Que la mujer, cuyas principales dotes sexuales son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura, debe dar y dará al marido, obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya y defiende, y con la delicadeza de quien no quiere exasperar la parte brusca, irritable y dura de sí mismo […]”[1]

 

Con este protocolo matrimonial se casaron mi bisabuela, abuela y mi madre; además de muchas otras mujeres mexicanas que hasta el año 2007 escucharon este discurso arcaico al celebrar su matrimonio civil. Pero hoy que celebramos el día de las madres en México, es menester recordar que estos atributos o “dotes sexuales” se convirtieron en verdaderas cadenas de opresión que echaron raíz en nuestra vida cultural, política y social, generando estereotipos y conductas exigibles, que lamentablemente no se pueden derogar con la facilidad con la que hoy hemos dejado de leer la epístola de Melchor Ocampo.

Ser mujer en México, implica moverse entre la hipocresía de quienes nos dicen que somos iguales, pero nos siguen tratando diferente; y los que continúan creyendo que las cualidades de abnegación, belleza y ternura, deben seguir caracterizando a las mujeres mexicanas, que deseen ser dignas de respeto ante la sociedad. No pretendo condenar al Señor Ocampo ni al entonces presidente Benito Juárez, por haber pensado en 1859 que las mujeres nacimos para ser agradables, obedientes y agradecidas con los hombres que nos protegen, pero sí miro con desagrado que nadie considerara ese texto como vetusto y anticuado hasta muchos años después, porque ello refleja una normalización de roles aceptados históricamente, que tardaron un siglo en ser cuestionados.

¿Y eso qué tiene que ver con el 10 de mayo?, ¿pretendo jugar el papel de la víctima, solo porque soy mujer? NO. Simplemente creo que si hoy rendimos homenaje con especial devoción, reconocimiento y cariño a nuestras madres, debemos esforzarnos por ser capaces de ver más allá de esa supuesta abnegación y belleza, para darnos cuenta de que con las complicaciones, desigualdades y roles invisibilizados que tuvieron muchas de nuestras antecesoras, hoy podemos aspirar a ser reconocidas y valoradas por cualidades que antes no nos era permitido ostentar, pero que siempre tuvimos; porque hoy estoy convencida de que esas mujeres, han dejado en mí, un legado inmensurable de sabiduría, fortaleza, pasión, coraje y valentía; porque no tuvieron miedo de levantarse todos los días en un mundo muy distinto del que yo conozco, y ese espíritu de lucha es el que nos conecta a las mujeres de todas las épocas, en especial a las madres que tras sus dolores de parto, escucharon aquel primer llanto que les hizo sonreír y afirmar desde lo más profundo de sus entrañas “todo ha valido la pena”.

Mientras no seamos capaces de ver en nuestras madres lo que son, y no lo que creemos que deberían ser, estaremos privándonos de esas cualidades ocultas que ignoramos durante muchos años, y que seguimos ignorando, porque nos hace falta observarlas más de cerca, escucharlas desde adentro, como cuando nos encontrábamos en aquel saco líquido esperando salir al mundo; también es necesario tocarlas, porque cada que abrazamos a nuestras madres, experimentamos una paz indescriptible, y de repente ese abrazo se vuelve al mismo tiempo un regalo, que nos permite damos cuenta de lo mucho que aún tenemos que aprender de ellas, que nuestra observación, escucha y contacto comiencen hoy, pero que nunca terminen, hasta que todos los días sean 10 de mayo.

Feliz día de las madres.

[1] Ley de Matrimonio Civil, Palacio del Gobierno General en la heroica Veracruz, julio 23 de 1859. (Texto popularmente conocido como “La Epístola de Melchor Ocampo”).

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Catedrática en el Instituto de la Judicatura del Poder Judicial Federal, extensión Aguascalientes; doctoranda en la Universidad Internacional de la Rioja; Maestra en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante en España, Maestra en Ciencias Jurídicas por la Universidad Panamericana, Campus Aguascalientes; Título de Experta en Argumentación Jurídica por la Universidad de Palermo, Italia; Especialidad en Ciencias Políticas, Económicas y Sociales por el Phoenix Institute en la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos; Especialidad en Justicia Constitucional por la Universidad de Castilla La Mancha, Toledo, España; Diplomado en Derechos Humanos por el Instituto Universitario Henry Dunant en Ginebra, Suiza, Diplomado en Derecho Familiar por la Pontificia Universidad Católica de Chile; Asociada de la “AMJE” (Asociación de Mujeres Juezas de España), Miembro del Consorcio Internacional para Estudios de Derecho y Religión, La Asociación de Filosofía del Derecho para el Mundo Latino, La Barra Mexicana de Abogados, entre otras. Fue administradora nacional en México de la ILSA (Asociación Internacional de Estudiantes de Derecho, por sus siglas en inglés), y también realizó una visita profesional en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ha sido conferencista en seminarios en México, Brasil, Uruguay, España, Reino Unido y República Dominicana.

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