La Zarzuela se ha unido a La Moncloa y Génova en la apuesta total, sin posibilidad de equívoco, por la solución manu militare, a varapalo limpio, de la crisis catalana. En una intervención sin precedentes en una monarquía parlamentaria en la que el rey no tiene poderes políticos, Felipe VI ha pronunciado un discurso durísimo sin espacio para dar ninguna opción al diálogo con los nacionalistas catalanes en lo que es en la práctica una declaración de guerra al movimiento soberanista en Cataluña. Ello supone un maridaje sin resquicio con la concepción autoritaria, que con tanto arregosto practica la derecha más exaltada, de que la solución a cualquier malestar, inquietud o demanda ciudadana ha de plantearse extramuros de la política para ubicarlos en el ámbito del orden público, el delito o la sedición.

El discurso del rey fue un clarividente daguerrotipo de la crisis de Estado que padece la nación

El discurso del rey fue un clarividente daguerrotipo de la crisis de Estado que padece la nación, ya que el poder arbitral de la más alta magistratura se ejerce, sin posibilidad de cambio pues es vitalicia y ajena al escrutinio popular, desde parámetros ideológicos y estamentales muy definidos y, por ello, ajenos a la centralidad soberana de la ciudadanía. La institución monárquica, restaurada por Franco en 1947 cuando convirtió España en un reino y se reservó la potestad de designar a su sucesor a título de rey, por sus características constitutivas requiere de un monolitismo estructural que blinda al Estado de cualquier tipo de reforma que represente una reconfiguración del régimen de poder.

Cuando los intelectuales de la Agrupación al Servicio de la República en los años 30 -no es fácil encontrar tanta inteligencia junta-, redactan su manifiesto, aluden al factor determinante de la permanente decadencia española: “La monarquía no ha sabido convertirse en una institución nacionalizada… ha sido una asociación de grupos particulares que vivió, parasitariamente sobre el organismo español, usando del poder público para la defensa de los intereses parciales que representaba…” Y para que continúe vigente la reflexión de Azorín de que vivir en España es hacer siempre lo mismo, las élites económicas y financieras casi un siglo después configuran hoy en nuestro país la abolición de la Historia, ese vicio tan tradicional que denunciara Ortega de hacer Historia sin sentido histórico, al objeto de que prevalezcan sus intereses por encima de los generales del propio país.

 

La gestión del malestar ciudadano realizada por la derecha siempre ha sido una derivación al orden público, como ha avalado también el rey con su discurso.

La gestión del malestar ciudadano realizada por la derecha siempre ha sido una derivación al orden público, como ha avalado también el rey con su discurso. El aprovechamiento de la crisis económica para inmovilizar a las instituciones democráticas y privar a la ciudadanía de elementos de autodefensa, la represión de los movimientos sociales vinculándolos nada menos que a la delincuencia terrorista, el descrédito de la política como elemento de acción cívica ante los poderes fácticos no sujetos al escrutinio ciudadano, han supuesto un lógico rechazo de la mayoría de la población a un régimen cada vez más deficitario democráticamente. Su eclosión territorial catalana se debe a que es un ámbito más sensibilizado y con mayor grado de movilización.

Pero la crisis múltiple del Estado –institucional, social, política y territorial- también anida en las mayorías abandonadas, damnificadas, excluidas, que intuyen que el régimen genera la imposibilidad de construir una alternativa que suponga un nuevo paradigma, una creación de sentido, que pueda servir de semántica común a la alteridad. Y ahí surge la utopía latente percibida como icono no intoxicado por la herencia del caudillismo, referencia de libertad y avance social en toda su magnitud, con una simbología generadora de auténticos vínculos emocionales con los ciudadanos. El discurso del rey ha confirmado la quiebra de un sistema incapaz de reinventarse en busca de una adecuación a una realidad que se niega a reconocer para instalarse en la esclerosis política de un tiempo destinado a pasar.

 

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4 Comentarios

  1. De q va ud . El Rey ha estado impecable.de 10. Es lo q pensamos la mayoria d los Españoles. Y digo la mayoria.no muchos o la gente. En todo caso la Constt.ttambien es mia para tocarla q me pregunten antes.no por lapuerta de atras.

  2. El rey puede meterse su discurso en donde sabe que duele o gusta. A él le podréis llevar al vuestra casa y las criaturas que tengáis ya las amamantareis como podáis. Yo sólo digo que deshacernos de esta plaga costó mucho tiempo y muchas vidas. Llegaron a tratar con Francia la soberanía de Navarra y Cataluña y regalaban Gibraltar a los ingleses. Entiendo a los que son monárquicos, pero no nos lo quieran imponer a sus víctimas. Había en el siglo X X una normalidad democrática que no fue repuesta. El estado más rico intelectual y pluralmente en cuanto a diversidad cultural y política. No lo recuperamos por culpa de estos parásitos. Sus hijos serán reyes y los tuyos parados o mal pagados. Dónde está la igualdad de derechos….?

  3. Caballero Antonio: le digo a que opiniones como la que Vd. le a dedicado al Rey, sobran y no merece ni un comentario mas, vallase a Venezuela, seguro que es el gobierno que le gusta.
    Los nacionalistas no entienden de diálogo al igual que los independentistas, que son lo mismo. El mensaje del Rey ha sido excelente y claro, ahora le toca a lis impresentables catalanes politiquillos pedir dialogo y sin olvidar que deben pagar lo que establezca la Ley.
    A Vd., querido Antonio, le digo que se le ve el plumero populista, o sea, odio al pueblo que no piensa como Vd. Y buscar el enfrentamiento entre derecha e izquierda, vallase a Venezuela hombre, y no escriba mas chorradas. Viva la libertad y la tolerancia.

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