El Diario La Nación publicó el pasado domingo un editorial en el que cuestiona la figura de Estela de Carlotto mezclando críticas válidas con acusaciones de baja calaña y minimizaciones de la labor desarrollada por la líder de Abuelas de Plaza de Mayo.

Es un tema que no puede pasar desapercibido y sobre el que es necesario remarcar claramente nuestro rechazo porque lo que busca, en definitiva, es cuestionar el accionar de la Asociación que circunstancialmente preside.

No hay dudas que las Abuelas hacen política desde antes de convertirse en Abuelas, ya decía el Raly que ‘política hacemos todos al caminar’ y que si así fue, se dio como respuesta ciudadana frente a los delitos y las atrocidades que se cometían desde el Estado y que el propio Diario La Nación no sólo no cuestionaba sino que, en muchos casos, avalaba. No puede sorprender entonces que afirmen que ‘El dinero, la ambición, el personalismo y la sed de venganza fueron distorsionando el prestigio y la finalidad de algunas organizaciones’, cuando en realidad la ambición y la sed de venganza lo que están distorsionando es el rol periodístico que debe cumplir un medio como La Nación.

Si el Diario lo que pretende cuestionar es el accionar personal de una dirigente, debe focalizar en ella y circunscribir sólo a ella sus controversias, el pretender enlodar a la totalidad de la institución lo que busca es, en realidad, cuestionar a la institución. En lugar de plantear un debate ideológico, dado que el debate ético las Abuelas lo tienen ganado antes de comenzar, buscan proyectar al todo el cuestionamiento a uno de sus integrantes. Gracias a la labor de Abuelas 122 nietos han recuperado su identidad, ¿qué hizo el Diario La Nación por la justicia y el esclarecimiento de crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura militar argentina?

Y para cuestionar a Estela de Carlotto recurren a la mentira. Dice el Diario La Nación que Carlotto niega ‘el amplio abanico de gravísimos delitos que se les comprobaron’ a los integrantes de los grupos guerrilleros argentinos de los ’70, y esto no es así puesto ya que públicamente han criticado el accionar por el que sus hijos buscaron imponer sus ideas, y miente también el Diario al afirmar que Carlotto ‘cargó contra el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), acusando a esa institución de promover la impunidad para los responsables del terrorismo de Estado cuando, al igual que Abuelas pero en la vereda opuesta, Celtyv defiende los justos pero silenciados derechos de las víctimas inocentes del terrorismo subversivo de aquellos años’. El Celtyv busca reescribir una historia ya escrita en la Argentina, y lo afirman abiertamente al sostener que su labor se justifica en que ‘la parcialidad, inequidad y desamparo en que los gobiernos han dejado a las víctimas inocentes del conflicto armado y su táctica terrorista’. No hubo conflicto armado, hubo terrorismo de Estado; no hubo táctica terrorista, hubo grupos guerrilleros; no hay parcialidad del Estado, el Presidente Alfonsín firmó el 15 de diciembre de 1983 los Decretos 157 y 158 en los que sometía a Juicio a las cúpulas guerrilleras y a las tres primeras Juntas Militares.

Cierto es, sin embargo, que en su rol ciudadano Estela de Carlotto ha sostenido públicamente posiciones políticas que no se han logrado sostener en el tiempo, y quizás la más notoria fue la defensa del designado Jefe del Ejército César Milani, pese a las denuncias por violación de los derechos humanos que tenía en su contra. En lugar de escuchar a quienes lo denunciaban, eligió tomar el camino de entender las críticas como un rechazo al accionar del gobierno que ella apoyó, y se distanció de las víctimas que le reclamaban apoyo. Pero pese a ello, actitud con la que discrepo profundamente, Estela de Carlotto no ha dado lugar a las críticas que le propina el Diario La Nación, y mucho menos que éstas se hagan extensivas a la Organización que preside.

En todo caso, si el Diario y quien escribió el Editorial están tan preocupados en que ‘a esta altura resulta inaceptable continuar distorsionando la verdad histórica y manipular tendenciosamente los derechos humanos para ponerlos al servicio de la mezquindad política, con burdos fines económicos e ideológicos alejados de la reconciliación y el reencuentro entre compatriotas que debiera primar a la hora de construir unidos el futuro de nuestra Nación’, deberían comenzar por hacerse cargo de su ideología y renombrarse DIARIO LA NAZION.

 

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