Los Cuentos de Lola son una reflexión que va a más allá de la literatura, son el traslado artístico de la ignominia que en este país se ha permitido. Nos podrán arrancar una sonrisa cuando reconocemos a sus personajes, cuando les ponemos cara, pero será la sonrisa amarga de quien contempla la maldad o los extremos más terribles de la condición humana.

Lola Socor nació en esta España que no deja de sorprendernos en la década prodigiosa del pasado siglo, la de los turistas, la del seiscientos, la del viaje a la Luna y la televisión en color. Tiene enorme experiencia en materia financiera y en asuntos legales. Ha escrito siempre y su estilo es directo aunque no exento de ironía, no siempre bien entendida por sus lectores o por sus destinatarios.

Lola no pretende descifrar el enigma que acompañará para siempre la desaparición por muerte súbita de un viejo banco español, porque probablemente no tiene todas las claves, o quizás sí.

Por estos cuentos irán pasando personajes cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia. Estos cuentos son como la realidad misma, un viejo banco madrileño confiscado pero solvente a la vez, atacado por algunos de dentro, a quienes les engaña su avaricia, avaricia pintada de rojo, que aparece como la salvación de quien no necesitaba ser salvado. En definitiva, una coincidencia tan cercana a la realidad pura, que por real parece increíble.

Los personajes que revoletean por sus cuentos son conscientes de sus pecados, pero piensan que nadie les ha visto, que la estupidez humana admite como natural aquello que sólo tiene una explicación, la violencia con la que se propaga la necedad animada por el brillo del dinero. No hay principios, querido lector despójese si puede de ellos y entenderá que muy cerca de Usted vive el Don y el banquero de inversión, conocido entre sus cercanos como Piquito de Oro, que acaba de pasar con su moto salpicándole de barro, acelerando a fondo, sin mirar atrás, sin dejar que se vea su cabeza calva embutida en su casco negro.

Se trata de una historia difícil, en un mundo que por moderno que sea el traje que se quiera poner responde a los mismos impulsos de siempre, a la misma falta de ética, a la misma traición a la palabra. Historia difícil porque los beneficiarios impedirán que se sepan los detalles, y porque aunque se conozcan esos detalles muy pocos pensarán que se trata de lo que se trata: una trama desarrollada por gente prepotente, que ignora al prójimo, al que cree inferior, especialmente si es funcionario, juntaletras que no ganarán en toda su vida lo que ellos en una mala operación.

Puede ser que nadie se reconozca en estos cuentos, si Usted ha sido afectado por los desmanes no se sienta despreciado, ellos no tenían nada personal contra Usted, sólo querían quedarse con su parte, la suya de usted, sin más, por nada, porque Usted es un ignorante. Nunca lo han considerado a Usted como un ser racional, sino como un tonto más que no los entiende, un marrano de los que vagan por la finca de siete mil hectáreas de Piquito de Oro, que valen en la medida que pueden ser cazados.

Lola Socor es un cruce de caminos, ella se pregunta cómo es posible que su nombre de pila coincida con el de una jueza protagonista de unas novelas policiacas que sólo el Don ha sido capaz de leerlas enteras para poder entender a su autora, la llamada por un tal Piquito de Oro la consejera del cable pelado.

Lola Socor está muy orgullosa de su rancio abolengo, de su apellido cordobés, que coincide con el nombre de una finca llena de marranos, que vagan por ella y la estercolan, a los que Piquito cuida con más esmero que a los empleados del banco que destrozó.

Pero por eso ha preferido no cambiar ni de nombre, ni de apellido. Lola Socor se ha centrado en una pequeña historia de destrucción fatal, y volverá cuantas veces haga falta. Su apellido ilustre, su origen del Sur le llaman a proclamar la verdad oculta detrás de las maniobras de la pandilla de necios que asoló el viejo banco madrileño. Lola no les arrienda la ganancia.

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1 Comentario

  1. Excelente. So para ler isto, ja nao dou por tao perdido o dinheiro que investi no Banco Popular. Falta apenas recuperar o orgulho e o sonho da instituicao que era o Banco Popular.

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