Estos días de lluvia, tan apropiados para ponerse al día consigo mismo, hacen que una de mis pasiones (la política) me inunde la cabeza y la mantenga siempre ocupada.

Me vienen asuntos variados pero, al final, encaminados a lo mismo: el sentimiento de orfandad de quien se siente de izquierdas.

¿Hasta qué punto, hoy en día, tiene la política libertad de acción trasformadora? ¿Tiene sentido la acción directa de la ciudadanía en el devenir de la misma? ¿A nadie más le invade la sensación de que todo está más que orquestado desde las élites a las que los actuales representantes políticos aspiran a llegar? Todas estas preguntas, aunque lo son, no son más que mis propias respuestas a las que he llegado desde mi atalaya. Esa desde donde uno se siente huérfano por parte de los que, hasta ahora, me decían representar y por parte de los que venían prometiendo tanto que se han perdido en sus propias mentiras.

Es cierto que uno se lo espera todo de la mal llamada derecha española (no olvidemos que ese espectro político va desde la derecha a la extrema derecha, cada día más patente y con menos rubor).

Esa derecha que jamás ha tenido el mínimo atisbo maquillador de la realidad, ni hablemos transformadora. Esa que no engaña; son lo que parecen y no se molestan ni en disimularlo. Esa derecha manipuladora, heredera de un régimen genocida, a la que la política siempre le ha supuesto una actividad con el mayor ánimo de lucro posible y que, a pesar de sus críticas en público, ha vivido de lo público toda su existencia. Pocos son los honrosos ejemplos que contradicen mis pensamientos.

Y, si por si fuera poco, han tenido la habilidad de hacernos creer que sus actitudes son las normales, y que siendo esas mismas en personas de izquierda son absolutamente reprochables.

Si acaso es esa la única virtud que les otorgo pero…¿qué pasa con la izquierda de este país? ¿No les parece suficiente escarnio todo lo que están haciendo este gobierno como para dejarse de rencillas?

Esa izquierda que se supone transformadora, heredera de aquellos que se organizaron en base a un ideario de justicia social que todos conocemos sobradamente y en el que huelga, por tanto, más explicación, ¿qué ocurre con estos señoritos acomodados, representantes del aburguesamiento y con un déficit ideológico tan patente que han convertido en agencia de colocación lo que debiera ser la esperanza de mucha gente? Parece ser que solo se representan a sí mismos y son tan capaces de defender un “no es no” como al día siguiente lo contrario, con el mismo ahínco.

Termino entendiendo que, en el fondo y la forma, no aspiran a representar a nadie, habiendo convertido la nobleza de la política en algo tan simple como un trabajo, pero en minúscula.

Si paso un poco por encima de “la nueva política”, la de izquierda que es la que me interesa, veo que el panorama sigue siendo tan desolador como lo anterior pero, si cabe, acompañada de una enorme dosis de decepción, gran problema para gestionar por su parte.

Esa nueva izquierda que empezó no siendo de izquierdas ni de derechas y que sus propios adeptos (que es lo que parece tener) se han encargado de ubicar en el espectro ideológico que sus dirigentes no querían porque no vendía. Ese gran detalle, para mí, es clave para entender mi profunda desconfianza desde su origen. Si ya empiezas ocultando lo que pretendes ser… ¿Estos son los que han de dar esperanzas a tanta gente desencantada? Mucho me temo que no, y no lo harán ni por voluntad ni por los hechos ya contrastados.

Esta nueva izquierda que está dejando un reguero de ilusiones en la cuneta que, a su vez, está realizando un trabajo encomiable a la derecha de este país – como ya hizo en su momento uno de sus referentes intelectuales -. Esto también me lleva a pensar si es que, en realidad, no sea la derecha su origen y sentido. Documentación existe al respecto y la manera en la que ha subido en tan poco tiempo sin tener un ideario claro y utilizando el enorme arsenal mediático sin venir a cuento, a mí al menos, me lo ratifica. Invito a indagar y perder un rato en encontrar un “bonito” informe de la Fundación Everis llamado “Informe Transforma España” encargado, no precisamente por el que fuera presidente del gobierno en aquel momento, Rodríguez Zapatero, en el año dos mil diez. Entonces no se tenía conocimiento de ningún movimiento político de izquierda y resulta muy interesante para estos días de lluvia y para que uno saque sus propias conclusiones.

La historia está llena de momentos en los que el continuo conflicto de la izquierda ha servido para todo lo contrario que se supone debiera ser. La propia Guerra Civil española fue un ejemplo palmario de ello y no hace falta decir lo que conllevó.

Siendo un poco observador uno se va dando cuenta de que la derecha lo vuelve a conseguir hasta tal punto que se nos ha creado un complejo de inferioridad tan grande que pensar en conceptos como la lucha de clase o el poner la economía al servicio de la sociedad, blindando sus derechos básicos y dotando a la sociedad de los servicios sociales necesarios se vea como algo obsoleto y decimonónico; así como el cambio tan contundente para la autoestima de las personas necesitadas de hacerles creer verdaderos parias que no necesitan de la solidaridad del resto sino de la caridad, concepto este muy ligado a nuestra derecha. Capaz de debilitar cualquier servicio social para que se ocupen sus “obras sociales” otorgándoles estos fines a, mi también muy querida, iglesia. En definitiva, las batallitas del abuelo y las conspiraciones de los rojos.

No es un panorama que se antoje muy halagüeño ni inspirador para que nadie se quiera meter en él pero mi optimismo y continua búsqueda de la utopía hace que permanezca viva mi esperanza en la aparición de algo que desmonte todo este tinglado y lo ponga patas arriba. Y me da la sensación de que somos muchos millones más. Algo que lo tendrá relativamente fácil: Socialismo actual, coherencia, ejemplo y tiempo. Con esos mimbres lo que salga transformará con la ayuda de todos…y ella lo sabe.

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