Parece habitual que los notables tengan un trato especial por parte de la Justicia. Así el banquero Emilio Botín se libró de sentarse en el banquillo por decisión del Tribunal Supremo y a eso se llamó “doctrina Botín”. Esa doctrina trató de aplicarse a la infanta Cristina para librarla de a pena de banquillo en el juicio del caso Nóos, pero no hubo suerte. La tenaz instrucción del juez Castro pudo más que los argumentos del fiscal Horrach y la infanta fue juzgada y, eso sí, absuelta, como era previsible. Sin embargo el tribunal condenó a su marido, Iñaki Urdangarín, y a su socio Diego Torres a penas de seis y ocho años de cárcel respectivamente. ¿Y fueron a la cárcel? Pues no, sin necesidad de fianza y con ciertas medidas cautelares, Urdangarín espera en Suiza, junto a su mujer y sus hijos, a que la sentencia sea firme (ratificada o reducida por el Tribunal Supremo). Como es natural no le han retirado el pasaporte para que pueda ir y venir a Ginebra. Sólo tiene la obligación de presentarse los días uno de cada mes en el juzgado suizo más próximo a su residencia. Diego Torres salió peor parado: le quitaron el pasaporte y le han prohibido salir de España y presentarse también en el juzgado los días uno de cada mes, En ambos casos se valoraba su “arraigo y su conducta” para razonar esta resolución judicial. Y todos tan contentos. Por cierto, la mujer de Torres también fue absuelta.

Ahora les ha tocado el turno a otras dos figuras ilustres del panorama español: Miguel Blesa y Rodrigo Rato, han sido juzgados por sus alegrías con las llamadas “tarjetas black” de Caja Madrid, que utilizaron sin reparos para los gastos más diversos; desde compras de alcohol a horas intempestivas, a lencería de lujo, gastos inherentes como puede comprenderse a sus tareas como altos directivos de la entidad financiera.

Uno y otro son personajes notables. Blesa llegó a la Presidencia de Caja Madrid gracias, entre otros méritos apreciables, a haber sido compañero de pupitre del presidente del Gobierno, José María Aznar. Rato no había sido compañero de pupitre pero si de mesa del Consejo de Ministros, del que fue vicepresidente con grandes éxitos en su gestión.

La Audiencia Nacional los ha condenado: seis años a Blesa y cuatro años y seis meses a Rato por apropiarse indebidamente del patrimonio de Caja Madrid con las tarjetas de marras, pero tampoco van a la cárcel ni se le imponen medidas cautelares, lo mismo que Urdangarín y Torres. Los jueces han destacado que durante el proceso judicial los dos han tenido un comportamiento “cabal” e “intachable”. Como Urdangarín y Torres estarán en libertad hasta que la sentencia, que también han recudido al Tribunal Supremo, sea firme, pero ellos no tendrán que presentarse en el juzgado todos los meses.

Otros personajes, como Francisco Correa, Crespo y El Bigotes, no han corrido la misma suerte. Los han condenado a penas de entre 12 y 13 años por su trapicheos en Valencia con la trama Gürtel, pero ellos sí han ido a la cárcel. Ellos son notorios pero no notables y, claro, no les corresponde aplicar la doctrina Urdangarín, porque la Justicia, como se ve, es igual para todos.

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