Hace unos días se presentó en Madrid el libro El Delirio Nihilista, un ensayo sobre los totalitarismos, nacionalismos y populismos (Editorial Última Línea – CITMA, 2018), en cuya elaboración he tenido el privilegio de participar con la redacción de uno de sus capítulos (“Euskadi… después del terrorismo: la batalla del relato”), donde recuerdo la historia criminal de la banda terrorista ETA, reivindico memoria, justicia y reparación para sus víctimas y apunto algunos de los asuntos que quedan pendientes, como la necesidad de resolver los más de 300 crímenes cometidos por la banda que a día de hoy siguen sin estar resueltos, entre otros. En dicha presentación compartieron mesa Fernando Navarro, presidente de CITMA, Luis Ferreiro, director de la Exposición Auschwitz, Sara Núñez de Prado, profesora titular de Historia del Mundo Actual en la Universidad Rey Juan Carlos y Fernando Savater, filósofo y escritor.

El libro pretende combatir a los enemigos de la libertad y de las sociedades abiertas, analizando y diseccionando los sistemas, ideologías y movimientos totalitarios o autoritarios, “pues solo conociéndolos seremos capaces de afrontarlos eficaz y racionalmente”. Este ensayo colectivo consta de catorce capítulos agrupados en seis bloques temáticos – regímenes liberticidas, comunismo, nazi-fascismo, nacionalismos, nuevas amenazas y las víctimas – escritos por destacados historiadores o ensayistas como Fernando Savater, Fernando Navarro, Sara Núñez de Prado, Gabriel Alonso, Mauricio Rojas, Roberto Muñoz Bolaños, Raad Salam, Esther Cuerda o Fernando Mircala, entre otros.

En palabras de Fernando Savater, prologuista de la obra, “podemos llamar totalitaria a aquella ideología o conducta política que considera el valor de la vida humana como algo relativo a la norma que impone. Si no se somete a ella, esa vida pierde su calidad de verdaderamente humana, o sea, deja de pertenecer a nuestra propia especie y, por tanto, ya no gozará de la protección especial – incluso sagrada – que tienen las existencias de nuestros semejantes”.

Considero que se trata de una obra muy necesaria en los tiempos actuales puesto que, si bien es cierto que el fue el siglo XX el siglo de los totalitarismos y de los regímenes liberticidas y que durante las últimas décadas se han producido indudables avances en el respeto a los Derechos Humanos, vivimos en un mundo y en una época no exentos de riesgos ni de amenazas ciertas. Consecuencia de las distintas modalidades de crisis que estamos sufriendo (económica, social, política e institucional), de la globalización y su efectos secundarios, de los retos que no somos capaces de encauzar o resolver adecuadamente (la integración de la inmigración, el sostenimiento del Estado del Bienestar, los conflictos bélicos o las crisis humanitarias) y del descontento ciudadano que crece por razones diversas y a veces contradictorias, observamos que crece el populismo y la xenofobia, el fanatismo y el extremismo, la antipolítica, el nacionalismo o el populismo, con todos los riesgos que estos movimientos implican. Por no hablar del yihadismo y el terrorismo internacional, responsables de miles de muertos durante los últimos años.

El totalitarismo es destrucción pura, por eso resulta tan tentador analizarlo en términos de psicopatología. Los líderes totalitarios, como puede verse en la obra, conducen a sus naciones al suicidio colectivo, no sin antes haber asesinado, en muchos casos, a millones de personas en el camino. Antes de iniciar el recorrido de muerte y destrucción que sistemáticamente suponen los regímenes liberticidas que se diseccionan en este libro, se definen y enmarcan históricamente algunos de los conceptos que se recogen en este ensayo: totalitarismo, fascismo, autoritarismo, sultanismo, postotalitarismo, nacionalismo, populismo y yihadismo. Y todos ellos tienen un mínimo común denominador: el nihilismo. Y un mismo delirio: la muerte de las libertades, el genocidio y los crímenes contra la humanidad.

Frente a los que pretenden imponer sus ideas por la fuerza bruta y anular todas las libertades democráticas conquistadas durante siglos, no queda otra que defender el Estado de Derecho, la legalidad vigente, la convivencia democrática, las sociedades abiertas, el respeto al diferente, la libertad de pensamiento y los derechos humanos. Tal como expresa Fernando Mircala en el epílogo de esta obra (responsable también de la portada), “no permitamos nunca que nada ni nadie someta nuestra compleja diversidad vital a un molde rígido y carcelario, no dejemos que nos roben el infinito espectro cromático que imprime color y calor a la vida, y que es Luz expandida a través de un prisma exhibiendo una gama tan amplia como la Razón y los Sueños puedan ser capaces de imaginar”.

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Nací el 11 de noviembre de 1974: tengo, por tanto, 42 años. Soy Diplomado en Ciencias Empresariales, Técnico en Gestión Fiscal y Técnico Especialista en Administración y Dirección de Empresas. Milité desde muy joven en diversos movimientos sociales que se enfrentaron al terrorismo de ETA, como Denon Arten-Paz y Reconciliación (durante los primeros años de los años 90) y Basta Ya (desde finales de los años 90). Milité posteriormente y durante unos tres años en el PSE, partido político que abandoné en 2006 al comprobar que dejaba de ser un partido nacional y de defender la igualdad y por su política en relación a ETA. Me afilié a UPYD el 29 de setiembre de 2007, el mismo día en que se presentó públicamente en Madrid. Desde el 1 de marzo de 2009 hasta el 20 de octubre de 2016 fui parlamentario vasco por UPYD. He estado en la Dirección de UPYD desde 2009 y soy exportavoz nacional del partido. Portavoz de la Plataforma Ahora

2 Comentarios

  1. Has dado una vez más en el clavo, Pirro Ligorio. Tras toda esta cadena de despropósitos de los últimos años, los separatistas conservan intactos, su aparato propagandístico operando día y noche a pleno rendimiento (TV, radio, prensa, Internet), sus liberticidas organizaciones golpistas y filoterroristas (ANC, Òmnium Cultural); y esa gran fábrica de adoctrinamiento infantil y juvenil que es la escuela catalana, de donde cada curso van saliendo nuevas promociones con el cerebro convenientemente programado (Corona Catalano-aragonesa, 1714, “El castellano es una lengua impuesta”, etc.) y un odio atroz contra sus compatriotas inoculado en el alma. El PP está deseando pactar con el nacionalismo. El PSOE y Podemos no, porque ya lo han hecho. Nuestros peores enemigos están en Madrid, no en Barcelona.

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