Recientemente gracias al trabajo del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación se conoció el nombre de los potentados que ocultan sus fortunas en paraísos fiscales, para el caso mexicano es un haz de luz en medio de la penumbra en la que se mueve la mafia que se adueñó de México.

La opulencia es la otra cara de la moneda en la que por un lado están los 60 millones de mexicanos sumidos en la pobreza y por la otra menos de 50 familias que se hicieron ilegítimamente de la concesión de una porción de la nación para su explotación gracias al conflicto de interés y al tráfico de influencia.

La consecuencia es la desigualdad que descansa sobre la corrupción, el poder político ha servido tan sólo para saquear al país, es la causa original de todos los males y por más que le moleste al gobierno mexicano la crisis estructural es su evidente consecuencia.

Los multimillonarios mexicanos con cara dura sostienen que sus operaciones son legales, siendo tan solo una verdad aparente porque en los hechos hay una defraudación fiscal, pero qué podemos reprochar si el Sistema de Administración Tributaria en lugar de investigar sus evasiones les concede generosas condonaciones.

Hay ley para poner a estos corruptos disfrazados de empresarios en su lugar que es la cárcel, pero bien vendría promover un delito en especial que defina al paraíso fiscal como el lugar libre de impuestos y garante de anonimato, porque es el hoyo negro por el que se van millones de pesos robados al pueblo de México, permite que los enriquecimientos ilícitos queden en la impunidad.

Hace falta legislación, pero principalmente es voluntad para poner fin a esta histórica lógica de saqueo, más aún cuando en México los multimillonarios no son empresarios sino prestanombres del poder político disfrazados de empresarios con empresas de papel que sólo sirven para ocultar sus cuantiosas fortunas.

Si el finado líder de la CTM hizo uso de estas empresas para esconder el producto de su corrupción, cuántos millones habrán dejado ocultos los presidentes priístas, Echeverría o López Portillo, Miguel de la Madrid o el símbolo de la corrupción mexicana Carlos Salinas que siempre ha sido ubicado como el verdadero dueño de la mayor fortuna de México en el imaginario colectivo.

Será Barbablanca o Frenteamplia, sea Slim o Salinas, lo cierto es que son la versión moderna de los piratas del caribe que han ocultado los cofres llenos de tesoros, más que una metáfora se trata de un sistema financiero ilegal, no sólo han traicionado al país en el que nacieron y crecieron sino construyeron un modelo de corrupción que ha hecho a México el país de la impunidad.

En México empresarios y trabajadores pagan impuestos, el pueblo en general, pero hay una especie de políticos empresariales que ni representan ni trabajan que son más bien esos piratas del siglo XXI, porque además de corromper al sistema tributario burlan al Estado llevando sus ilícitas fortunas a esos paraísos fiscales haciendo de esta práctica una poderosa corriente.

La investigación de los Panamá Papers y de los Paradise Papers nos confirma que la sangría de la corrupción tiene un paradero cierto, aunque obscuro

¿Cómo saber el nombre y el paraíso financiero?

Sólo una investigación podría resarcir a México el daño que esta especie de falsificadores de la representación popular y sus comparsas disfrazados de empresarios.

En el reciente escándalo de corrupción de Odebrecht se ha revelado que fueron las Islas Vírgenes Británicas en las que podrían estar depositadas las propinas de Lozoya a nombre Latin American Asia Capital Holding, o si nos remontamos un poco más al escándalo de la Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto se conoció que su constructor predilecto se llevó algunas de sus millonarias ganancias a Nueva Zelanda.

¿Cómo imaginar que haya voluntad de investigar si los encargados de hacer respetar la ley y reivindicar al Estado son los propios piratas que ocultan sus tesoros?

Impensable que se investiguen a ellos mismos, son un gobierno pirata de piratas y para piratas al mando del bucanero Peña hay que tener presente que son los hijos del fraude por fortuna su poder tiene fecha de caducidad, en 2018 sólo el pueblo puede salvar al pueblo.

 

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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