Vivimos en una sociedad forjada a base de historia. Nuestro presente es una concatenación de ensayos y errores, con los que hemos ido modelando nuestro modo de vida. Sabemos; aunque no queramos hablar de ello, que ahora tenemos una serie de comodidades de las que no nos desprenderíamos por nada. Necesitamos agua y solo tenemos que abrir el grifo de nuestras casas. Y la podemos obtener caliente, fría o templada, y en cantidades inagotables. Aire acondicionado para el calor y calefacción para el frío. No importa si es un calor africano o un frío siberiano, en el confort de nuestros hogares ni siquiera tendremos conciencia del clima que hay ahí afuera. Estamos tan acostumbrados a que la administración solvente los problemas, que acudimos a ella con cualquier excusa. Y ciertamente sea cual sea la dificultad se soluciona de forma efectiva, y con más o menos celeridad. No hay agua, protestamos. Ha sido la rotura de una tubería, señora, enseguida la reparan.

En 1995 el maestro José Saramago publicó “Ensayo sobre la ceguera”, obra que el propio autor describía como una novela que desenmascaraba a una sociedad podrida y desencajada a través de un hecho insólito sobre el que no había remedio. La ceguera está ahí y la sociedad como tal no puede hacer otra cosa que luchar por sobrellevar el día a día. Es una sociedad salvaje, que esgrime su vandalismo más primitivo en la pugna por sobrevivir en un caos desorganizado y rudimentario donde los seres humanos han perdido el ligamen visual que los mantiene unidos al mundo real, el que los rodea.

Uno de los bienestares más cotidianos y en los que pocas personas reparan, como si estuviera ahí, incólume, formando parte de la propia existencia, es la “electricidad”. La luz no requiere de preparativos previos ni de cursos de formación para que funcione. Es un interruptor que está a la entrada de cualquier lugar donde se necesite un haz que nos ilumine. Un ascensor, una lámpara, una escalera, una calle… La luz es tan consustancial a nosotros que ni tan siquiera nos interesa el mecanismo que hay entre el interruptor y el fin de la oscuridad.

¿Pero qué ocurriría si todo lo que funciona con electricidad dejara de funcionar?

La cuestión planteada es si estamos preparados para hechos insólitos que nos desprovean de esas comodidades que hemos conquistado en, no hay que olvidarlo, las últimas décadas. Podría ser un ensayo; aunque no lo es, porque la forma de plantearlo es a través de una novela. Un pequeño pueblo del norte de España, Novesilla, fue duramente castigado durante la Guerra Civil por la aviación republicana. Los vecinos conviven con el estigma de la guerra. Hay, como en todas las Españas, dos bandos diferenciados. Un día, en la farmacia, la luz ha dejado de funcionar. Las bombillas no responden a los botones de encendido. Más tarde ocurre lo mismo en el bar y en la tienda de ultramarinos. Después dejan de funcionar los móviles, los relojes con pilas, las linternas, la radio, la televisión y los coches. En ese pueblo no funciona nada que utilice electricidad. Es un hecho tan desconcertante que los servicios de inteligencia de varias potencias mundiales empiezan a pulular por las calles buscando el porqué de esa anomalía inexplicable. Comienzan a pensar que sería un arma imbatible conseguir a voluntad que la electricidad no fluyera. Los buques de guerra, los tanques y los misiles dejarían de activarse. Ya no les preocupa el apagón que asola esa pequeña villa, sino que ahora su inquietud estriba en cómo dominar la posibilidad de lograr que la electricidad deje de funcionar cuándo y dónde ellos quieran.

No tardan en llegar las muertes, las violaciones y los saqueos. El ejército patrulla por las calles mezclándose con los cientos de turistas que acuden a diario a Novesilla curioseando por sus calles y sus plazas. Como no funcionan los vehículos, tienen que llegar en bicicleta. Hay un empresario que ha montado una empresa de bicicletas de alquiler. No funcionan los libros electrónicos, por lo que han abierto una librería que solo vende libros en papel. Han comprobado que hay más abejas por los campos que rodean el pueblo de las que hay en otros lugares. El gobierno comienza a estudiar la posibilidad de desalojar a los vecinos a un lugar donde sí que funcione la electricidad, pero ya han surgido algunos grupos de personas que no quieren irse. Por qué, les han preguntado. Porque estamos en el paraíso han respondido. Ya no es necesaria la electricidad, ya que se han acostumbrado en esos días a su ausencia.

Y ahora llegan los norteamericanos ofreciendo enormes sumas de dinero a quién dé una pista de lo que origina lo que todo el mundo conoce como “el apagón”. Y los rusos que también quieren saber qué hace que no funcione la electricidad. Dicen que sea lo que sea se construyó durante la guerra. Quizá fueron los nazis, ¿quién sabe?

No te quedes este verano sin saber qué ocurre en Novesilla para que la electricidad haya dejado de funcionar. Disponible en Amazon.

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Escritor conocido por sus novelas de género policíaco. Ha impartido clases en la Escuela Canaria de Creación Literaria, es colaborador del Diario del AltoAragón y del El Periódico de Aragón. Ha sido el organizador de las diferentes ediciones del Concurso literario policía y cultura (España) y colabora en la organización del Festival Aragón Negro en las actividades convocadas en la ciudad de Huesca. Desde el año 2012 es considerado el creador del término Generación Kindle, nomenclatura utilizada para referirse a una serie de escritores surgidos de la edición digital. En el mes de enero del año 2013 fue uno de los seis finalistas preseleccionados para optar al Premio Nadal en su 69º Edición con la novela La noche de los peones.

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