante erótico.

Placeres gastronómicos: fotograma de "Barbara Broadcast" (1977).
Placeres gastronómicos: fotograma de “Barbara Broadcast” (1977).

Dentro del artificioso encorsetamiento del ambiente, en el restaurante de Barbara Broadcast los intercambios sexuales ocurren de la manera más neutra y natural. Radley Metzger, acorde a sus propósitos de excitar y divertir al mismo tiempo, filma planos generales del establecimiento en los que vemos a los pijos neoyorquinos entregados a sus afectadas conversaciones de sobremesa mientras a su alrededor, entre el ir y venir de los camareros, la gente está follando a discreción. Un distinguido cliente señala una línea del menú; al punto, la joven empleada que le está tomando nota se sube la falda y se tumba sobre el mantel, libreta en mano, para ofrecer al gourmet las delicias de su entrepierna. Tras un buen rato de cunnilingus, la chica se levanta, se compone y continúa su ronda; mientras el cliente se limpia con la servilleta, se le acerca otra camarera y le pregunta educadamente: “Would you like another, sir?” “No, thanks —responde—; just coffee”. En otra mesa está sentada la protagonista, cuyo nombre da título a la película; Miss Broadcast (Annette Haven) pide otra especialidad de la casa, una delicatesen con topping de esperma. Para garantizar la frescura del ingrediente, el camarero lo descarga en el acto, masturbándose sobre el plato sin apenas pestañear mientras la clienta se arregla el maquillaje. Pero el toque más humorístico de la escena lo da el maître (Bobby Astyr), que penaliza a quienes cometen la torpeza de romper alguna pieza de la vajilla amonestándoles y haciendo que le chupen la verga. Y no solo se comporta así con el servicio, sino también con los clientes. Como era de esperar, ocurre que hay una señorona viciosa entre la clientela que finge un descuido y se le cae tontamente una copa al suelo.

Cena buñueliana en "El discreto encanto de la burguesía" (1972).
Cena buñueliana en “El discreto encanto de la burguesía” (1972).

Hay algún crítico que, empeñado en dignificar el porno chic, ha llegado a decir que estas escenas del restaurante son comparables al último Buñuel. Cierto que lo chocante de la situación y lo ridículo del protocolo pueden recordar a las cenas imposibles de El discreto encanto de la burguesía (Le charme discret de la bourgeoisie, 1972), pero a mí el tono de Barbara Broadcast me parece más próximo al humor de los Monty Python que a los delirios del cineasta aragonés.

Imagen viral, leyenda urbana: un supuesto restaurante de culos en Tokio.
Imagen viral, leyenda urbana: un supuesto restaurante de culos en Tokio.

Barbara Broadcast propone, a modo de chanza, la fusión de sexo y comida en un ambiente de hostelería formal y sofisticado. Sin embargo, si volvemos los ojos al underground cosmopolita del Japón contemporáneo nos encontramos con que esta idea no tiene tanto de descabellado. De allí procede la práctica del nyotaimori o body sushi, que consiste en servir piezas de sushi y sashimi sobre el cuerpo, horizontal y desnudo, de una modelo entrenada para mantenerse completamente inmóvil durante toda la cena. Teniendo en cuenta la predisposición que tenemos en Occidente a creernos que todas las cosas friquis y retorcidas vienen del país del sol naciente, no es extraño que muchos tomaran por auténtica una fotografía que ha estado circulando por las redes durante los últimos años; quienes la compartieron, afirmaban que lo que muestra la instantánea en cuestión son varios comensales en un restaurante de culos en Tokio. Culos anónimos, culos sin rostro: cuatro culos femeninos que salen de otros tantos agujeros en la pared (el mismo concepto que el glory hole) y cuatro clientes que se aprestan salazmente a lamerlos. Parece ser que toda la historia es una leyenda urbana; no se sabe dónde se tomó la foto, pero a buen seguro que no fue en un establecimiento público.

Lujo, calma y voluptuosidad: Annette Haven en "Barbara Broadcast" (1977).
Lujo, calma y voluptuosidad: Annette Haven en “Barbara Broadcast” (1977).

Solo por el sano espíritu de choteo desplegado en la larga escena del restaurante ya merecería conceder a Barbara Broadcast un lugar de honor en el porno mainstream, que suele ser un erial de calidad e ideas. Pero es que, además, está rodada con cierto gusto y criterio estético. En una escena en la que Barbara disfruta mirando de cerca cómo su amiga Roberta (C. J. Laing) se entrega a una felación, la cámara no se centra en el medical shot, el plano detalle de la mamada que todos esperaríamos en el porno convencional, sino en un primer plano de la voyeur, lo que resulta infinitamente más sugerente: empatizando con el espectáculo, el personaje de Annette Haven destila lascivia por cada poro de su piel. Otra secuencia antológica es la que nos muestra el animalesco ritual de seducción por el que Roberta, que se ha colado en las cocinas del restaurante, se lleva al huerto al cocinero sin pronunciar una sola palabra: da unos pasos frente a él con estudiada parsimonia, lo devora con su mirada felina y, finalmente, se remanga la falda, se pone en cuclillas y mea copiosamente en una cazuela. Eso es marcar el territorio.

Desde el punto de vista formal, no voy a negar que a Barbara Broadcast le falta cierto sentido de unidad. Pero esto es un estilema característico del cine porno: se necesita llenar por lo menos hora y media de metraje con escenas de sexo explícito y un mínimo de argumento. Por eso, la forma de un largometraje hardcore no suele responder a la receta aristotélica de planteamiento, nudo y desenlace, sino a una estructura tipo patchwork que yuxtapone elementos de las procedencias más diversas burdamente cosidos entre sí. Así pues, viendo que Barbara Broadcast se estaba quedando demasiado corta, Radley Metzger decidió recuperar un rollo de cinta que les había sobrado del montaje de una película anterior, The Opening of Misty Beethoven (1976). El añadido en cuestión resulta de lo más incoherente con la atmósfera frívola de Barbara Broadcast, pues se trata de una oscura, vibrante escena de bondage y dominación protagonizada por Jamie Gillis y Constance Money. Este tipo de aleatoriedades son las que a veces convierten el cine porno en cine, aunque involuntariamente, experimental.

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