La Trampa

Pasaban unos minutos de las ocho y media de la tarde. Fuera, las farolas marcaban con su anodina luz, amarillos cercos en la noche. Apenas había gente caminando por la calle de San Bernardo. Unos pocos clientes de la taberna El Madrileño tomaban su último chato de vino. En la tienda de Marcos Jaraque, hacía ya rato que su dueño había puesto el cartel de cerrado y se habían apagado las luces. El sereno paseaba junto al Palacio de los Condes de Ágreda, bastante lejos de la ventana desde la que Leopoldo y Juan Manuel esperaban y observaban, con las luces apagadas, para no ser vistos desde fuera.

Hacía como una hora que había finalizado la oposición.  

Rematada la impresión de las últimas octavillas que repartirían al día siguiente en la Universidad, esperaban la señal para salir con los paquetes a la calle. Allí esperaban Angel y Ernesto observando la evolución de la ronda del sereno y vigilando por si alguna patrulla de grises se acercaba. Las manifestaciones eran un riesgo para el partido, por eso escogían las octavillas, un modo rápido y eficaz de minar la credibilidad del régimen franquista. 

El reloj del campanario marcaba las nueve menos diez cuando un desconocido encendió el cigarro. Era la señal. Sus compañeros, agentes al servicio del Orejas en la social, acumularon folios de papel junto a unas sillas apiladas sobre una mesa, y les prendieron fuego. Cuando las sillas comenzaron a arder, salieron corriendo del aula y del edificio. Angel y Ernesto, en guardia por la carrera de los dos desconocidos, avisaron con la linterna a Leopoldo y Juan Manuel que escaparon pitando del cuarto de la multicopista. Al llegar a la altura de la taberna, dos secretas les cortaron la carrera.

-¿tenéis prisa? -preguntó un tipo agrio con cara de haberse acabado de comer un limón y una enorme cicatriz en el carrillo, junto a la oreja.

No tuvieron tiempo de responder. Los cristales del aula saltaron por los aires presionados por el calor. Los grilletes rodearon las muñecas de Leopoldo y Juan Manuel. 

Cincuenta y tres días después, Leopoldo y Juan Manuel se encuentran de pie, frente a los generales que presiden el consejo de guerra que les juzga. Una enorme barriga sujeta una decena de corbatas, cruces, encomiendas, veneras y una banda rojigualda que le cruza el pecho mientras lee en voz alta que ambos reos son condenados a veinticinco y dieciocho años de cárcel. A los otros dos presos, Angel y Ernesto, que permanecen también de pie junto a sus compañeros, les caen quince y doce años.

El lunes 27 de enero, la ciudad universitaria de Madrid, se llena de jóvenes estudiantes que gritan contra la dictadura y exigen la anulación de la sentencia y la excarcelación de los detenidos por la quema del edificio de la Universidad. Los grises entran a saco. Los caballos galopan por los pasillos. Las porras baten el aire, contusionan, sacan moretones, revientan costillas,… Dolor, sufrimiento, más ira. Decenas de estudiantes son llevados a la Puerta del Sol, torturados y enviados a Carabanchel.

 


 

Demócratas de chichinabo

Aún a riesgo de aburrir al lector, debo seguir insistiendo en la obscenidad de la que hace gala la mayor parte de la prensa española.

Hace unos días, el Troll de la Izquierda, Felipe González y su fiel amigo en los negocios “raros”, fueron abucheados en la Universidad Autónoma de Madrid. La convocatoria era de la FEL (Federación Estudiantil Libertaria) una organización estudiantil de carácter anarquista según indican ellos en su web (http://felestudiantil.org/la-fel/).

Por razones que aquí no vienen al caso, ese día estuve en casa toda la mañana y me encontré cómo en “Cuatro” (y en “La Sexta”) retransmitían la protesta en directo. Allí no había encapuchados como titulaba El Mundo. Es verdad que muchos de los manifestantes llevaban unas caretas hechas de cartón y folio en las que se podía leer el nombre de personas asesinadas por los GAL y la fecha del asesinato. Es verdad que algunos, los menos, se tapaban la cara con bufandas o pañuelos palestinos. Pero también es verdad que había muchos alumnos a cara descubierta. Y no, no hubo violencia, como titulaba el periódico global o los dos tertulianos de Cuatro (la subdirectora de La Razón y el tal Merlos de 13TV). Es verdad que un estudiante cogió del brazo a uno de los “Bedeles” o quizá personal de seguridad del ex-consejero de Gas Natural. Y tampoco es verdad que fueran proetarras como decía en Cuatro ese periodista, a sueldo de Cebrián en la Ser, Jose María Calleja.

Y digo que la prensa española en general es obscena porque faltan a la verdad, exageran, manipulan y desinforman con el fin de que todo siga siendo igual, que nada cambie. Su misión es la de asignarnos la maldad a todos aquellos que vemos insoportable esta tendencia al servilismo, a la pobreza y a la intolerancia. La mayor parte de los medios responden a sus accionistas que no son otros que esos bancos que nos han llevado a la quiebra del Estado, a la quiebra de la ética y a la de la sociedad del bienestar. Los propietarios de los grandes medios son esos que abogan por la reducción de salarios, la desprotección laboral y el régimen de trabajo de antes de la revolución industrial extrapolado al siglo XXI. Y claro, los periodistas también tienen que comer. Y una especie de síndrome de Estocolmo les impone autocensura.

A la mayor parte de la prensa, especialmente a los del grupo de uno de los abucheados, se les ha olvidado que gracias al PP este tipo de manifestaciones tienen una multa de entre 601 y 30.000 euros y si el fiscal del caso “lo afina” y considera la Universidad una instalación crítica, entre 30.001 y 600.000 €. Igual esa era la causa de las caretas, además de hacer ver que es una incongruencia que estas dos personas, con comportamientos obscenos e intolerables, con negocios de dudosa moralidad y amigos indeseables como el Iraní Zandi o el fascista Uribe, acudan a la universidad a dar lecciones sobre la sociedad civil. Aunque derecho, quede claro que lo tienen.

Un día antes, en el CIE de Aluche, ese Centro que, según el Ministro con amigos imaginarios que condecora estatuas de escayola, es el paraíso terrenal, a pesar de que sus ventanas estén cubiertas con chapas de acero soldadas a las verjas (¿cuánta luz pasará dentro?) y a pesar de que en 2011 muriera en él una ciudadana congoleña, los inmigrantes se subían al tejado a protestar por las condiciones en las que allí se encuentran retenidos. La obscenidad de los periodistas en sus panegíricos sobre las bondades de ese tipo de centro, relacionan inmigrantes con delincuencia y olvidan que nadie debiera ser retenido sin haber sido juzgado y sin sentencia judicial y que ese CIE en concreto se parece más, por lo que cuentan las ONGs, a una cárcel en Colombia o Camboya que a un centro de Integración.

El sábado, Sortu y colectivos vecinales de Alsasua convocaron, con pleno derecho, una manifestación por las calles del pueblo en contra de la presencia de la Guardia Civil en esa localidad. Unos cuantos miembros (4) de COVITE, (Colectivo de Víctimas de Terrorismo del País Vasco) irrumpieron justo a la hora de comenzar la manifestación con carteles de apoyo a la Guardia Civil. Pues bien, la prensa ha recalcado e insistido, volviendo a mentir, que los instigadores, los que provocaron tensión fueron los convocantes de la manifestación y no los que irrumpieron alegalmente en una concentración convocada con pleno derecho y forma. Porque COVITE tiene todo el derecho a manifestarse igual que los otros, y a decir lo que quieran, pero no a irrumpir en otra manifestación (según la ley Mordaza, de 601 € a 30.000 € de multa). Yo he visto como cargaba la policía en Madrid contra colectivos anticapitalistas por irrumpir en una manifestación de Fuerza Nueva. Sin embargo parece que los afines al periodismo paniaguado, tienen patente de corso.

A la indecencia y la obscenidad de alguna prensa se une la de los partidos que sustentan este genocidio del estado de bienestar. Que un tipo como Rafael Hernando, bronco, hipócrita, mal educado y violento (recordemos que estuvo a punto de agredir a Rubalcaba dentro del Congreso o que retó a un twittero a pegarle en persona) hable de fascismo y de violencia, sería para reír, si no fuera porque no tiene ni puñetera gracia.

Que la gestora del PSOE, fruto de componendas antidemocráticas que han echado a patadas al Secretario General elegido por las bases, que amenaza con expulsar del partido a quién no quiera seguir sus dictados en el voto a favor de la corrupción, y que hace lo posible para que las bases (90.000 firmas ha recogido el Alcalde de Jun y no sabe si son suficientes porque le niegan el dato del número de afiliados) puedan opinar sobre si deben apoyar o no al partido que ha arruinado social y económicamente a España, tilde la protesta de intolerante y fascista, es el colmo de la indecencia y del cinismo.

Pero claro, aquí la democracia consiste en lo que el amado líder diga. El que se mueve, no sale en la foto. El que no sigue al líder, no vuelve a las listas. El que osa ir por libre y pone en peligro el sillón del líder y sus secuaces, acaba expulsado, masacrado y defenestrado. El colmo de la manipulación es escuchar a Angélica Rubio en Al Rojo Vivo decir que las actas de diputado son del partido y que así lo dictamina el TC.

Hace algunos años se armó gran revuelo cuando un diputado apretaba el botón de voto de su compañero (además del suyo) pero no fue a más. A los diputados, se les exige disciplina de voto, como estúpidos robots que ni piensan, ni sienten, ni tienen opinión. Es verdad que el voto suele también ser unificado en el resto de los parlamentos de países europeos, pero allí hay discusión, diálogo y debate en el grupo parlamentario sobre las leyes que se votan antes de acudir al parlamento. Aquí, el amado líder, el padre escolapio de turno, presenta lo que, los que están en la sobra, quieren, ¡Cómo si fuera lo que nos interesa a todos!, y los demás, acatan.

¡Qué lejos quedan los años sesenta en los que la universidad pedía con anhelo democracia! (Parece que entonces el PSOE no tenía remilgos en apoyar cualquier reivindicación). Los que ahora nos dicen lo que debemos hacer, los que nos califican como buenos o malos, demócratas o antisistema, decentes o indecentes, ni estuvieron allí ni saben en su mayoría lo que allí se cocía (y dudo que sepan lo que se cuece ahora). Son los que creen que éste es un país democrático ejemplar y que todo se lo debemos al que vino con una maleta llena de aire y ahora es multimillonario.

La democracia existe porque ellos lo dicen. Y como todos sabemos, en España, de siempre, no hay nada más democrático que las cosas que son así, porque lo dice el amo.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anterior¡Depongan su ideología, salgan todos con sus actas en alto!
Artículo siguienteSe vende ciudad

Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentahistorias freelance o mejor dicho un alma libre.
En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación.
Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Ahora participo activamente en PODEMOS, más que por convicción, por la necesidad de regeneración.
Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Subjetiva y probablemente equívoca, pero es mi opinión. Si me equivoco rectifico. Sólo el que rectifica aprende algo.
Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

cuatro × tres =