Como todos los años, el nueve de julio celebramos en Argentina el Día de la Independencia, porque en esa fecha del año 1816 las Provincias Unidas se declararon independientes del Reino de España, a cuyo trono había vuelto Fernando VII un par de años antes. España buscaba re-colonizar los vastos territorios del sur, que se habían emancipado y, autogobernados durante años, sus habitantes no veían motivos para volver a ser súbditos de una persona que, desde lejos y por un derecho divino (sin dudas incontestable, sísísí, pero poco convincente entre los americanos), les monopolizase el comercio, les dictase la norma; en fin, les dijese qué hacer.

Las Provincias Unidas enviaron delegados, es decir representantes, a la minúscula provincia de Tucumán, a mitad de camino entre Buenos Aires y el Alto Perú. Los realistas habían tenido una serie de victorias en batallas del actual norte argentino, y declarar la independencia en Tucumán era también una manera de defender la Revolución de 1810.

Luego de la revolución y la declaración, lo de siempre: guerra civil, un tirano, varias constituciones y finalmente una Constitución. Un proyecto de país, la inmigración, y el siglo veintiuno con su democracia tambaleante, gobiernos argentinos legítimos amenazados por militares igual de argentinos, con facultades para defender a la República, pero no para atacarla.

¿Qué quiere decir ser independientes, que una nación sea independiente? ¿Independiente de qué?
No, estimado lector; no le pregunto a usted. Me pregunto a mí. O, bueno, si quiere también a usted. Calculo que, como comunidad nacional, celebramos estas fechas para recordar que, al menos en los papeles, no estamos subordinados a otras naciones: nos gobernamos solos, tenemos un Estado soberano, es una fecha importante, de todos los argentinos, que supera las simpatías políticas de cada uno.

En Argentina ya entendimos que podemos echarlo todo a perder por nuestra propia cuenta.
Seremos realmente independientes cuando entendamos que, además, también estamos en condiciones de tener un país próspero.

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