Finalmente, Mary, una mujer de 99 años ha sido desahuciada en la mañana de ayer tras años de lucha por recuperar sus bienes que, según ella, su nieto le robo. Mary se ha resistido al desalojo de la casa que su nieto vendió sin su consentimiento.

La mujer de avanzada edad ha mostrado su disgusto y congoja con esta decisión judicial de desalojo. “Esto es una canallada que hace la justicia, me quieren llevar a todos los lados, primero me querían llevar a un hotel y luego a un psiquiatra”. “Mi casa esta con el usufructo mío hasta que yo me muera, pero los jueces han sido unos canallas, porque saben que mi nieto ha vendido mi casa, pues que le metan a él en la cárcel”.

Mary se ha sentado en un banco, afirmando con determinación que no se iba a ir. “Quiero Justicia”. A pesar de que su nieto quedó absuelto tras el juicio celebrado el pasado 11 de julio de 2017, por estafa y delito continuado de apropiación indebida.

La sentencia, dictada el 25 de julio de 2017 y contra la que cabía interponer recurso de casación ante el Tribunal Supremo, “el nieto se encargaba de la gestión del patrimonio de la querellante con un amplio poder de disposición de sus bienes”. Consideraba probado que entre 2010 y 2013, realizó “diferentes actos de disposición de dinero y bienes” de la anciana, “que minoraron significativamente su patrimonio”.

El dictamen afirmaba que “tales hechos indiscutidos sugieren la sospecha de actuación unilateral de Carazo”, que en su defensa alegó que “respondía a la exclusiva voluntad de su abuela para que administrara sus posesiones”. Frente a ello, la mujer Mary Díaz Urosa de 99 años, “opuso una reiterada negativa y el desconocimiento pleno del acto notarial por el que habría otorgado poderes a su nieto”.

La sentencia presta “escasa fiabilidad, [del testimonio de la querellante]”, y abundaba en este argumento de forma muy explícita: “Si bien esta declaración fue emitida en condición de testigo y bajo los correspondientes apercibimientos legales, contrastó la Sala no sólo un marcado resentimiento de aquélla hacia el acusado al creerle culpable de los hechos que denunció, sino un interés claro en la condena de su nieto, que sin duda le influyeron al ofrecer al Tribunal numerosas respuestas evasivas, contradictorias… o que así se tornaban, a medida que iban declarando”.

Las magistradas encargadas de juzgar el caso llegaron “a tener la duda de si esta circunstancia respondía a la avanzada edad de la querellante o a la firme determinación de la testigo, que impresionaba genio y lucidez, pese a su edad, de que no iba a reconocer hecho alguno que pudiera no incriminar a su nieto”. “Ejemplo de lo dicho fue el desconocimiento reiterado que sostuvo la mujer acerca de cualquier dato relativo al contexto y al momento del otorgamiento notarial del poder de libre disposición [de sus bienes]”, razonaban.

El nieto, Manuel C. G, de 55 años, se hizo con casi 2 millones de euros de su abuela, quien lo denunció, afirmando el año pasado que no le había dejado “ni para pan”. Mary afirmó también que su nieto llegó a vender su dúplex de Pozuelo de Alarcón (Madrid) sin su aprobación por 420.000 euros.

Según Mary de 99 años, que ayer fue desahuciada de su casa de Pozuelo de Alarcón, el municipio con la renta más alta de España, el ardid empezó a forjar tras la muerte de su marido, cuando decidió vender la mansión en la que vivía para comprar otra vivienda más pequeña (el dúplex de Pozuelo de la que ha sido desalojada). Fue entonces cuando su nieto le ofreció ayuda.

El nieto, absuelto en primera instancia, cambió en 2010 su residencia desde Estados Unidos a España al conocer que había fallecido el segundo esposo de su abuela, que por aquel de 92 años. Sirviéndose de una “fingida relación de cariño”, convenció a su abuela para que le nombrara heredero universal en su testamento y a su abogado como albacea.

La abuela Mary, “confiando en que el acusado realizara una buena gestión de su patrimonio”, le nombró apoderado en todas sus cuentas bancarias, circunstancia que, según la acusación, que “fue aprovechada por el nieto para hacer transferencias a su favor a una cuenta de su exclusiva titularidad”.

El 30 de julio de 2010, el nieto consiguió que su abuela le otorgara ante notario, un poder general para disponer de todo su patrimonio. Fue con ese poder con el que más tarde constituyó una sociedad limitada junto a su abuela que le sirvió “para vender una plaza de garaje propiedad de la mujer estafada por 35.000 euros sin que hasta ahora haya reintegrado cantidad alguna por el producto de la venta”, sostenía la defensa.

El nieto “bajo el pretexto de elevar a público el acuerdo social”, -en realidad, su abuela había realizado una ampliación de capital para la sociedad-, un procedimiento “le deja huérfana de todo bien y ya no tenía necesidad de utilizar el poder que un día le otorgó”, según afirmó la fiscalía en el juicio.

El nieto figuraba “como el administrador de la sociedad Díaz Carazo S.L., de la que no consta actividad, ni rendimientos, ni beneficio alguno, pero de la que sí recibía mensualmente una nómina que no superaba los 2.200 euros e incluso adelantos periódicos de la nómina en las que ya cobraba la referida suma y que podían alcanzar un importe de 6.000 euros”. 

Para rematar la faena, según el abogado de Mary, para evitar pagar el impuesto de sucesiones, consiguió que la abuela “le otorgara escritura pública de donación de todas las participaciones sociales que tenía en propiedad”.

Según la acusación, el nieto en poco menos de un mes hizo desaparecer los 50.000 euros aportados por la querellante para la ampliación de capital. El saldo en la cuenta bajó a los 11.671 euros, lo que propició que el acusado decidiera vender la casa de su abuela sin su consentimiento, por valor de 420.00 euros. En dos años, dejo la cuenta con apenas 2.229 euros.

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