No me gusta ser alarmista. Es más, no suelo serlo, y más bien peco de optimista que de lo contrario. Pero hay cosas que no pueden tener otra reacción que precisamente esa, alarmarse. Y esta es una de ellas.

Me cuentan que la atención del 016 pende de un hilo. Puede verse en las redes sociales solo con husmear un poco. Y cuanto más husmea una, más se asusta. Ojalá me equivocara, pero la cosa parece seria.

Como es sabido, la atención teléfonica a mujeres víctimas de maltrato que proporciona el 016 se adjudica por concurso público. Y resulta que la empresa que suministraba tal servicio –que desde sus orígenes ha atendido más de 700.000 llamadas, ahí es nada- no ha concurrido este año. Me explican que no lo ha hecho por imposibilidad de prestar la atención con el presupuesto asignado, que no sube desde la noche de los tiempos. Lo cual tampoco es una sorpresa, porque ya vimos algo parecido con el tema de las pulseras telemáticas, cuyo concurso quedó desierto por razones semejantes. Y es que nadie puede dar duros a cuatro pesetas, como bien dice el refranero.

Pero hete aquí que el caso es diferente. Sí ha habido una respuesta al concurso público en el caso del 016. Y, al haber una única oferente, se convirtió de inmediato en adjudicataria. Hasta ahí todo parece posible. Si hay quien es capaz de multiplicar los panes y los peces como el mìsmisimo Jesucristo, no seré yo quien lo discuta. A quien Dios se lo dé, San Pedro se lo bendiga. Y conste que el refranero nada sabía del cambio de gobierno recién operado, así que absténganse de dobles interpretaciones.

La cuestión es que esto no es el lago Tiberíades, y no hay peces ni panes que multiplicar. Por eso hay una letra pequeña que en tiempos del Evangelio no se les pasaba por la cabeza. Y la letra pequeña es menos pequeña de lo que parece. ¿Cómo se prestará el servicio sin un presupuesto suficiente? Y, sobre todo ¿qué pasará mientras se traspasa de unas a otras manos?. O sea, y transportándonos en el tiempo a un momento eurovisivo ¿quién maneja mi barca?. Que no sé porque me ha venido a la mente el título de esta canción, aunque quizás me han inspirado los 0 puntos que se llevó.

Ahí es donde radica el problema. Según me informan, nada ni nadie asegura cómo ni cuándo se cambiará la gestión ni qué pasará mientras tanto. Y eso es lo verdaderamente preocupante, y lo que tiene con el corazón en un puño a las trabajadoras del 016, mucho más que sus derechos laborales, que también. Porque no se trata de dejar de ganar dinero, o de perderlo. Se trata de vidas humanas, y cada día es oro. No estamos hablando de índices bursátiles que pueden bajar y recuperarse en unos días. La mujer que no es atendida un día, quizás ya nunca pueda serlo porque no esté viva. Asi de simple y así de duro.

Tal vez habrá quien piense que exagero. Que la cosa se apañará en pocos días y aquí paz y después gloria. Y para quien piense eso, le traeré unas cifras que resultan muy ilustrativas.

Cada día se atienden en el 016 entre 200 y 300 llamadas. En esta cifra van solo incluidas las que se refieren a la violencia de género, porque se reciben muchas más referentes a otros temas, que se redirigen a donde corresponda. Es decir, que cada semana una media de 1.750 mujeres piden ayuda porque su vida está en peligro. Con una simple multiplicación, podemos darnos cuenta de la importancia de perder tiempo, sea un día, una semana o un mes. Si esto no es una prioridad absoluta, que venga Dios y lo vea, ya que tanto lo he sacado a colación.

Lo peor es que, de consumarse la tragedia, nunca sabremos si alguna mujer fue asesinada porque no pudo recabar esa ayuda telefónica cuando lo necesitaba. Aunque, la verdad, me gustaría que no llegara el caso de tener que preguntárnoslo.

Si echamos la vista a un pasado cercano –basta tirar de hemeroteca-, podremos recordar que la polémica del 016 y su gestión no es nueva. No hace mucho se anunciaba su ampliación a otros supuestos ajenos a la violencia de género, aunque, por fortuna, se abortó esa pretensión antes de que se hiciera efectiva.

El 016 es uno de los pocos recursos exclusivos para las víctimas de violencia de género que existen, si no el único. Y lo que está en juego es algo tan importante como vidas humanas. No se puede dar un tratamiento mercantilista a algo así, porque, aunque necesite de dinero, sus dividendos no se traducen en términos económicos.

Ojalá me esté equivocando. Ojalá pueda escribir mañana mismo sobre el tema entonando el mea culpa por haber sido alarmista. Pero prefiero equivocarme antes que llorarlo luego.

Así que, volviendo al refranero, ya sabemos. A Dios rogando y con el mazo dando.

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