En el Programa de Estabilidad que ha enviado hace unos días a Bruselas el Gobierno de M. Rajoy, se contempla que en el año 2021 el porcentaje en relación al PIB de gasto en Educación se sitúe en el 3,70 %. Y que en Sanidad el porcentaje se reduzca al 5,59 %. Según el citado Programa, en el 2017 el porcentaje del PIB destinado a Educación ya había bajado del 4 % y el sanitario del 6 %. En el 2011, según cifras oficiales, los porcentajes eran del 4,4 % y del 6,47 %.

Estas cifras, estos brutales hachazos, implican el desmantelamiento acelerado en un periodo de apenas 10 años de los dos pilares básicos de nuestro Estado de Bienestar, de aquello que implica la igualdad de oportunidades ante la vida y ante la enfermedad y la muerte. Y ello además partiendo de la realidad de que nuestro Estado de Bienestar siempre ha sido muy incompleto, de que siempre hemos gastado mucho menos que nuestros vecinos en el mismo. Así, según datos del Informe 2010 del Banco Mundial, con información de la OMS, Estados Unidos gastaba anualmente, con un sistema en su mayor parte privatizado, 8.362 euros en salud por habitante, y sus habitantes tenían una esperanza de vida de 81 años. Alemania, por su parte, gastaba al año en sanidad 4.668 euros por habitante, y la esperanza de vida de sus ciudadanos era de 80 años. Y España gastaba en ese 2010 sólo 2.883 euros al año en sanidad por habitante y la esperanza de vida era de 82 años. A pesar de ello, y en contraste con Estados Unidos, que contaba con 30 millones de ciudadanos sin cobertura sanitaria, España se situaba en el top ten de los mejores y más equitativos sistemas sanitarios del mundo. Y en Educación conviene también recordar cómo hemos invertido, incluso en los mejores años, aquellos en los que según se decía nuestra economía estaba en la Champions League, un 20 % menos en relación al PIB que la media de la UE y un 70 % menos que Finlandia. Y sobre todo conviene recordar cómo a pesar de todo ello, nuestros resultados en el informe PISA están prácticamente a la par que las muy letradas Francia y Alemania, por delante de Italia y Suiza, y casi igual que Estados Unidos.

Pues bien, los planes del señor Rajoy y del PP y los que les sostienen (como por ejemplo Ciudadanos) implican, con esa reducción a niveles del gasto educativo y sanitario, que nuestro país se mueva en parámetros tercermundistas. Esto de por sí ya implicaría que podríamos aplicarles sin ningún problema el calificativo de Alta Traición a España y a los españoles. Pero es que además compromete de forma gravísima los derechos más elementales de nuestros hijos, de nuestros padres, y de las generaciones futuras. Que nuestra Sanidad se desmorone, que nuestra Educación se resquebraje definitivamente, que es lo que ocurrirá con esos parámetros de recortes de gasto, supone romper la cohesión y el contrato social, supone condenar a un futuro negrísimo a los nuestros. Es por ello por lo que se debe, debemos reaccionar de forma urgente y contundente. Algo por cierto, que no hemos hecho hasta la fecha.

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