Esto no es información, esto es una opinión, un punto de vista cuan sesgado como quiere quien lo firma, que soy yo: Tigre Manjatan. Y lo quiero muy sesgado. Aún así lo que voy a escribir es evidente verdad. El fútbol club Barcelona está enfermo. Y no en el sentido que lo dicen los puristas, los que entienden de fútbol (no es mi caso, yo solo soy del Atleti), que afirman que han perdido su gran juego, que si Messi, que si… yo que sé.

De lo que está enfermo el Barça es de rabia. Y ay, ¡le sienta tan bien! Me recuerda a un redactor bipolar que teníamos en la Voz de Mad Madrid cuando dirigía el periódico África Prego (pero esa es otra historia, lo sé).

El Barça está enloquecido, odiando al mundo entero y a sí mismo, deseoso de arrancarse los propios huevos e introducírselos por el recto. Porque no puede perdonarse el haberse quedado dormido en los laureles -¡como ya lo tengo todo hecho!- y de repente despertar y encontrarse a los dos equipos de Mad Madrid, ¡a los dos, qué horror, joder! pegados al nalgatorio y listos para ensartar al menor descuido.

El Barça siente terror ante esas amenazas tan cercanas a su delicado ojete. Pero lo más terrible es que aunque gane la liga a nadie va a impresionarle; es más, se lo desean todos: desde los merengues a los colchoneros. Anda Barçita gana la liga, que como ya no tienes ninguna posibilidad en la Champion a nosotros nos da igual, y nos alegraremos si ganas en el país del que somos capital: consuélate.

¿Hay algo más insoportable que el paternalismo, la condescendencia, del rival? Es enloquecedor. Y como un demente está jugando el Barça los últimos partidos de la liga. Enfermo de rabia. Después de meterle ocho clavadas en el orto al Depor, ¡ocho! ¡que se joda, que se humille, que se entere lo que es sufrir, a paseo con el fair play, los modales y la buena educación!, a los chicos del Sporting les mete uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis (y con tres penaltis a favor para que quede claro quien corta el bacalao y ante quien inclina la cerviz el que debería ser equidad y pura ley).

¡Qué falta de clase, Luis Henri! ¡Qué mal sabéis perder! Aunque tampoco sabéis ganar, obsesionados con los merenguitos siempre. Ay.

Si ganáis la liga este año os aplaudiré. Os aplaudiremos todos. Y también si la perdéis. Aplaudiremos con elegancia y sin hacer sangre, pero ahora veros tan rabiosos y tan ridículos nos divierte enormemente, gracias por -en estos tiempos revueltos- hacernos al menos sonreír.

 

Tigre tigre.

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