El mito de la felicidad y la alegría congénitas de los españoles se derrumba. Más de 3.600 personas se suicidan cada año en nuestro país. Diez al día. La primera causa de muerte no natural; el doble de fallecimientos que por accidente de tráfico. Es una epidemia encubierta de la que nadie habla. Un tabú, la muerte secreta. El Gobierno, alarmado por unas cifras que se repiten cada año y motivado por la ausencia de un plan para luchar contra esta lacra, ha decidido visibilizar el problema, sobre todo después de que haya trascendido, según datos del Instituto Nacional de Estadística, que España es el sexto país de la UE con más casos de suicidio, solo por detrás de Alemania, Francia, Polonia, Reino Unido e Italia.

En los últimos días asociaciones que tratan con este problema como AIPIS (Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio) han mantenido diversas reuniones con la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Carmen Montón, quien les ha comunicado la intención del Ejecutivo de Pedro Sánchez de desarrollar un Plan Nacional para la Prevención del Suicidio. “Hemos podido reflejar la labor que realizamos desde el año 2009 y hemos aportado propuestas e iniciativas. Es un gran paso que hace pocos años hubiera sido impensable. Ahora solo cabe continuar impulsando la creación de este plan que tan necesario es para frenar uno de los más importantes problemas de salud pública en España y la principal causa evitable de mortalidad externa de nuestro país, por delante de los accidentes de tráfico”, asegura AIPIS en un comunicado.

Hasta hoy ningún experto, universidad ni organismo científico oficial ha conseguido llegar a la raíz última del problema, que no es otra que determinar las causas concretas del suicidio y establecer una clasificación estadística caso por caso. Las preguntas siguen siendo las mismas de siempre: ¿Por qué se suicida una persona? ¿Qué le lleva a querer acabar con su vida? Detrás de estas dramáticas situaciones personales suele haber un conjunto de factores, pero resulta extremadamente difícil saber cuál de ellos actúa como detonante directo para que la persona decida dar un paso tan drástico como poner fin a todo.

Según un informe del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, “lo complicado de la problemática hace que sea imposible determinar con precisión una causa única para consumar este tipo de actos, siendo producto de la confluencia de multitud de variables”. A grandes rasgos, en un 90% de los casos nos encontramos con un factor común que lleva a consumar el suicidio: la presencia de una enfermedad mental (depresión, esquizofrenia) y el abuso de medicamentos o sustancias estupefacientes. En Europa y también en Estados Unidos la cuestión mental constituye el principal factor de riesgo, mientras que en otros continentes como Asia es la conducta impulsiva la que motiva este tipo de decisiones. “Otros factores comunes de riesgo son los trastornos de la personalidad y afectivos, crisis de ansiedad y abuso de alcohol”, según el informe. Tampoco se descartan factores genéticos y hereditarios.

Con todo, los especialistas dan por hecho que las malas condiciones laborales y socioeconómicas por las que puede atravesar una persona a lo largo de su vida influyen decisivamente en este fenómeno. Es un hecho estadístico que en épocas de crisis, asociadas a un aumento del desempleo y la pobreza, se dispara el número de suicidios. Según datos de la organización Stop Desahucios y de la Plataforma de Personas Afectadas por la Hipoteca, un 34% de los suicidios contabilizados en los últimos años en España podrían ser el resultado de los cientos de traumáticos desahucios de viviendas que se han llevado a cabo.

Finalmente, otras causas son padecer una enfermedad crónica dolorosa, ser víctima de una determinada personalidad ‒poseer un carácter impulsivo con una falta de control de las emociones‒, y arrastrar un alto nivel de estrés emocional. Tampoco se deben olvidar circunstancias que marcan de por vida, como haber sufrido abusos sexuales, ser víctima de la violencia machista y de discriminación en general y haber pasado por conflictos bélicos. Por último se están apuntando otros factores más difusos como el clima del país en que se vive, la luz del entorno en que se habita o la incomunicación. Como dato importante en España se suicidan tres hombres por cada mujer.

Y conviene no olvidar el bullying. De hecho, en la UE lo padecen alrededor de 24 millones de niños y jóvenes al año, lo que supone que 7 de cada 10 sufren alguna forma de acoso o intimidación, de tipo verbal, físico o a través de las nuevas tecnologías de la comunicación. Además, desde el comienzo de la crisis en 2008 los suicidios entre la población joven han aumentado de forma exponencial, quizá debido a las elevadas tasas de paro y a la falta de oportunidades laborales. En cualquier caso, suele haber siempre un “factor precipitante” y no suele ser frecuente que los suicidas avisen de sus intenciones “a nadie de su entorno”, asegura el informe del Colegio de Psicólogos de Madrid.

Solo comunidades autónomas como Galicia y Asturias han implementado programas antisuicidio. En ellos se trabaja tanto en lo personal (manejo en la solución de problemas, mejorar la habilidad para las relaciones sociales, flexibilidad cognitiva, hijos, hábitos de vida saludables, actitudes y valores positivos y creencias religiosas) como en lo social (apoyo familiar, integración social, adoptar valores culturales y tradicionales, recibir tratamiento integral o disponer de ayuda económica y recursos suficientes). La prevención es básica, de ahí que el Gobierno se haya propuesto ahora elaborar un plan integral a nivel nacional.

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1 Comentario

  1. “El doble que en accidentes de trafico”
    Reducir las muertes en carretera es un negocio que genera dinero. Multas, radares…
    Reducir las muertes por suicidio es un tema que costaria mucho dinero y que además destapar la todas las miserias de esta sociedad.

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