Detrás de las banderas está la realidad. Y sobre todo los ciudadanos de este país; de Cataluña y del resto de España. Y el ondear de las mismas, la burda movilización emocional que las élites han decretado para ocultar sus vergüenzas, para perpetuar y acrecentar su posición y sus privilegios, no pueden ocultar la verdad.

Así, podemos empezar por la corrupción, una corrupción que, como se ha visto recientemente con la confesión de Ricardo Costa, y las declaraciones del ex presidente de los constructores de Castellón, ha sido sistémica en los años de gobierno del PP valenciano, y ha llevado a una podredumbre tal que la imagen de Valencia como una especie de Sicilia con paella será difícil de revertir en Europa. Y podríamos hablar también del 3 % madrileño, del catalán, etc, etc. Tal vez por ello, las banderas no pueden tapar el intenso olor a cloaca que desprenden las élites hispanas.

Así mismo, los himnos y fanfarrias no pueden esconder que, mientras la pobreza, la precariedad y la desesperanza se extiende entre la inmensa mayoría de ciudadanos de este país, los 200 más ricos han incrementado su patrimonio en más de 10.000 millones de euros, sí, diez mil millones de euros. No es extraño pues, que según Oxfam Intermón, el 1 % de la población más rica de España posea el 25,1 % de la riqueza total del país, que la desigualdad se siga acrecentando y que la tasa de pobreza se sitúe en el 22,3 % de la población, la tercera más alta de la UE, sólo por detrás de Rumania y Bulgaria.

Tampoco se puede ocultar que la cacareada recuperación convive con las noticias, un día sí y otro también, de EREs en grandes empresas, de congelaciones de sueldo, de planes de reducción de plantillas. Y es que puede que se haya creado empleo, pero su calidad es ínfima; y la precariedad, la temporalidad, los bajísimos salarios y el subempleo son la tónica dominante en el mismo. Y mientras, las plusvalías de los grandes empresarios acrecentándose a marchas forzadas. Y mientras, los voceros de los poderosos alentando la burda movilización emocional que disfrace esta realidad.

¿Y qué podemos decir de los planes apenas disimulados de reducir las pensiones, de la destrucción de los pilares de nuestro Estado de Bienestar? ¿Qué podemos decir que no se haya dicho ya de la pérdida de derechos sociales y laborales? Y es que tal vez lo más triste de ese ondear de banderas, de ese intento de las élites de enfrentar débiles contra débiles, es que la desesperanza y la falta de expectativas es lo que intentan disimular y que los españoles interioricemos. Ahora bien, depende de nosotros aceptar esa situación o por el contrario pensar que hay soluciones y sobre todo esperanza.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

14 + diecisiete =