Al padre Bernart Lamy, que le hacía entrega de su Arte de hablar, el cardenal Le Camus le habría hecho, a modo de agradecimiento, la siguiente pregunta: “Es, sin duda, un arte excelente; pero ¿quién nos escribirá El arte de callar?”. Este es el origen de un ensayo escrito en 1771 por el abate Dinouart que lleva por título “El arte de callar”.

Dinouart analiza los tres graves errores que se cometen cuando se habla o se escribe. Por un lado, “muchas veces, se escribe o se habla mal”, al no haber cuidado y mimado la “lexis” (redacción y revisión del texto o discurso), dedicándole el tiempo necesario; y, también, porque la competencia lingüística del que habla o escribe no es del suficiente nivel. Por otro lado, añade Dinouart, “frecuentemente, se escribe o se habla demasiado”, porque no se cuida la “euresis” (preparación de lo que vamos a decir) ni la “taxis” (la estructuración de lo que se ha decidido verbalizar). Y, finalmente, “no siempre se escribe o se habla bastante”, cuando la situación lo exige. Este último error, precisa Dinouart, es el fruto de un tipo de silencio, el “silencio del miedo y de la cobardía”, que es el silencio del que calla cuando es imperativo hacer sentir la voz. Este silencio y este error son característicos del que se impone la autocensura.

Cada día en España hay unas 24 horas de información política en televisión nacional, dividida en tertulias, magazines y telediarios. Aproximadamente el doble en radios nacionales, 4 periódicos en papel en tirada nacional, más otros 8 periódicos digitales con un mínimo de audiencia e influencia. Además, todo político que se precie debe publicar al menos un par de tuits, un mensaje de facebook y una foto en instagram. Todos los días, incluidos los domingos.

Esto significa que hay demasiado espacio que llenar y demasiada demanda de comunicación, cuando muchas veces a lo mejor no hay nada que decir. Hay múltiples cursos de oratoria, lecciones de argumentario y gurús de la comunicación, pero prácticamente ninguno que enseñe el arte que en ocasiones es más importante: el arte de saber callar. La mayor parte de los errores políticos se cometen por hablar de más y pensar de menos. A aquellos que trabajamos asesorando a políticos en el noble arte de la comunicación nos cuesta a veces hacer entender a ellos y a sus equipos (especialmente a jefes de prensa que vienen de trabajar en los medios) que a veces lo más inteligente es decir que no a los medios. Parece un sacrilegio, cuando debiera ser lo más coherente. Antes de hablar, pensar en callar. Se ahorrarían muchos errores y meteduras de pata.

 

(por supuesto, esta columna no es aplicable a Mariano Rajoy. Como casi nada que se escriba)

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